¿De dónde eres? ¿Cuánto hace que vives en tu nuevo país?
Soy española, aunque llevo ya tres años trabajando en el extranjero y paso poco tiempo allí. En el Congo llevo desde principios de enero.

Una española en el corazón de África, Namoré, expatriada por trabajo, nos cuenta alguno de los entresijos de la vida en Brazzaville, la capital del Congo y una de las ciudades más prósperas del continente.
Soy española, aunque llevo ya tres años trabajando en el extranjero y paso poco tiempo allí. En el Congo llevo desde principios de enero.
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Voy allá donde me ofrecen unas condiciones económicas aceptables, en España no hay ni trabajo...
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Es obligatorio vacunarse de la fiebre amarilla para poder entrar en el país, pero ya de paso me recomendaron que también me tomara la de la fiebre tifoidea, me pincharon el recuerdo del tétanos y la hepatitis A, sólo me libré de la Hepatitis B porque ya la tenía, una vez en el Congo debes mostrar la cartilla de vacunación. También es necesario un visado de trabajo para poder entrar en el país, en mi caso por falta de tiempo ya que el proceso es largo si se tramita desde España, lo que hicieron fue prepararme una carta invitación que en apenas dos semanas en Brazzaville, se convirtió en permiso de trabajo por un año. En el Congo son muy importantes los contactos (por decirlo de una manera cortés), es la única manera de avanzar y lograr objetivos.
Bastante penosa, aunque ya tenía casa, que no tuve que buscarla, pero el calor, los cortes de luz, el ruido del generador por la noche, el sonido de la fauna nocturna..., el catarro que me traje y se agrandó, los mosquitos, en fin, que tuve un par de semanas bastante malas.
En realidad aún no he probado nada de la gastronomía local, preparamos platos españoles y a los lugareños les encanta nuestra cocina. El domingo nunca falta un buen arroz en la mesa, que por supuesto viene de España, porque el de aquí no es igual. El clima me parece odioso, pero te acabas habituando a llevar la camisa completamente empapada en sudor y en cuanto a los mosquitos, mejor es ir bien tapada y evitarlos en las horas que salen a cazar. La malaria es aquí casi como una gripe en España, tan habitual que nadie se extraña cuando la tiene. Los congoleños llevan una cartilla en exclusiva para dicha enfermedad, donde les van anotando las veces que la contraen y su tratamiento, que consiste en tomarse unas pastillas durante cuatro días.
La tranquilidad y seguridad que se respira en las calles, se puede pasear sin problemas, al menos por el Centro y alrededores que es donde resido. Si no fuera por los grandes hoyos y falta de iluminación de las aceras, saldría a correr por las noches.
Fue en España, en una de tantas empresas que la crisis obligó a relocalizar para poder sobrevivir.
La empresa ya lleva dos años instalada y tenía el alojamiento contratado. Pero desde luego no es fácil, el alquiler de algo medio habitable es altísimo si lo comparas con España. Por ejemplo, un apartamento de tres dormitorios y 2 baños, puede salir por 1.500 €/mes, sin muebles ni electrodomésticos. Es importante que la vivienda cuente con un generador de luz autónomo, ya que por las noches es habitual que la intensidad de la corriente sea tan baja que no pueda alimentar los aparatos eléctricos de la vivienda. Los reguladores de voltaje también lo son, pues las caídas de tensión pueden destruir los electrodomésticos en muy pocas semanas.
Es fácil hacer amigos y sobre todo para un español "amigas". Este punto es bastante delicado, pero ya lo he visto comentado por ahí en otros foros y doy fe de que es cierto. Las mujeres de Kinshasa ya no lo tienen tan fácil para entrar como hace unos años, cuando llenaban las discotecas y clubs nocturnos de Brazzaville. Pero esto es largo de explicar, mejor lo dejo para otro momento.
En este país está todo aún por hacer, se ha notado una ligera mejoría en el último año en cuanto a la pavimentación de algunas calles, servicios de limpieza y urbanismo en general, pero es un simple lavado de cara que se hizo a raíz de la celebración en la capital de los Juegos Africanos el año pasado y en zonas muy localizadas. El resto sigue siendo un país del tercer mundo con todos los problemas que ello conlleva, por lo que hay que tomar las precauciones habituales en estos casos: Evitar la comida que preparan en las calles Beber agua embotellada Evitar el hielo en las bebidas No prestar dinero o vender de fiado (salvo que no nos importe recuperarlo) Evitar barrios conflictivos
Lo mejor es que me esperaba algo peor y lo peor... es el clima, algo que no puedo cambiar, por desgracia. Un prejuicio que resultó totalmente equivocado. Pues imaginé que me encontraría con una sociedad machista, pero me da la sensación de que la mujer aquí tiene más fuerza que en algunos países del primer mundo, aunque aún no se haya incorporado por igual al mercado laboral. Lo he notado sobre todo en el trabajo, donde el hecho de ser la única mujer, no me ha ocasionado ningún problema de adaptación y si mucho respeto hacia mi persona. Hoy me ha sorprendido ver en las tiendas de telas de Poto - Poto, infinidad de estampados que representan el Día Internacional de la Mujer, que festejan el próximo 8 de marzo.
Pues todo en general, el clima, la comida, el paisaje, el ocio, la familia...
Trabajar seis días y descansar uno. Hay mucho que hacer en el trabajo y poco en el descanso, la capital tiene menos opciones de ocio que la costa.
El domingo por la mañana ir al mercado de Poto - Poto, tomarme algo o intentarlo al menos en el Mami Wata (pésimo servicio), pasear por el Centro, ver películas en la tele, cocinar...
Salir a los bares nocturnos a beber y hacer amigas.
Pues mucho ánimo, que imaginen lo peor para que luego la realidad no les desanime tanto, que vengan preparados para vivir en cualquier condición, mejor o peor, que no confíen en nadie, no importa su nacionalidad. Aquí tienen un dicho y es que el congoleño no dice la verdad, ni siquiera cuando va al médico por enfermedad. No es la primera vez que vives en el extranjero, explícanos un poco tu trayectoria. Comencé con un proyecto en Estados Unidos que me hizo pasar allí un año, y estancias cortas en México, Perú y Chile, a éste último regresé de nuevo para trabajar durante seis meses y ahora estoy en el Congo.
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Volvemos a España cada tres meses para ver a la familia.




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