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Mudarse al extranjero: cómo puede afectar a tu carrera profesional

Carrera profesional en el extranjero© Image-Source / Envato Elements

Existe una convicción muy extendida entre los expatriados cuya carrera ha sido exitosa: si tuve éxito allí, en un país inestable, entonces será aún más fácil en otro lugar. En el fondo, esta convicción suele estar justificada. Has aprendido a decidir rápidamente, a gestionar en contextos complejos y a mantener una actividad en condiciones que pocos de tus futuros interlocutores podrán imaginar. Por eso has desarrollado una resiliencia a toda prueba. Sin embargo, contiene una hipótesis implícita: que tu trayectoria será leída tal como tú la viviste desde dentro. Es esta hipótesis la que plantea un problema, y afecta especialmente a los perfiles experimentados, los antiguos directivos y los emprendedores.

Lo que crees que te llevas contigo

Cuando nos preparamos para instalarnos en un nuevo país, muchos queremos aferrarnos a lo que ya hemos conseguido: unas competencias, una gran polivalencia, el dominio de un sector y, a veces, el orgullo de haber creado una empresa al otro lado del mundo. Son logros reales, y nadie puede quitártelos.

Parece lógico pensar que estos logros tienen un valor en sí mismos, sin importar dónde te presentes después.

A esto se suma un factor del que apenas se habla: haber triunfado en un entorno difícil genera una confianza sólida. Es el resultado de un camino que ha funcionado. Pero esa confianza tan fuerte dificulta bastante el ejercicio de preguntarte cómo te percibirán en un ecosistema que todavía no sabe nada de ti ni de tu trayectoria.

Y cuanto más sólido haya sido tu recorrido, menos te planteas esta pregunta. Ahí es precisamente donde se esconde el punto ciego.

Lo que el mercado local es capaz de interpretar: la ilusión de continuidad

Un reclutador, un socio o un cliente de tu nuevo país de adopción interpreta tu trayectoria a través de sus propias referencias.

  • Tus competencias técnicas se mantienen legibles. Diseñar una oferta, gestionar una tesorería, dirigir una estrategia de marketing: estos conocimientos se explican y se verifican prácticamente en cualquier lugar.
  • Tus habilidades transversales, en cambio, solo lo son en parte. La relación con la jerarquía, con el tiempo, con la negociación y con el conflicto varía mucho de una cultura profesional a otra. Lo que antes se consideraba proactividad puede pasar por improvisación en un contexto totalmente nuevo.
  • Tu estatus y tu red de contactos, por su parte, apenas resultan legibles. Existían en un ecosistema concreto, y a menudo se quedaron ahí.

A esto hay que sumar un factor que casi siempre se subestima o se ignora por completo: la imagen que proyecta tu antiguo país de residencia en tu nuevo país de adopción. Un mismo logro no tiene necesariamente el mismo peso según se haya conseguido en Buenos Aires, El Cairo, Londres, Nueva York o Fráncfort. Existe una jerarquía implícita de referencias culturales, y pesa mucho más de lo que solemos pensar.

La consecuencia es directa: algunos de tus logros no siempre se percibirán como tales. Haber mantenido una empresa rentable durante una crisis monetaria en América Latina puede quedarse en una anécdota curiosa en una entrevista en Barcelona o Berlín, pero no se traducirá necesariamente en una prueba de competencia.

Esto es lo que yo llamo “la ilusión de continuidad”: la creencia de que una trayectoria profesional se interpretará en un nuevo país tal y como se vivió en el anterior.

Cuanto más exitosa haya sido la trayectoria previa, más fuerte es esta ilusión, y cuanto más tarde en manifestarse (a veces meses o incluso años después de la mudanza), más cara resulta. Es algo que observo constantemente entre los expatriados a los que acompaño.

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El caso del antiguo emprendedor que vuelve a trabajar por cuenta ajena

Esta es la situación en la que el desajuste de percepción resulta más brusco, y una de las más tabú.

Un antiguo directivo que busca un puesto en un país donde aún no tiene experiencia profesional suele descubrir tres cosas.

La primera: para un perfil que viene de otro tipo de estructura y de otro mercado, casi nunca se accede directamente a puestos de gestión. Un empleador rara vez confía un equipo a alguien cuyas referencias locales no puede verificar.

La segunda: la cultura empresarial difiere profundamente. El nivel de autonomía esperado, la forma de funcionar de un equipo de trabajo o la relación con los procedimientos no se adivinan desde fuera.

La tercera, y la más contraintuitiva: tu posición anterior puede jugar en tu contra. Un perfil que ha creado y dirigido su propia pyme genera preguntas silenciosas. ¿Aceptará una jerarquía? ¿Se quedará más de doce meses en el puesto o preferirá volver a emprender? ¿Negociará constantemente el alcance de sus funciones? Son preguntas que casi nunca se formulan en voz alta, pero que resultan decisivas.

Trabajar en remoto para un empleador extranjero

Una situación cada vez más habitual parece escapar a todo lo anterior: trabajar en remoto para una empresa extranjera mientras se reside en un tercer país, precisamente para no depender del nivel salarial local.

Este modelo es cada vez más frecuente, pero el mecanismo no desaparece por ello: simplemente cambia de observador. Un reclutador parisino o neoyorquino evaluará a un candidato instalado en Buenos Aires, Lisboa o Bangkok a través de su propio filtro cultural.

En este caso concreto, el punto ciego está en otro lugar. Además, este esquema no genera ningún capital profesional en el lugar donde vives: ni red de contactos local, ni referencias verificables in situ, ni un historial legible para una empresa de tu región de residencia. Mientras todo funciona, la cuestión ni siquiera se plantea. El día en que la colaboración termina, te quedas sin ninguno de estos tres elementos, a veces después de varios años de residencia en el país. La ilusión de continuidad no se ha evitado: simplemente se ha aplazado, y puede salir todavía más cara.

Estudiar el terreno antes de presentarte

El primer trabajo que hay que hacer al llegar a un nuevo país no tiene que ver con tu currículum, sino con el mercado que va a analizarlo al detalle. Mientras no sepas con qué criterios se evaluará tu experiencia profesional, te presentarás a ciegas.

Hay cinco preguntas que merecen una respuesta precisa antes de enviar cualquier candidatura o establecer contacto en este nuevo contexto cultural:

  • ¿Quién contrata realmente en el sector que te interesa y a qué niveles? Un sector puede ser dinámico sin ofrecer ningún puesto de gestión a perfiles que vienen de fuera.
  • ¿Qué pruebas se esperan? Según el país, puede tratarse de un título que haya que homologar localmente, una certificación profesional específica o referencias verificables in situ. Vale la pena anticiparse para no perder tiempo una vez allí.
  • ¿Por qué canales pasan las contrataciones? Anuncios públicos, agencias de selección especializadas, asociaciones profesionales, redes de expatriados: la distribución varía mucho de un país a otro, y no elegir el canal adecuado equivale a permanecer invisible.
  • ¿Cuáles son las prioridades actuales de las empresas locales? Son ellas las que determinan la demanda, no lo que tú sabes hacer mejor.
  • ¿Cuál es el rango salarial real para el puesto que buscas? El mercado local aplica su propia escala de tarifas, con independencia de tu trayectoria anterior.

La forma más rápida de obtener estas respuestas es reunirte con profesionales locales y con expatriados que llevan varios años instalados allí. Estas conversaciones pueden ayudarte a orientar mejor tu búsqueda desde el principio.

Dos datos prácticos completan este panorama. El punto de entrada depende de lo legible que resulte tu trayectoria en el mercado al que te diriges. Si mantienes la misma profesión en el mismo sector, sobre todo dentro de empresas internacionales que comparten las mismas referencias, es muy probable que conserves tu nivel jerárquico. En cambio, si cambias de actividad o de tipo de estructura, lo habitual es que el puesto sea inferior al último que ocupaste: es una consecuencia directa de la falta de historial local. Y reconstruir una red profesional útil suele llevar tiempo.

Lo que aprendí de esta experiencia

En 2018, tras quince años en Argentina, vendí la agencia de viajes receptivos que había creado y dirigido allí durante diez años, y me instalé en España. La decisión de cambiar de rumbo profesional ya estaba tomada, y la afrontaba con mucha confianza.

Lo que no había previsto fue el desajuste de percepción. Veinticinco años en el turismo internacional y diez años al frente de una empresa en un país en crisis permanente no se explicaban por sí solos en España. Era una trayectoria atípica, a la que le faltaba una traducción clara. Esta constatación me enseñó mucho sobre la expatriación, y fue precisamente lo que me llevó a estructurar la forma en que hoy acompaño a otros expatriados.

Si te mudas a otro país con una sólida trayectoria profesional, el reto está en conseguir que tu experiencia sea comprendida y valorada en el nuevo mercado laboral.

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Ugo GABERT
Sobre el autor

Ugo Gabert nació en Francia y es Coach profesional certificado, fundador de Expat Atelier y creador del método EDPAT™. Suma veinticinco años de experiencia en el turismo internacional y vivió quince años en Argentina, diez de ellos al frente de su propia agencia de viajes receptiva, antes de instalarse en España. Su trayectoria como expatriado también lo llevó a Inglaterra y Egipto. Hoy acompaña a expatriados/(as) en sus transiciones profesionales en castellano, francès y en inglès.

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