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Soledad de los expatriados: cómo el trabajo puede recrear vínculos

joven hombre en la oficina
AltrendoImages / Envato Elements
Escrito porVirginie Thionel 08 Enero 2026

La expatriación suele asociarse con la apertura, el encuentro, el descubrimiento. Sin embargo, paradójicamente, también puede ser una experiencia de gran soledad. Incluso rodeado, el expatriado puede sentirse aislado, desfasado, invisible. Este sentimiento no es una debilidad: es el reflejo de una necesidad humana fundamental, la de sentirse conectado. En un contexto profesional, esta soledad puede tener efectos insidiosos sobre la salud mental. Prevenir el sufrimiento es, por tanto, también aprender a cultivar el vínculo, a crear espacios de pertenencia y a reconocer que el bienestar pasa por la calidad de las relaciones. 

La soledad en la expatriación: una realidad silenciosa

La soledad no se mide por el número de personas que nos rodean, sino por la calidad del vínculo. Se puede estar rodeado de compañeros, participar en reuniones, intercambiar correos… y aun así sentirse profundamente solo. En la expatriación, varios factores pueden acentuar este sentimiento:

  • La barrera lingüística.
  • Las diferencias culturales en la comunicación.
  • La falta de familiaridad con los códigos sociales.
  • La ausencia de red personal.

Esta soledad suele ser silenciosa, porque es difícil de expresar. El expatriado puede tener la impresión de que «debería» ser feliz, de que «no tiene derecho» a quejarse. Esta exigencia de felicidad puede impedir la expresión de la vulnerabilidad y conducir a una forma de aislamiento.

Teoría del apego y necesidad de vínculo

Según John Bowlby, fundador de la teoría del apego, los seres humanos necesitan figuras de apego para sentirse seguros. Estas figuras pueden ser seres queridos, amigos o compañeros de trabajo comprensivos. En la expatriación, estos referentes suelen estar ausentes o distantes. Esto puede generar una inseguridad afectiva, especialmente en momentos de estrés profesional.

El vínculo social no es un lujo, es una necesidad fundamental. Permite regular las emociones, reforzar la autoestima y crear un sentimiento de pertenencia. En contexto profesional, favorece la colaboración, la creatividad y la motivación.

Práctica preventiva: crear «puntos de anclaje relacionales»

Para prevenir la soledad, es útil identificar y cultivar tres tipos de vínculos:

  • Vínculo de apoyo: una persona con quien puedes hablar libremente, sin filtros.
  • Vínculo de actividad: un grupo o una actividad compartida (deporte, voluntariado, club).
  • Vínculo de sentido: una persona o un espacio que te reconecta con tus valores.

Intenta cultivar al menos uno de estos vínculos cada semana. Esto permite reforzar el sentimiento de pertenencia y de seguridad interior.

El vínculo en el trabajo: entre rendimiento y humanidad

En algunos entornos profesionales, el vínculo queda relegado a un segundo plano. La eficacia, la rapidez, la productividad son valoradas, a veces en detrimento de la calidad relacional. Sin embargo, los estudios demuestran que los equipos cuyos miembros se sienten conectados son más eficientes, más resilientes y menos propensos al burnout.

Crear vínculo en el trabajo significa:

  • Tomarse el tiempo de saludar, de escuchar, de reconocer.
  • Atreverse a expresar las emociones, las dudas, las necesidades.
  • Valorar la diversidad de trayectorias y sensibilidades.

Este vínculo no se decreta; se construye en los pequeños gestos del día a día.

Práctica preventiva: el ritual de los «momentos verdaderos»

Cada semana, identifica un momento en el que hayas vivido una interacción auténtica. Puede ser:

  • Una conversación sincera con un compañero.
  • Un intercambio informal alrededor de un café.
  • Un mensaje amable recibido o enviado.

Anota ese momento en un cuaderno y lo que te aportó. Este ritual permite reforzar la conciencia del vínculo y cultivar la gratitud relacional.

Hacerse las preguntas adecuadas

Aquí tienes algunas pistas de reflexión para explorar tu relación con el vínculo:

  • ¿Puedo ser auténtico en mis relaciones aquí?
  • ¿Siento placer al intercambiar con mis compañeros?
  • ¿Me tomo el tiempo de crear vínculo, o estoy en modo «supervivencia»?
  • ¿Me siento apoyado/a en mi entorno profesional?

Estas preguntas no buscan culpabilizar, sino aclarar. Permiten identificar las zonas de soledad y abrir vías de acción.

El papel de la empresa: favorecer el vínculo

Las organizaciones tienen un papel clave que desempeñar en la prevención de la soledad. Pueden:

  • Fomentar los momentos informales (almuerzos, pausas, eventos).
  • Implementar grupos de palabra o de apoyo.
  • Valorar las competencias relacionales en las evaluaciones.
  • Formar a los gerentes en la escucha y la empatía.

Una empresa que cuida el vínculo favorece el bienestar, la fidelidad y el rendimiento sostenible.

Conclusión: el vínculo, un recurso valioso

La soledad en la expatriación no es una fatalidad. Puede ser prevenida, domada, transformada.

El vínculo social es un recurso valioso que merece ser cultivado con esmero. En un marco profesional, no se trata solo de trabajar juntos, sino de sentirse conectado, reconocido, apoyado.

¿Y si crear vínculo se convirtiera en una competencia tan estratégica como la gestión de proyectos?

Vida de cada día
Sobre

Psicóloga del trabajo especializada en la prevención de riesgos psicosociales y en el acompañamiento de las transiciones profesionales, llevo más de 15 años trabajando con personas que atraviesan situaciones de agotamiento, crisis de identidad o pérdida de sentido en el trabajo. También soy la fundadora de Burnout-Pro, una plataforma nacional dedicada a la prevención y al abordaje del síndrome de burnout. Esta red multidisciplinar ofrece recursos pedagógicos, herramientas de orientación, acompañamientos personalizados y soluciones concretas para particulares, profesionales y empresas. Mi compromiso: volver a situar al ser humano en el centro del trabajo, restaurar la energía vital y acompañar a cada persona hacia un equilibrio sostenible.

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