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¿Puede la formación continua impulsar tu carrera internacional?

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¿Puede la formación continua impulsar tu carrera internacional?© ORION_production / Envato Elements

¿Y si formarse a lo largo de toda la vida fuera la mejor inversión del expatriado con visión de futuro? Mientras las inteligencias artificiales avanzan a un ritmo vertiginoso en productividad y velocidad de aprendizaje, los profesionales se ven cada vez más presionados a… mantenerse activos. Pero en realidad, la idea no es nueva. Con o sin IA, formarse de manera continua es una de las mejores formas de triunfar en una carrera internacional.

¿Por qué volver a estudiar cuando ya se tiene trabajo?

«Ya hicimos el camino de ida. ¿Para qué hacer el de vuelta?» Eso es lo que puede rondar por la cabeza de muchos trabajadores para quienes «volver a estudiar» (seguir una formación, lidiar de nuevo con deberes y exámenes...) evoca un pasado lejano. Y es que la idea está profundamente arraigada en la sociedad: uno va al colegio de niño para aprender y desarrollar sus conocimientos. Sale titulado del sistema educativo y universitario (con suerte) para, por fin, incorporarse al mercado laboral. Se deja atrás el mundo de la educación para entrar en el mundo profesional, en el país de origen o en el extranjero. Y no hay vuelta atrás: nadie quiere volver a las aulas.

Según un estudio de Eurostat publicado el 16 de enero de 2026, cuanto más se asientan los trabajadores europeos en el mercado laboral, más se alejan del entorno educativo. Los jóvenes de entre 20 y 24 años son quienes en mayor medida combinan empleo y estudios, por delante de los de 15 a 19 años y los de 25 a 34 años. Esta distribución se corresponde, más o menos, con la de los ciclos formativos y universitarios de corta duración. Los estudiantes suelen trabajar con más frecuencia durante sus estudios, a menudo por necesidad, pero también por elección. Sin embargo, todos conocemos las consecuencias negativas que una sobrecarga de trabajo puede tener en el rendimiento académico. La obtención del título marca la salida del sistema educativo: llega el momento de buscar empleo e incorporarse al mercado de trabajo.

Una vez en activo, son muchos menos los trabajadores que se plantean seguir una formación. Su principal argumento: la actividad profesional ya es, en sí misma, una forma de aprendizaje. ¿Para qué añadir un «regreso a las aulas»? Es cierto que existe la formación en el puesto de trabajo, dentro de la propia empresa. Pero ¿es realmente un paso atrás retomar los estudios mientras se trabaja?

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La importancia de formarse a lo largo de toda la vida para construir una carrera internacional

Por supuesto, la importancia de la formación continua también se aplica a quienes no tienen ningún proyecto internacional. Es más: esta formación no solo resulta beneficiosa para la carrera profesional, sino también, de manera más amplia, para adaptarse mejor a un mundo en constante cambio... y para la salud. Son innumerables los estudios que demuestran los beneficios de mantener el cerebro activo.

Actualizar los conocimientos

Las profesiones evolucionan cada vez más rápido. El mecánico de hoy no tiene nada que ver con el de hace veinte años. Repletos de tecnología, los coches modernos se han convertido en auténticos ordenadores sobre ruedas. Para mantenerse al día, los mecánicos no tienen más remedio que formarse en las nuevas técnicas de reparación... sobre todo si tienen pensado expatriarse.

El ejemplo se multiplica hasta el infinito: nuevos métodos de construcción, nuevas normativas jurídicas, nuevas recomendaciones nutricionales... lo que se aconsejaba ayer ya no tiene cabida hoy. Cuesta imaginar a un docente, un médico, un electricista o un abogado siguiendo aplicando métodos obsoletos. También en estos casos, la formación continua es imprescindible.

Sin embargo, podría plantearse una objeción. Hay profesiones más afectadas por la «obsolescencia del conocimiento» que otras. Es el caso de los mecánicos y los profesionales del derecho, por ejemplo, que se enfrentan a cambios constantes en la normativa vigente. En principio, el argumento parece menos válido para los empleados de comercio, los artesanos, los agricultores o los administrativos, cuyo núcleo de trabajo parece menos impactado por los cambios. Pero esto es ignorar la digitalización creciente de los procesos, que se abre paso incluso en sectores aparentemente alejados del mundo digital, como la agricultura.

Seguir siendo empleable

En realidad, la formación a largo plazo afecta a todas las profesiones. Y esto es aún más cierto para quienes aspiran a una carrera internacional. Mantenerse al día es indispensable para navegar con éxito en el mercado laboral internacional, ya que cada año nuevos profesionales, formados en las últimas tecnologías, llegan a competir con los expatriados ya establecidos.

Más al tanto de la actualidad, estos nuevos trabajadores han podido seguir trayectorias formativas «mejores» que las de sus predecesores, o al menos más lineales. Han planificado su carrera internacional desde la universidad, quizás han estudiado o realizado prácticas en el extranjero... y se benefician de una democratización de la expatriación que les permite lanzarse al exterior con menos reparos que sus mayores. Formarse de manera continua permite no quedarse rezagado con el paso de los años. Así se mantiene uno en la carrera por el empleo y el ascenso. Así se sigue siendo empleable.

Otro punto esencial, directamente relacionado con el anterior: combinar empleo y formación no solo impulsa la carrera profesional, sino que también permite aumentar los ingresos. Se accede a mejores puestos y responsabilidades gracias a las competencias adquiridas durante la formación. Este «regreso a las aulas» no tiene, por tanto, nada de regresión. Todo lo contrario: catapulta al expatriado hacia adelante.

Dominar las nuevas tecnologías

La IA fascina, la IA asusta. Está cada vez más presente en el día a día. Una simple búsqueda en Internet se realiza ya gracias a ella. Con la IA, todas las herramientas digitales se reinventan para facilitarnos la vida (cada uno tendrá su propia opinión al respecto).

Lo que sí está claro es que resulta cada vez más difícil imaginar una carrera internacional sin una actualización periódica de los conocimientos en materia de nuevas tecnologías. Las herramientas de marketing y los programas informáticos empresariales evolucionan sin parar; hay que saber adaptarse a las prácticas del país de acogida. ¿Cómo responder a una oferta de empleo que exige el dominio de tal o cual programa? El conocimiento de las herramientas tecnológicas puede marcar la diferencia entre dos candidatos. Merece la pena poner todas las cartas sobre la mesa y formarse.

Rendir mejor en el trabajo

Poner todas las cartas sobre la mesa es, precisamente, rendir mejor en el trabajo. Es dar lo mejor de uno mismo. Y los resultados se notan rápidamente. El trabajador en formación se adapta con mayor facilidad a los cambios dentro de su empresa, adopta una visión más amplia y es capaz de anticiparse. Este mayor rendimiento resulta valioso tanto si se permanece en la misma empresa como si se cambia de sector o de país.

Cabe destacar que la eficacia en el trabajo no se limita únicamente a las tareas que hay que desempeñar. Del mismo modo, las formaciones que mejoran el rendimiento laboral no siempre están directamente relacionadas con el puesto. Se puede, por ejemplo, decidir aprender un nuevo idioma, desarrollar las técnicas de escritura o la capacidad de hablar en público. Estas formaciones quizás no tengan ninguna relación directa con el trabajo que se desempeña, pero aportarán mayor soltura a la hora de expresarse, tanto de forma oral como escrita, una mejor adaptación a la cultura del país extranjero y una mayor «plasticidad cerebral».

Diversos estudios han puesto de manifiesto los beneficios del aprendizaje de idiomas. Las personas que dominan varias lenguas pueden pasar con facilidad de un idioma a otro y de un concepto a otro. Ni que decir tiene la importancia de manejar varios idiomas (incluido el del país de acogida) para quien quiera construir una carrera internacional.

Desarrollar las soft skills

Cuando se habla de «formación», lo primero que viene a la mente son las competencias técnicas. Pero las formaciones durante la vida laboral también desarrollan las habilidades psicosociales. No es fácil retomar los estudios, sobre todo después de muchos años alejado de los libros y los cuadernos. ¿Se logrará aprobar? ¿Y si las notas son malas? ¿Un fracaso pondrá fin a la carrera? Una formación puede suponer un auténtico salto al vacío y dudar de la propia capacidad.

Una capacidad que debe valorarse en un contexto nuevo: se ha establecido un ritmo de vida muy distinto al del estudiante o el escolar. Se trabaja, quizás se está casado y se tienen hijos. Los horarios laborales son difícilmente compatibles con una «doble vida» de estudiante... y la motivación puede flaquear rápidamente.

Embarcarse en una formación en estas circunstancias es una verdadera muestra de humildad. Hay que reconocer las propias carencias y las ganas de aprender. También hay que estar dispuesto a recibir. Es aquí donde se desarrollan las soft skills: autocontrol, adaptabilidad, curiosidad, gusto por el esfuerzo, capacidad de cuestionarse a uno mismo... Cualidades todas ellas esenciales para crecer en la empresa, a nivel internacional y en la vida.

Crecer en el trabajo y en la vida

Porque sí, no todo en la vida es el trabajo. Algo que vale tanto para los locales como para los expats. La formación no solo es útil para el desarrollo de la carrera internacional, sino que también refuerza la confianza en uno mismo. A pesar de las dificultades, el trabajador logra desarrollar sus talentos y descubrir otros nuevos. Los éxitos profesionales repercuten en la vida personal, y viceversa. El bienestar se aprecia tanto en el día a día como en el trabajo, en un círculo virtuoso que contribuye a un buen equilibrio entre la vida laboral y la personal.

Combinar empleo y formación es también una excelente manera de ampliar la red de contactos. La formación (a distancia o presencial) permite conocer a otras personas y ampliar el círculo de contactos. En un momento en que gran parte de las ofertas de empleo circulan por el mercado «oculto» del trabajo, contar con los contactos adecuados facilita enormemente la evolución profesional.

Invertir en el propio futuro

Trabajador expatriado: tu mejor inversión es la formación. Esta frase, que suena a eslogan publicitario de los años 90, resume a la perfección el pensamiento que subyace cuando se decide retomar los estudios. Se trata de mantenerse activo en el trabajo para afrontar mejor los cambios de la vida. Uno piensa de inmediato en los aspectos negativos (endurecimiento de las normas de inmigración, cierre de empresas...). Pero también hay elementos positivos, como nuevas oportunidades profesionales. En ambos casos, la formación a lo largo de toda la vida ofrece la perspectiva necesaria para hacer frente a los imprevistos de la vida. El círculo se cierra: la formación es, sin duda, la mejor inversión para construir una carrera internacional.

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Asaël Häzaq
Sobre el autor

Asaël Häzaq, editor web especializado en noticias políticas y socioeconómicas, observa y descifra las tendencias de la economía internacional. Con su experiencia como expatriada en Japón, ofrece consejos y análisis sobre la vida del expatriado: elección de visa, estudios, búsqueda de empleo, vida laboral, aprendizaje del idioma, descubrimiento del país. Titular de un Máster II en Derecho - Ciencia Política, también ha experimentado la vida como nómada digital.

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