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¿Qué es más difícil: mudarte a otro país o a otro continente?

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mujer en vuelo© GaudiLab

La mayor diferencia entre mudarse de país y mudarse de continente es la distancia. Obvio, pensarás. Pero no se trata solo de la distancia física en sí. También importa cómo se siente esa distancia. Mudarse de España a Alemania supone un gran cambio de vida. Pero no tanto como mudarse de Alemania a Brasil. Ahora estás a un vuelo transatlántico de todo lo que conocías como hogar. Y aunque la cultura puede no ser tan distinta, lo más probable es que todo lo demás sí lo sea.

Para empezar, te encuentras en un huso horario distinto. Y esto significa que no puedes llamar a tus amigos y familiares cuando te apetece, sin más. Tienes que planificarlo. Esto hace que la comunicación pierda mucha espontaneidad e inmediatez. Como cuenta una expatriada: "Ahora miro la hora antes de compartir cualquier cosa, pero eso le quita gran parte de la magia. Para cuando reciben mi mensaje y por fin podemos hablar, yo ya estoy de vuelta en el trabajo y el momento se ha esfumado".

En segundo lugar, te encuentras en un clima diferente. Y no hablo del tiempo, sino del clima en sí. Puede suponer un gran ajuste físico, y nunca sabes cómo va a reaccionar tu cuerpo. También puede afectar a la manera en que cuidas de ti. Quizás tengas que cambiar tus entrenamientos y también tu rutina de cuidado de la piel. Y tu alimentación probablemente también será distinta, porque no tendrás acceso a los mismos productos.

Y a partir de aquí, las cosas se van complicando.

Los puntos de referencia desaparecen

Cuando te mudas de un país a otro, sobre todo dentro de la misma región, las cosas pueden sentirse y ser diferentes, claro, pero lo más probable es que compartan una base común. Y las diferencias que empiezas a notar al principio son seguramente las más sutiles: quizás la gente viste de manera un poco distinta, quizás sus conversaciones son más ruidosas y tienen un ritmo más rápido, quizás se acuestan más tarde. Pero una capa por debajo de estas distinciones superficiales, sigue existiendo una familiaridad silenciosa. Hay partes de historia compartida y de cultura popular; quizás hayáis leído los mismos libros. Dejando de lado la barrera del idioma, probablemente podrías desenvolverte sin problemas en cualquier conversación y aportar incluso un ángulo interesante al debate.

Ahora bien, cuando cambias de continente, la cosa cambia. Hay muchas más probabilidades de que no tengas nada familiar a lo que aferrarte. Y las diferencias que percibes al principio son ya considerables: puede que tengas un aspecto distinto al de los demás y llames la atención al instante, y que las normas sociales sobre lo que está bien y lo que no sean completamente diferentes. Y las conversaciones… quizás sean lo más difícil, porque además de la barrera del idioma, ya no tendrás ningún contexto común. Para muchos expatriados, perder la capacidad de soltar un chiste que haga gracia es una de las realidades más tristes de su nueva vida.

Pero todo esto es bastante abstracto. Pueden ser abstracciones con un gran impacto y muy incómodas, pero luego está el día a día.

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El dinero se mueve de otra forma

Gestionar tus finanzas en el extranjero puede resultar complicado. Pero cuando te mudas dentro de la misma región, la cosa suele ser un poco más sencilla. Puede que tengas acceso a los mismos bancos, y que su forma de funcionar también te resulte familiar, igual que los requisitos para abrir una cuenta. Transferir dinero desde tu país a tu nuevo destino también puede ser relativamente fácil. Por ejemplo, si te mudas dentro de la UE, la mayoría de los bancos europeos te permiten transferir dinero sin comisiones. 

Cuando cambias de continente, hay que estar preparado para ajustes importantes. 

Para empezar, puede que no encuentres ningún nombre familiar entre los bancos tradicionales.

Y, además, la forma en que operan los bancos y lo que hace falta para abrir una cuenta pueden ser muy distintas. También puedes descubrir que el dinero se maneja de un modo completamente diferente en tu nuevo destino. 

Por ejemplo, si te mudas de Europa, donde el efectivo todavía es relativamente popular, a Asia, concretamente a China, te darás cuenta de que aquí los pagos en efectivo son casi inexistentes y de que, para moverte, necesitas sí o sí una de las aplicaciones de pago populares y una cuenta local. En cambio, si te trasladas de China a, pongamos, el norte de África, tu choque cultural financiero será el contrario: aquí mucha gente no tiene cuenta bancaria ni utiliza tarjetas. Los pagos en efectivo son los preferidos casi en todas partes. Si te mudas a Latinoamérica, por ejemplo a Argentina, te encontrarás con fluctuaciones del tipo de cambio y con cargos no del todo claros al usar una tarjeta extranjera. O imagínate que te vas a Brasil. Allí, muchos expatriados cuentan que sus bancos de origen les bloquean las tarjetas por movimientos sospechosos cuando, en realidad, solo estaban intentando pedir un Uber.

En resumen, cambiar de continente conlleva más ajustes financieros y exige bastante investigación previa.

El papeleo cuesta más esfuerzo 

El papeleo y la burocracia en general son una de las partes más agotadoras, pero también más rutinarias, de la vida del expatriado. Sin embargo, cuando te mudas entre países cercanos, la parte administrativa suele ser más llevadera. Los acuerdos entre países de la misma región suelen estar claros. Si te trasladas a un destino lo bastante cercano, puede que ni siquiera necesites visado. Y si lo necesitas, quizás no se trate tanto de demostrar tu derecho a estar allí como de registrar tu presencia.

La propia burocracia, aunque molesta, también puede resultarte familiar. Tendrás que rellenar formularios en otro idioma, pero seguramente has rellenado otros muy parecidos en tu país. La forma en que funcionan las cosas tiene sentido para ti. Y aunque a nadie le entusiasma el papeleo, puede parecer menos intrusivo y nada intimidante.

Además, muchos documentos se pueden transferir fácilmente: diplomas, carnés de conducir o extractos bancarios quizás solo requieran una traducción rápida para tener validez en tu nuevo destino.

Lidiar con el papeleo entre continentes, en cambio, es otra historia. La cosa puede empezar fuerte si necesitas solicitar un visado y acompañarte también en tus actividades del día a día. Puede que acabes reuniendo documentos que jamás pensaste que necesitarías. Pocas veces pensamos en el papeleo como un choque cultural, pero a veces lo es.

Por ejemplo, cuando solicité mi visado de trabajo chino allá por 2009, tuve que pasar un chequeo médico completo, porque a las personas con ciertas condiciones de salud no se les concede la residencia en el país.

Conseguir que tus documentos tengan validez puede ser otro quebradero de cabeza. Más allá de la traducción estándar, puede que tengas que notarizarlos o incluso homologarlos a nivel local. Los diplomas son los primeros papeles que se vienen a la mente y que quizás no se reconozcan de inmediato. En algunos casos, incluso puede que tengas que completar horas lectivas adicionales o volver a examinarte si los planes de estudios de tu país y los del nuevo destino son sustancialmente distintos. 

El enfoque sobre la salud no es el mismo

Al mudarse de país, un expatriado suele partir de una premisa silenciosa: "Ya me las arreglaré cuando llegue". En muchos casos, esto resulta ser cierto.

Cuando te trasladas dentro de la misma región, la sanidad no suele ser algo que tengas que reaprender por completo. Aunque pueda haber diferencias notables, la estructura general probablemente te resulte lógica: sanidad pública frente a privada, seguros, derivaciones a especialistas, etc. Las farmacias seguramente tengan productos similares y los médicos sigan protocolos de tratamiento parecidos.

Si te mudas dentro de la UE, incluso puedes beneficiarte de acuerdos compartidos como la Tarjeta Sanitaria Europea, que te da acceso a atención médica durante estancias temporales. Pero cuando te mudas a otro continente, también estás (lo más probable) entrando en un sistema completamente nuevo donde la propia idea de sanidad puede ser distinta. 

Primero, el acceso. En algunos países puede que necesites un seguro privado antes de poder ver a un médico. En otros, la atención sanitaria puede ser asequible, pero la disponibilidad y la calidad de los servicios puede variar mucho según la zona del país.

Por ejemplo, en Estados Unidos, el coste de incluso un tratamiento básico sin un seguro adecuado puede ser inesperadamente alto. Los expatriados europeos suelen mencionar esto como el mayor choque cultural al mudarse a Estados Unidos.

En China, el enfoque sanitario puede diferir bastante del que están acostumbrados los expatriados occidentales. Muchos hospitales allí siguen un enfoque holístico, buscando las causas subyacentes de los problemas en lugar de tratar los síntomas de inmediato. En la práctica, esto significa que quizás no te receten antibióticos al instante, aunque tu médico de casa sí lo haría. El tratamiento para un resfriado suele limitarse a un suero o a medicina herbal. Los medicamentos de producción local también tienden a ser menos potentes, y a menudo una receta te llevará a tomar hasta siete pastillas a la vez, hasta cinco veces al día. 

Aquí hay también un cambio más profundo relacionado con la confianza. Cuando te ves rodeado de tanta incertidumbre, es normal que no termines de fiarte de un sistema que no acabas de entender. 

La concepción de la seguridad

Una cosa que comparte la gente de países o regiones cercanas son las claves sociales. Y esto es especialmente importante cuando se trata de la seguridad, o de cómo detectamos que algo no es seguro. Cuando te mudas dentro del mismo continente, probablemente podrás reconocer el peligro más o menos igual que en tu país. Si algo no es seguro, lo más probable es que lo notes antes de que se convierta en un problema. Pero cambiar de continente a menudo implica perder esta percepción. Puede que simplemente no sepas que una situación, un lugar o una persona no son seguros hasta que la evidencia te golpea. Te pongo algunos ejemplos.

Durante mi traslado temporal de China a España, la verdad es que no sabía que había zonas en la mayoría de las grandes ciudades con cierta mala fama. Las ciudades chinas no tienen eso. En cuanto a seguridad, la mayoría de las grandes urbes chinas son bastante homogéneas. Pero las grandes ciudades españolas son distintas. Y la mayoría de los locales notarían el cambio de "vibra" en cuanto se metieran en un barrio conflictivo. A no ser que seas un expatriado venido de muy lejos que ignora ese concepto de barrio conflictivo.

Otro ejemplo podría ser la diferencia en seguridad ciudadana. En 2022, una buena cantidad de expatriados de Europa del Este se trasladaron a Argentina buscando un entorno de vida más estable y pacífico. Y aunque muchos reportaron una experiencia globalmente positiva, también había preocupaciones frecuentes sobre la seguridad en la calle. A muchos recién llegados les costaba acostumbrarse a la idea de prestar más atención a su entorno inmediato (por miedo a los motochorros que arrebatan bolsos). También les resultaba difícil aprender a vestir con discreción en la calle y a no ir con el smartphone tranquilamente en la mano, algo que a muchos argentinos les sale de manera natural.  

La vida laboral también se siente distinta

Muchos nos mudamos por motivos laborales. Pero el aspecto que tiene nuestro trabajo también puede cambiar fuera, sobre todo si nos vamos lo bastante lejos. 

Cuando te mudas dentro de la misma región, tu carrera puede seguir un camino parecido. Tus titulaciones se reconocen, tu experiencia tiene sentido en un contexto profesional y la cultura laboral también te resulta familiar. Además, entiendes las reglas no escritas: lo que significa ser profesional y respetuoso, cómo se tratan los plazos y cómo se toman las decisiones. 

Cambiar de continente, en cambio, suele colocarte en un entorno profesional totalmente distinto. Puede que tengas que demostrar tu valía desde cero, porque tus experiencias y logros anteriores quizás no se traduzcan de la misma manera en el nuevo destino.

Las expectativas en el trabajo también pueden ser diferentes. La jerarquía, los estilos de comunicación, la conciliación entre vida personal y profesional, e incluso la forma de organizar la jornada laboral pueden ser sustancialmente distintos. Por ejemplo, los expatriados europeos o estadounidenses que se mudan a Japón suelen notar una jerarquía mucho más estricta en el trabajo y una comunicación de arriba a abajo con la dirección. La importancia de "no perder la cara" muchas veces va por delante de la creatividad, y el margen para el error es muy limitado. 

En China, muchos expatriados encuentran que la pausa para comer de dos horas, que incluye 30 minutos de siesta, es un ajuste bastante inusual. 

Y los expatriados europeos que se han trasladado a Estados Unidos por trabajo se quejan a menudo de la ausencia de una conciliación real entre vida personal y profesional.  

Todo se reduce al día a día

Las pequeñas rutinas diarias que se repiten son, normalmente, las que nos hacen sentir en casa o no. Reubicar tu rutina rara vez es fácil, pero hacerlo dentro del mismo huso horario lo es mucho más. 

El entorno a tu alrededor puede no ser el mismo, pero quizás puedas mantener el ritmo de tu día típico. La compra del supermercado, los desplazamientos, la hora de la cena, la cultura del gimnasio… puede que tus hábitos no necesiten cambiar tanto. 

Pero cuando te mudas a otro continente, hay muchas más probabilidades de que no puedas llevarte tu rutina contigo. 

Allí, incluso las tareas más simples a las que nunca dedicaste un segundo pensamiento empiezan a requerirlo. ¿Qué desayunas? ¿Por qué sabe distinto el café? ¿Por qué son tan caras las cuotas del gimnasio? Y el transporte público: ¿por qué pasan los autobuses de largo sin parar? Lo que era tu rutina habitual ahora se disuelve en preguntas y dudas. 

Hay muchísimos ejemplos de esto, pero para muchos expatriados, la comida se convierte en el primer ajuste más memorable. "Yo simplemente no podía encontrar una pizza normal en Brasil. Soy de Nueva York, y tomarse una porción después del trabajo es casi una institución cultural allí. En Brasil hay un montón de pizza, pero no tiene nada que ver. Lleva brócoli, maíz, y la masa a veces es muy gruesa; puedes encontrar cosas en una pizza que ni siquiera sabes pronunciar. No tenía ni idea de lo mucho que la pizza significaba en mi vida hasta que me mudé", cuenta Louis, un expatriado estadounidense en Brasil.

Probablemente, la mayor diferencia entre mudarse de país y mudarse de continente sea lo que le ocurre a tu mentalidad. Cuando te mudas de país, tu mente suele entrar en modo adaptación. Es una serie de cambios pequeños y manejables que van remodelando tu vida poco a poco.

Cuando cambias de continente, atraviesas una transformación. Suele ser más drástica e inmediata. Te pide soltar lo que conoces y aceptar algo nuevo. Es una transformación muy difícil, pero también es la que más oportunidades trae consigo. 

Es una ocasión poco frecuente para reinventarte por completo y ver la vida desde una perspectiva totalmente nueva. 

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Natallia Slimani-Mercier
Sobre el autor

Natallia tiene una licenciatura (con honores) en Lengua Inglesa e Interpretación Simultánea y trabajó como escritora y editora para varias publicaciones y canales de medios en China durante diez años.

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