Ser expatriado en el año 2000. Ser expatriado hoy. En 26 años, la expatriación ha cambiado. El perfil de los expatriados de hoy ya no es el mismo que a principios de los años 2000. ¿Cómo se concebía la expatriación en el pasado? ¿Cómo se concibe hoy? ¿Los principales países de inmigración siguen siendo los mismos que hace 26 años? ¿Es más fácil expatriarse hoy en día? Analizamos la cuestión.
En los años 90, el expatriado era el ejecutivo dinámico (forzosamente hombre) trasladado al extranjero por su empresa. Disfrutaba, sin excepción, de un jugoso paquete de expatriación, con bonificaciones, ayudas para la mudanza y para la instalación de los hijos y del cónyuge, además de otras ventajas en especie. Esta imagen, ya de por sí un estereotipo, parece seguir flotando a veces en el imaginario colectivo. Se suele pensar que el expatriado es necesariamente una persona privilegiada y que procede necesariamente de las categorías socioprofesionales más altas. Pero ese perfil, ya poco frecuente en aquella época, prácticamente ha desaparecido del panorama de la expatriación.
En los años 2000, la expatriación se democratiza. El año 2000 coincide con el auge de Internet, que trae consigo nuevas formas de informarse y de consumir. La innovación tecnológica acerca a los países. Las medidas adoptadas por los Estados en materia de inmigración facilitan la circulación de estudiantes y trabajadores. Porque, en el fondo, entre el expatriado y el inmigrante no hay diferencia alguna. Así lo constatamos a medida que los intercambios internacionales se multiplican. El "expatriado" tipo rejuvenece y se feminiza. Ya no lo traslada su empresa, sino que parte por iniciativa propia, impulsado por sus sueños, por la crisis económica, por las ganas de un nuevo reto… Estos nuevos expatriados de la década 2010-2017 ya no se identifican como una comunidad aparte, sino que simplemente aspiran a vivir entre los locales.
La tendencia se confirma tras la crisis sanitaria. Los jóvenes, sobre todo, cada vez dudan menos a la hora de irse al extranjero para hacer unas prácticas, estudiar o buscar trabajo. Los cambios en el mundo laboral también están contribuyendo a redefinir la expatriación: trabajo a distancia, workcation… Los Estados siguen estas tendencias y ofrecen nuevos visados, como el visado de nómada digital. Desde la reapertura de fronteras, el número de países que lo proponen no deja de crecer.
Estonia abrió el camino al lanzar su visado de nómada digital en 2020. Un número cada vez mayor de países le ha seguido: España, Grecia, Italia, Brasil, Costa Rica, Argentina, Tailandia, Japón, Corea del Sur, etc. Son otros tantos destinos nuevos para los jóvenes profesionales, que ya no se van al extranjero solo para ganar más dinero, sino sobre todo para darle sentido a su vida. Los Estados también salen ganando con esto. La llegada de nómadas digitales es una buena manera de reactivar el turismo, muy golpeado por la crisis sanitaria, y también de retener a los jóvenes profesionales.
Otra solución para retenerlos: programas especiales dirigidos a trabajadores cualificados. En un mundo marcado por la crisis demográfica y la escasez crónica de mano de obra, los jóvenes trabajadores extranjeros se perciben como una valiosa fuente de riqueza. Los extranjeros que trabajan en los sectores más demandados (sanidad, inteligencia artificial, tecnología punta, oficios con escasez de personal, etc.) pueden beneficiarse de condiciones de inmigración más favorables.
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Qué buscan los expatriados: ¿cómo ha cambiado la cosa entre ayer y hoy?
Partir "para ver qué tal", sin necesariamente decidir emigrar a largo plazo. A diferencia de las generaciones anteriores, los nuevos expatriados tienen menos ataduras. Forman una familia más tarde que antes y aprovechan su soltería para probar la vida en el extranjero. Antes, expatriarse significaba llevarse a toda la familia fuera del país. Ahora, los que se van en solitario son cada vez más frecuentes, aunque la expatriación en familia sigue existiendo.
La multiplicación de los programas de inmigración contribuye a este cambio: los visados de uno o dos años (como el visado de nómada digital, por ejemplo) son lo bastante flexibles como para permitir a los expatriados probar la vida en un país antes de decidir quedarse o marcharse a otro sitio. Esta "volatilidad" es una de las últimas tendencias de la expatriación. Y también responde a esa búsqueda de algo más: ya no se emigra únicamente por motivos profesionales (aunque la búsqueda de un buen trabajo en el extranjero siga siendo una de las principales causas de la expatriación). Se emigra para darle sentido a la vida, para disfrutar de un mejor equilibrio entre la vida profesional y la personal.
La última crisis económica, la de después de la Covid, también ha influido en esto. La paralización mundial de 2020 fue un auténtico shock para el planeta, y en particular para los jóvenes. La reapertura de fronteras sonó, para muchos de ellos, como una llamada a más libertad. La expatriación es una forma de vivir los sueños propios, de atreverse a emprender. Estas expatriaciones ya no se conciben en absoluto "para toda la vida", sino más bien como experiencias vitales.
Expatriación 2000-2026: unas cifras en constante aumento
Los datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y del Migration Policy Institute (MPI) son contundentes: hoy se emigra más que antes. Según la OIM, el número de personas que viven en un país distinto al de su nacimiento no deja de crecer. La organización contabilizó 281 millones de migrantes internacionales en 2020 (un 3,60 % de la población mundial), frente a los 174 millones de 2000 (un 2,83 % de la población mundial). Las cifras del MPI van en la misma dirección: en 2024, 304 millones de personas vivían en un país distinto al de su nacimiento.
Los principales destinos de expatriación: ¿qué ha cambiado?
Aunque el número de expatriados no deja de aumentar, los destinos populares de la expatriación siguen siendo prácticamente los mismos. Los países más ricos continúan atrayendo tanto como siempre. Tanto en 2000 como en 2026, Norteamérica, Europa y Oceanía siguen siendo los destinos preferidos de quienes quieren emigrar. Los mismos países destacan una y otra vez: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Australia. Y si los países ricos atraen tanto no es solo por las oportunidades laborales que ofrecen, sino también por su entorno: transportes, servicios, colegios, etc.
Los nuevos países de la expatriación
Sin embargo, se observa un desplazamiento hacia países antes considerados menos atractivos, por ejemplo, por la barrera del idioma. El endurecimiento de las políticas migratorias de los principales destinos de expatriación (Canadá, Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Francia…) ha hecho emerger otros destinos. En Europa, estudiantes y trabajadores extranjeros se decantan cada vez más por Polonia o la República Checa. En Asia, el boom económico de China se tradujo en una amplia política a favor de los estudiantes internacionales (aunque, eso sí, esa dinámica se rompió por la crisis sanitaria de 2020). Japón y Corea del Sur han invertido en su soft power para atraer a jóvenes profesionales y estudiantes, y con éxito. Ambos países están aprovechando el auge de las nuevas formas de expatriación (nómadas digitales…) para atraer a más talento. Los nuevos países de la expatriación también apuestan por sus puntos fuertes: paisajes excepcionales, buena gastronomía, barrios tranquilos, etc. Todo ello, con un coste de vida más bajo que en otros lugares. Y es justo lo que buscan los expatriados: calma, tranquilidad y descubrimientos culturales.
La evolución de la expatriación en África
África también se está haciendo un hueco importante. Por un lado, los jubilados extranjeros (sobre todo estadounidenses y europeos) aprovechan los sistemas fiscales ventajosos que ofrecen Marruecos o Senegal, países que ya se han consolidado como destinos preferidos para pasar la jubilación.
Por otro lado, los países africanos están fomentando progresivamente la libre circulación de los africanos por el continente. El pasado mes de mayo, Togo se sumó a la corta lista de Estados que eximen de visado a los ciudadanos africanos (junto con Benín, Seychelles, Ruanda y Kenia). Ghana ha eliminado el coste de los visados para africanos. Congo y Chad suprimirán los visados para africanos el 1 de enero de 2027. Esta política de libre circulación de personas busca facilitar tanto las expatriaciones como los intercambios comerciales entre ciudadanos africanos. Aun así, el reto sigue siendo enorme para los países africanos, que ahora deben armonizar sus legislaciones y simplificar los trámites de entrada en su territorio.
Los trámites administrativos ocupan un lugar central cuando se habla de "democratización de la expatriación". Y es que, entre los años 2000 y hoy, los distintos Estados se han ido lanzando, uno tras otro, a grandes planes de simplificación de gestiones. La idea suele ser siempre la misma: menos papeleo, menos burocracia.
El auge de Internet, por supuesto, ha facilitado la puesta en marcha de estas iniciativas. Cada vez hay más información disponible en línea. Los trámites también se pueden rellenar y enviar por internet. Un número creciente de países se ha lanzado al e-visado: Tailandia, Canadá, Corea del Sur, Estados Unidos, Australia, India, Costa de Marfil, Filipinas, Kenia, etc.
El inglés sigue siendo el idioma de referencia de la expatriación
En medio de todo este proceso de simplificación, hay algo que no cambia: el uso del inglés como idioma de referencia. En los años 2000, el inglés ya era el primer idioma comercial del mundo. La apertura a la expatriación de países que antes quedaban a la sombra de los grandes destinos de inmigración ha ido de la mano de un uso cada vez mayor del inglés: documentos en inglés en las páginas web de las embajadas, webs de ministerios en inglés…
Este esfuerzo también se nota sobre el terreno. Las capitales y las grandes ciudades se están adaptando al inglés. En Tokio, por ejemplo, cada vez hay más ayuntamientos con personal que habla inglés. Este esfuerzo también se aprecia en la banca (el Shinsei Bank, por ejemplo). Incluso ciudades más pequeñas, pero que ahora reciben a más extranjeros que antes, han empezado a ofrecer servicios administrativos en los idiomas que hablan los expatriados (mandarín, filipino, inglés…).
No obstante, este avance hacia el inglés no siempre transcurre sin roces. En Francia, el lanzamiento del nuevo documento de identidad bilingüe (francés/inglés) en 2021 generó cierta polémica. ¿Se trataba de una obligación europea o no? Sus detractores hablaron de escándalo, de "pérdida de la identidad francesa". Un escándalo aún mayor, según ellos, teniendo en cuenta que el idioma añadido, el inglés, es el de un país que ya no forma parte de la Unión Europea (UE). La UE zanjó el debate al afirmar que los Estados miembros no estaban obligados a traducir la totalidad de su documento de identidad. La obligación se limitaba únicamente al título "documento de identidad". Es más, tampoco era obligatorio traducirlo al inglés…, sino elegir "otro idioma oficial de las instituciones de la Unión".
Una mejor acogida para los extranjeros
Por supuesto, el inglés no lo es todo. Se anima encarecidamente a los expatriados a aprender el idioma del país de acogida. Las recientes reformas migratorias que proponen flexibilizar el nivel de idioma exigido (la reforma alemana, la propuesta surcoreana) han generado cierta inquietud. Y es que, para sus detractores, bajar el nivel de idioma exigido deja a los expatriados en una posición más vulnerable. Estos abogan más bien por reforzar las políticas de acogida de extranjeros. En Canadá, por ejemplo, se ha expresado preocupación por el día a día de los recién llegados. Una preocupación que comparten otros grandes destinos de inmigración, así como los que empiezan a despuntar. Para facilitar la integración, los Estados ofrecen clases de idiomas, apoyo en la búsqueda de empleo y ayuda para rellenar los trámites administrativos…
El futuro de la expatriación
¿Es hoy más fácil o más difícil expatriarse? En poco más de 20 años, la simplificación de los trámites migratorios ha facilitado las solicitudes. También resulta más sencillo informarse sobre el país de acogida. Existen numerosas redes de expatriados y otras asociaciones que ponen en contacto a los candidatos a la expatriación, a los extranjeros que ya residen en el país de acogida e incluso a los propios locales. Aun así, estas simplificaciones se dan en un contexto de endurecimiento generalizado de las políticas migratorias. En Estados Unidos, el regreso de Trump al poder se traduce en un claro endurecimiento de la política migratoria, que, según los economistas, tendrá consecuencias tanto para la economía estadounidense como para los flujos migratorios mundiales. Otros Estados quieren aprovechar este endurecimiento de la política estadounidense. Así, ante las restricciones impuestas a los investigadores, la UE se presenta como una tierra de acogida. España y China abren sus puertas a los estudiantes extranjeros rechazados por Estados Unidos. Japón, Alemania y Corea del Sur quieren convertirse en nuevos destinos estrella para los estudiantes extranjeros. Arabia Saudí intensifica su competencia con los Emiratos Árabes Unidos para atraer cada vez a más talento extranjero.
En medio de todas estas consideraciones geopolíticas, puede que los expatriados del futuro sean aún más conscientes de su impacto ecológico. Los recientes fenómenos climáticos extremos (incendios, terremotos, inundaciones) nos lo recuerdan constantemente: es imposible pasar por alto el cambio climático. Cada vez son más los expatriados que dicen ser conscientes de su huella ecológica y de su capacidad para actuar, a su nivel, en favor de la conservación del planeta.
La búsqueda de sentido seguirá también motivando las expatriaciones. Darle sentido al trabajo, al viaje y a la propia presencia en un país extranjero: esto es lo que mueve cada vez a más expatriados, para quienes viajar es, ante todo, un encuentro humano, con uno mismo y con los demás.
Asaël Häzaq, editor web especializado en noticias políticas y socioeconómicas, observa y descifra las tendencias de la economía internacional. Con su experiencia como expatriada en Japón, ofrece consejos y análisis sobre la vida del expatriado: elección de visa, estudios, búsqueda de empleo, vida laboral, aprendizaje del idioma, descubrimiento del país. Titular de un Máster II en Derecho - Ciencia Política, también ha experimentado la vida como nómada digital.