¿Qué dice la ley sobre las relaciones amorosas en el trabajo?
En la mayoría de los países, que dos empleados de una misma empresa mantengan una relación sentimental no está prohibido en sí mismo. «Este tipo de relación, que pertenece al ámbito de la vida privada, no tiene nada de ilegal, ya sea en Suiza, en Francia o en cualquier otro lugar», confirma Caroline Diard, profesora asociada del departamento de Gestión de Recursos Humanos y Derecho Mercantil de TBS Education.
Sin embargo, esta libertad de principio debe entenderse dentro del contexto particular de cada país. Caroline Diard subraya que existen diferencias culturales, sociales y jurídicas que influyen de manera determinante en cómo se perciben y regulan estas relaciones. En otras palabras, aunque tener una relación con un compañero de trabajo no esté prohibido, las consecuencias concretas pueden variar considerablemente de un país a otro.
El caso del director general de Nestlé
El despido del director general de Nestlé en 2025 por mantener una relación sentimental no declarada con una subordinada directa desató un amplio debate público. ¿Por qué una sanción tan severa si ninguna ley prohíbe este tipo de relación?
Este caso ilustra precisamente la complejidad de los factores éticos, jurídicos y culturales que rodean las relaciones amorosas en el entorno laboral. En una multinacional de la envergadura de Nestlé, la imagen de marca y la gobernanza son cuestiones estratégicas de primer orden. «La empresa está presente en todos los continentes, con clientes procedentes de culturas y sensibilidades muy distintas. Por eso debe adoptar el mínimo común denominador en materia de sensibilidad y ética», señalaba el medio suizo RTS.
La relación en sí no era ilegal. Lo que llevó al despido fue el incumplimiento del código de conducta interno de la empresa, que obliga a los altos directivos a declarar cualquier relación que pueda generar un conflicto de intereses o comprometer la buena gobernanza. A ese nivel de responsabilidad, la transparencia se considera una obligación ineludible.
Cuando la relación sentimental implica una jerarquía
Es precisamente en este contexto donde surgen los problemas con mayor frecuencia: una relación amorosa entre un superior y un subordinado o subordinada crea una situación especialmente delicada. El vínculo de subordinación conlleva un desequilibrio de poder que puede tener repercusiones importantes en la organización.
Por un lado, este tipo de relación puede alimentar sospechas de favoritismo: los ascensos, las evaluaciones de desempeño o las decisiones sobre asignaciones corren el riesgo de percibirse como parciales. Esa percepción, aunque sea infundada, puede bastar para erosionar la confianza del equipo en la imparcialidad de la dirección.
Por otro lado, si la relación termina o si uno de los implicados considera que fue presionado o perjudicado, la empresa puede verse expuesta a denuncias por acoso sexual, abuso de autoridad o discriminación.
En definitiva, un «romance jerárquico» plantea cuestiones de gobernanza, equidad y responsabilidad legal que las empresas toman, lógicamente, muy en serio.
Cómo se aborda esta cuestión en el mundo
A continuación, un repaso por algunos países con sus particularidades y casos concretos.
Francia: la primacía de la vida privada
En Francia, el principio es claro: la vida privada está protegida. El artículo 9 del Código Civil garantiza a toda persona el respeto de su vida privada. Por tanto, un empleador no puede prohibir a sus trabajadores mantener una relación sentimental en el ámbito laboral.
No obstante, existen límites. Si una relación perturba el funcionamiento de la empresa (retrasos reiterados, tensiones evidentes o conflictos de intereses), el empleador puede intervenir. En esos casos, es posible reubicar a uno de los implicados para evitar cualquier sospecha de favoritismo. Ahora bien, nadie puede ser sancionado únicamente por mantener una relación con un compañero de trabajo.
La ley no obliga a declarar una relación sentimental, ni siquiera cuando existe una relación jerárquica. Sin embargo, según la revista Courrier Cadres, cada vez más empresas incluyen en su reglamento interno o código de conducta la recomendación de informar a Recursos Humanos, con el fin de anticipar posibles reorganizaciones o conflictos de intereses.
Estados Unidos: pragmatismo y «contratos de amor»
El sistema estadounidense y el francés parten de concepciones profundamente distintas. En Estados Unidos, el marco jurídico es más flexible. El principio de employment at will permite al empleador rescindir un contrato de trabajo sin necesidad de justificar su decisión, siempre que esta no se base en un motivo ilegal (como la discriminación). Esta amplia flexibilidad otorga a las empresas un margen de maniobra mucho mayor para regular la vida personal de sus empleados, incluidas las relaciones sentimentales entre compañeros.
Así, no es raro que las políticas internas prohíban o regulen estrictamente las relaciones amorosas, especialmente cuando existe una relación jerárquica directa. Los empleadores pueden imponer obligaciones de declaración.
Un ejemplo conocido es el «consensual relationship agreement», apodado «love contract». Se trata de un documento firmado por ambos implicados en el que declaran que su relación es voluntaria y que conocen las políticas de la empresa. El objetivo es proteger a la organización frente a posibles acusaciones posteriores de favoritismo o coacción.
China: el peso de la cultura y el reglamento interno
En China, la cuestión de las relaciones sentimentales en el trabajo también está estrechamente ligada a la cultura y a las mentalidades. En un entorno profesional marcado por la disciplina colectiva y la búsqueda de la armonía social, las relaciones o las muestras públicas de afecto suelen verse con malos ojos.
Un elemento clave que conviene conocer es el manual del empleado, un pilar fundamental de la vida empresarial en el país. Este documento detalla con precisión las normas internas, las expectativas de conducta y los procedimientos disciplinarios. Tiene un valor casi equivalente al de un contrato de trabajo y sirve de referencia en caso de conflicto. Su importancia quedó de manifiesto en un caso que tuvo una amplia repercusión mediática: dos compañeros sin relación jerárquica directa, ambos casados con otras personas, fueron despedidos tras ser sorprendidos besándose en la oficina. Los dos interpusieron una demanda contra la empresa reclamando una indemnización, pero sin éxito.
La empresa se amparó en su manual del empleado, que establece que puede «rescindir la relación laboral con los empleados que incurran en conductas moralmente reprobables, dañen la reputación de la empresa o ejerzan una influencia negativa sobre ella». A partir de ahí, todo es cuestión de interpretación.
Las relaciones amorosas en el trabajo no son, en la mayoría de los países, ni ilegales ni estrictamente prohibidas. Pero se enmarcan en un contexto cultural y organizativo que es importante comprender. Según el país, la empresa o la posición jerárquica de las personas implicadas, las consecuencias pueden ir desde simples reorganizaciones internas hasta sanciones disciplinarias graves o incluso la rescisión del contrato.