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¿La maternidad afecta la carrera profesional en el extranjero?

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mujer profesional con su bebe© YuriArcursPeopleimages / Envato Elements

Ser madre es una de las experiencias que más transforma la vida de una persona, si no la que más. Y aunque esta responsabilidad es compartida, a menudo son las madres quienes sienten ese cambio de forma mucho más intensa. Si además la maternidad llega mientras trabajas en el extranjero, esa transformación puede resultar aún más profunda. Para muchas mujeres expats, convertirse en madre en otro país supone un verdadero punto de inflexión en su carrera profesional.

"Tuve que reinventarme por completo..."

"La maternidad transformó mi carrera por completo, porque ahora tengo una carrera nueva. Antes de que naciera mi hijo, trabajaba en hostelería en Bangkok gestionando estancias en hoteles de lujo. Tenía un ritmo de trabajo intenso pero predecible, y al principio creí que podría volver a trabajar pocos meses después del parto. Sin embargo, una vez que me convertí en madre, mi antigua rutina era simplemente incompatible con el tipo de madre que quería ser. Lo intenté: traté de adaptar mi trabajo a mi nueva vida, pero no funcionaba. Tuve que dejarlo y buscar algo diferente. Con el tiempo empecé a trabajar como freelance. Hablo varios idiomas, así que fui consiguiendo pequeños encargos de traducción y atención al cliente. Poco a poco aquello se convirtió en una carrera a tiempo completo, y ahora soy profesional de atención al cliente en el sector del comercio electrónico. Las habilidades interpersonales que desarrollé durante años en hostelería me ayudaron a hacer esa transición con bastante facilidad, y ahora trabajo desde casa. Jamás me habría planteado esta opción antes de ser madre. La maternidad ha reordenado mis prioridades por completo y me ha abierto una forma de vida muy distinta", cuenta Katarzhyna, una expatriada polaca en Tailandia.

Según una encuesta de Upwork citada por Business Insider, casi un tercio de las mujeres que trabajan como freelance aseguran que las políticas de regreso a la oficina fueron el motivo por el que dejaron el empleo tradicional. El mismo informe subraya que las mujeres que acaban de ser madres  buscan condiciones laborales más flexibles debido a sus responsabilidades de cuidado y al coste de las guarderías.

"Tuve mucha suerte de contar con ayuda"

Martha, una expatriada alemana en Tailandia, también vio transformarse su vida profesional tras el nacimiento de su hijo: "Soy instructora de Pilates certificada y vivo en Phuket. Tengo un pequeño estudio que comparto con un socio. Cuando nació mi bebé, me tomé dos meses de descanso, pero tenía muchas ganas de volver. Cuando gestionas un negocio propio, una pausa larga puede llegar a hundirlo. Una de las grandes ventajas de vivir en Tailandia es que contratar ayuda es realmente asequible. Tenía una niñera que me acompañaba al estudio y cuidaba al bebé mientras yo trabajaba. También tenía quien me ayudara con la limpieza y la cocina en casa, así que podía dedicarle tiempo de calidad a mi hijo. Soy de Alemania, y sabiendo lo que cuesta allí una cuidadora privada a tiempo completo, sé que no me lo podría permitir si viviera allá. Vivir aquí me ha dado una flexibilidad que creo que todas las madres deberían tener."

El acceso a ayuda doméstica y de cuidado puede ser determinante para muchas madres a la hora de plantearse volver al trabajo. Por ejemplo, contratar ayuda a tiempo completo en Tailandia puede costar entre 400 y 800 dólares al mes o más, según la zona y la experiencia. En Alemania, en cambio, una niñera privada a tiempo completo puede costar fácilmente entre 2 500 y 4 000 euros al mes, lo que pone el cuidado infantil privado fuera del alcance de muchas familias de clase media en Europa occidental. Los extranjeros en Tailandia que cuentan con un paquete de expatriado o con ingresos superiores a la media local suelen encontrar que gran parte de estos servicios son perfectamente accesibles.

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"Me hizo valorar de verdad el lugar donde vivía..."

"Tener a mi hija me hizo comprender la poderosa realidad que hay detrás de eso de que 'para criar a un hijo hace falta una tribu'. Vengo de una cultura en la que me educaron para ser muy independiente; lo que se me ponga por delante, lo afronto sola. También estaba dispuesta a hacerlo todo yo con mi pequeña. Pero no tuve que hacerlo. Me casé con alguien de una familia cantonesa, y ya antes del embarazo me habían dicho que aquí la tradición era que la familia viniera a ayudar cuando naciera el bebé. Siempre pensé que no querría eso, porque valoro mucho mi intimidad. Pero cuando nació mi hija, las primeras semanas me sentí completamente desbordada. Mi suegra me ayudó enormemente. Pude retomar el trabajo a tiempo parcial bastante pronto porque ella vino a vivir con nosotros, y podía estar tranquila sabiendo que mi hija estaba en casa con familia. Sé que para mucha gente, que tus suegros vengan a vivir contigo parece una invasión, pero mi forma de verlo ha cambiado por completo. La maternidad me hizo apreciar el lugar donde vivo y las tradiciones que China me enseñó", relata Marianne, una expatriada estadounidense en China.

En China, la baja por maternidad oficial es de al menos 98 días, garantizados a nivel nacional, aunque la mayoría de los gobiernos locales la amplían hasta los 198 días. A esto se suma una tradición muy arraigada en el país conocida como zuo yuezi, o "el mes sentada". Durante este período, de entre 30 y 40 días por lo general, se espera que la madre recién parida permanezca en casa descansando mientras las familiares, habitualmente la suegra, se encargan del bebé y de las tareas del hogar.

"Todo lo que hago viene acompañado de culpa"

En los últimos años, Corea del Sur se ha convertido en el símbolo de la crisis global de natalidad. La tasa de natalidad del país sigue por debajo del nivel de reemplazo necesario para mantener la población. Entre los factores que suelen citarse como causa están el elevado coste de la vivienda, el gasto en educación y las largas jornadas laborales. Para hacer frente a esta situación, el país ha puesto en marcha recientemente una serie de medidas destinadas a aliviar la carga de los nuevos padres. Por ejemplo, las familias con bebés reciben una prestación mensual de un millón de wones (unos 670 dólares al mes) durante el primer año de vida. También pueden acceder a préstamos hipotecarios con tipos de interés reducidos y a tratamientos de fertilidad subvencionados.

Con todo, la experiencia de ser madre expatriada en Corea del Sur no parece tan difícil, según nos cuenta Mika, una expatriada japonesa en el país: "Vivo y trabajo en Corea del Sur con mi marido. Los dos estamos contratados por empresas coreanas, así que nos regimos por la legislación laboral local. Mi baja por maternidad fue de 90 días, y volví al trabajo justo al terminarla. Mi marido tuvo 15 días de permiso de paternidad para ayudarme al principio. Cuando me reincorporé, mi madre vino a quedarse con nosotros, y estoy muy agradecida de que pudiera hacerlo. No creo que mi vida laboral haya cambiado mucho, pero mi nivel de satisfacción en el trabajo sí ha cambiado, y bastante. Ahora soy mucho más consciente del tiempo que paso lejos de mi familia. Salgo corriendo a casa de una manera que antes no hacía nunca. Y cada vez que asumo un proyecto nuevo, siento cierta culpa, porque sé que es tiempo que le quito a los míos. Todo lo que hago viene acompañado de culpa, aunque también sé que es necesario. Me encanta vivir en Corea del Sur y me alegra que nuestro hijo pueda crecer en este entorno. Trabajar duro es el precio que pagamos por ello".

"Permitirme parar es demasiado caro"

También hay quienes no tienen la opción de tomarse un descanso. "Me encanta ser madre, pero no es la experiencia tranquila que esperaba. Soy deportista profesional, y sabía que cuando llegara el momento de tener un bebé pararía de trabajar, al menos una temporada. Sin embargo, una serie de circunstancias ajenas a mi voluntad me llevaron a mudarme a Austria, donde nació mi bebé. La vida aquí es muy cara, y aunque mi pareja tiene un trabajo estable, con un solo sueldo no alcanza para mantener a una familia. Conozco personas cuyas hijos han ido a guardería desde los cuatro meses... Eso es algo con lo que yo no me sentía cómoda. Pero tampoco encontraba trabajo en mi campo, ya que nos habíamos mudado a una ciudad bastante pequeña. Busqué opciones a tiempo parcial y encontré algunas. Ahora me paso el día haciendo malabarismos y con la presión económica siempre encima. No es la situación ideal para una madre primeriza, pero me ha demostrado hasta dónde llega mi capacidad de adaptación. Pensaba que ser madre me volvería más blanda, que me haría frenar. No ha sido así en absoluto", cuenta Alina, una expatriada ucraniana en Austria.

Europa occidental suele asociarse con la estabilidad y unas políticas familiares generosas, y en muchos aspectos así es. La baja por maternidad en Austria es de 16 semanas (112 días): 8 semanas antes del parto y 8 semanas después. La sanidad es accesible, y el carné de salud materno-infantil (Eltern-Kind-Pass) garantiza revisiones médicas gratuitas para los niños de hasta 5 años.

Pese a todo, muchas familias señalan que la presión económica sigue siendo muy intensa. Según estimaciones recientes, los gastos mensuales de un hogar pueden acumularse rápidamente, siendo el alquiler la partida más importante.

Qué afecta más a las madres expatriadas en el plano profesional

Durante la investigación para este artículo y las conversaciones mantenidas con mujeres expatriadas sobre los cambios en su vida profesional, varios factores salieron a la luz de manera recurrente.

En primer lugar, el país de residencia resultó ser un elemento clave en la capacidad de adaptación profesional de las mujeres. Algunos países ofrecen bajas parentales más largas y una red de apoyo más estructurada, aunque esto no se traducía necesariamente en una transición profesional más sencilla.

Lo que sí afloró de forma constante fue la importancia del acceso a ayuda contratada. Las mujeres que vivían en países donde ese tipo de ayuda era asequible y accesible parecían contar con mayor flexibilidad y libertad tanto al reincorporarse al trabajo como al explorar nuevos caminos profesionales.

El apoyo familiar y las redes de ayuda tradicionales también tienen un peso enorme en cómo se vive esta etapa. Las mujeres que podían contar con familiares se mostraban en general satisfechas de aceptar esa ayuda, incluso cuando no formaba parte de su cultura de origen antes de emigrar.

Algo en lo que coincidieron casi todas las mujeres es que experimentaron algún tipo de cambio profesional, en mayor o menor medida. Incluso sin modificar horarios ni cambiar de trabajo, la maternidad añadió una capa extra de responsabilidad que influyó en su concentración y en sus prioridades dentro del entorno laboral.

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Natallia Slimani-Mercier
Sobre el autor

Natallia tiene una licenciatura (con honores) en Lengua Inglesa e Interpretación Simultánea y trabajó como escritora y editora para varias publicaciones y canales de medios en China durante diez años.

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