Vida de cada día
La expatriación suele asociarse con la apertura, el encuentro, el descubrimiento. Sin embargo, paradójicamente, también puede ser una experiencia de gran soledad. Incluso rodeado, el expatriado puede sentirse aislado, desfasado, invisible. Este sentimiento no es una debilidad: es el reflejo de una necesidad humana fundamental, la de sentirse conectado. En un contexto profesional, esta soledad puede tener efectos insidiosos sobre la salud mental. Prevenir el sufrimiento es, por tanto, también aprender a cultivar el vínculo, a crear espacios de pertenencia y a reconocer que el bienestar pasa por la calidad de las relaciones.