Son historias dignas de una película. Un cuento de éxito cuando todo va bien, un drama cuando la realidad alcanza al expatriado. ¿De verdad se puede dejarlo todo para mejorar la situación financiera? ¿Hay que ver estas expatriaciones como huidas hacia adelante o como soluciones radicales para mejorar el nivel de vida?
Dejar tu país para ganar más: el reto secreto del expatriado
Dejarlo todo para empezar de cero en otro país. Muchos lo sueñan. Las historias de éxito de expatriados que han llegado a triplicar su sueldo galvanizan y animan a quienes aspiran a dar ese paso. Claro que no todos persiguen hacerse millonarios. Muchos simplemente esperan mejorar su situación económica.
Ahora bien, ¿es prudente abandonar el país cuando uno atraviesa un bache financiero? Entre los consejos que suelen darse a los futuros expatriados, se repite a menudo que lo ideal es irse con ahorros, para tener con qué vivir los primeros meses en el extranjero. Marcharse con poco dinero ahorrado es posible, sobre todo si uno tiene espíritu aventurero, pero hay que estar dispuesto a reajustar el proyecto rápidamente si las cosas se complican.
Lo que se menciona menos es que ese sueño de mejorar la situación económica en el extranjero puede hacer perder de vista algo fundamental: el estado de ánimo con el que uno se va. Entender desde qué lugar emocional se toma la decisión de expatriarse es clave para no marcharse por las razones equivocadas. Tener como único motor el deseo de ganar más puede llevar a tomar decisiones arriesgadas. Además, el expatriado se encuentra a menudo en una posición vulnerable: su situación financiera es precaria durante los primeros tiempos, y necesita encontrar una solución cuanto antes para sacar adelante su proyecto. El problema es que mejorar las finanzas raramente ocurre de la noche a la mañana. La urgencia económica del recién llegado no casa bien con la ambición de ganar más.
Las historias de expatriados que han hecho fortuna en el extranjero suelen omitir un detalle importante: el coste de vida en el país de destino. Los paquetes de expatriación cargados de beneficios llevan mucho tiempo reservados a los puestos más altos. La mayoría de los trabajadores con contrato de expatriación disfrutan de pocas ventajas. Y cuando las tienen, suelen ser limitadas y apenas sirven para compensar el coste que implica vivir fuera. Por ejemplo, el sueldo puede ser algo más elevado para hacer frente al mayor coste de vida en la ciudad de destino, pero al final el expatriado no sale ganando.
Hay que tener en cuenta también la fiscalidad y el peso de todos los gastos cotidianos: alquiler, energía, escolarización de los hijos, sanidad, etc. Estados Unidos, Suiza y Noruega se encuentran entre los países con los gastos sanitarios más elevados. En cuanto a la vivienda, la crisis global del sector está disparando los alquileres, especialmente en los destinos favoritos de los expatriados (Canadá, España, Portugal, Australia...). En España, la situación ha llegado a tal extremo que el alquiler puede representar hasta el 50 % del salario. La inflación y el contexto geopolítico también afectan a las finanzas del expatriado. La guerra en Oriente Medio y la crisis del estrecho de Ormuz han provocado una escalada en los precios del combustible, y no solo en ese ámbito: los precios de los bienes de consumo también han subido.
Quienes sueñan con enriquecerse en el extranjero deben ser conscientes del coste real que supone expatriarse. Conseguir un sueldo mejor es posible, pero sin perder de vista el coste de vida en el país de destino ni las posibles "turbulencias" que pueden surgir: cambios políticos, modificaciones en las leyes de inmigración, inestabilidad geopolítica, etc.
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¿Se puede salir del país con deudas?
La historia daría para una película de suspense si fuera pura ficción. Pero cuando la ficción se convierte en realidad, es todo el sistema de un Estado el que puede quedar en entredicho. ¿Quién no ha pensado alguna vez en huir del país para escapar de sus deudas? En Estados Unidos, esta salida extrema se ha convertido en el único recurso de algunos ciudadanos aplastados por su deuda estudiantil. Tienen treinta o cuarenta años y arrastran esa deuda como una losa. Las cifras superan a menudo las decenas de miles de euros. Para intentar mejorar su situación financiera, se han atrevido con el "reinicio": expatriarse y empezar de nuevo en otra ciudad, en otro lugar.
Pero ¿se puede realmente salir del país con deudas? En principio, no. Sin embargo, no siempre existe una legislación que prohíba expresamente abandonar el territorio por motivo de deuda. Es el caso del Reino Unido, por ejemplo.
La justicia puede incluso considerar desproporcionada una sanción que impida salir del país mientras la deuda no esté saldada. Un caso práctico llegó ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), que se pronunció el 11 de mayo de 2021. En ese asunto, al demandante se le había prohibido abandonar el territorio durante "al menos 4 años" a causa de una deuda impagada. El TEDH consideró que la sanción vulneraba el derecho a la libertad de circulación, y recordó que "una medida que restrinja la libertad de circulación de una persona, aunque esté justificada en un principio, puede volverse desproporcionada si se prolonga automáticamente durante un largo período".
¿Mejora realmente la situación financiera con la expatriación?
O dicho de otro modo: ¿desaparecen las deudas automáticamente al cruzar la frontera? La respuesta, evidentemente, es no. Las deudas no se esfuman al salir del país. Es más: el regreso podría complicarse precisamente por culpa de esa deuda sin saldar. En Estados Unidos, las deudas estudiantiles contraídas siguen vigentes y los intereses continúan acumulándose aunque la persona se haya ido al extranjero, porque la obligación de pago no depende del lugar de residencia. Un cambio de domicilio no borra la deuda.
Una deuda que pesa no solo en el bolsillo, sino también en la cabeza. Aunque algunos cuestionan esta solución de marcharse del país para escapar de las deudas, ciertos analistas ven estas salidas radicales como un síntoma del fracaso del Estado.
La expatriación como camino hacia la riqueza: ¿sueño o realidad?
Se parta con ahorros o sin ellos, la expatriación no es la llave de la riqueza, ni siquiera de una mejora garantizada de las finanzas. La imagen del expatriado adinerado que negocia su sueldo siempre al alza ofrece una visión distorsionada de lo que es realmente vivir fuera. En la práctica, muy pocos trabajadores extranjeros logran negociar un salario acompañado de una larga lista de beneficios. Un gran número de expatriados cobra sueldos similares a los de los trabajadores locales, con diferencias que existen, por supuesto, según el sector y el puesto, pero creer que se va a ganar más simplemente por tener estatus de residente extranjero es un error.
¿Cómo mejorar la situación financiera en el extranjero?
Dicho esto, sí es posible mejorar el nivel de vida gracias a la expatriación. Algunos trabajadores han encontrado un buen empleo en el extranjero y han calculado cuántos años necesitarían vivir fuera para ahorrar lo suficiente y alcanzar su objetivo: volver a su país y comprar una casa, montar un negocio fuera o en casa, retomar o iniciar estudios, etc.
Para tener alguna posibilidad de convertir el sueño en realidad, conviene replantear el proyecto de expatriación y no poner la búsqueda de dinero como único fin del viaje. La nueva vida en el extranjero se disfruta mucho más cuando uno se propone descubrir la ciudad de destino y se marca objetivos más allá de lo económico: es una buena forma de mantener la motivación. Elegir ciudades con un coste de vida inferior al de la ciudad de origen permite aumentar el poder adquisitivo de forma casi automática, aunque hay que estar atentos a los gastos ocultos que conlleva la expatriación y a los efectos de la inflación. Elaborar un presupuesto riguroso ayudará a anticipar mejor los gastos futuros. Y, sobre todo, hay que darse tiempo. En el camino hacia unos ingresos más altos, la paciencia y la perseverancia serán las mejores aliadas del expatriado.
Asaël Häzaq, editor web especializado en noticias políticas y socioeconómicas, observa y descifra las tendencias de la economía internacional. Con su experiencia como expatriada en Japón, ofrece consejos y análisis sobre la vida del expatriado: elección de visa, estudios, búsqueda de empleo, vida laboral, aprendizaje del idioma, descubrimiento del país. Titular de un Máster II en Derecho - Ciencia Política, también ha experimentado la vida como nómada digital.