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¿Sientes que ya no eres tú mismo desde que te mudaste al extranjero?

Por qué no te sientes tú mismo al mudarte al extranjero© rademeyerdaniel / Envato Elements

Antes de mudarnos al extranjero, muchos pasamos meses imaginando lo que nos espera al otro lado. Imaginamos los lugares que descubriremos, las personas que conoceremos, los idiomas que quizás aprenderemos, y tal vez incluso la versión más aventurera y cosmopolita de nosotros mismos en la que nos convertiremos. Lo que no solemos imaginar son las partes más difíciles de fotografiar. La soledad de sentirte como un extraño. El agotamiento de navegar por sistemas desconocidos. El duelo que aparece de forma inesperada cuando te das cuenta de todo lo que dejaste atrás. Y no me refiero solo a las personas.

Puede que eches de menos tus comidas favoritas, las calles que conocías de memoria, tus rutinas, el médico de toda la vida, la amiga que ya conocía toda tu historia o, simplemente, esa seguridad que da saber cómo funciona tu mundo. Y entonces, un día, te das cuenta: no me siento del todo yo mismo.

Si esto te resulta familiar, no significa necesariamente que hayas tomado la decisión equivocada ni que te esté costando adaptarte. Mudarte al extranjero no solo cambia el lugar donde vives. También puede alterar temporalmente algunas de las cosas que te ayudaban a saber quién eras. Entender por qué ocurre esto, y cómo empezar a reconstruir esos anclajes, puede hacer que la experiencia resulte mucho menos desorientadora.

Por qué una mudanza puede alterar mucho más que tu rutina

Adaptarse a vivir en otro país no consiste solo en aprender dónde hacer la compra o cómo moverte por una ciudad nueva. Desde hace tiempo, la investigación sobre la adaptación de los expatriados reconoce que este proceso es multidimensional: implica adaptarse a las condiciones de vida cotidianas, pero también a la interacción con las personas del país de acogida y, en el caso de quienes trabajan, al propio entorno laboral (Black, Mendenhall y Oddou, 1991).

Piensa en cuántas áreas de tu vida pueden cambiar al mismo tiempo durante una mudanza. Cambian tus rutinas. Cambia tu red social. Cambia el colegio de tus hijos. Puede que tu red de apoyo desaparezca. Tu rol profesional o tus responsabilidades familiares pueden transformarse. Incluso tareas aparentemente sencillas (abrir una cuenta bancaria, pedir cita con el médico, conducir o hablar con un profesor) pueden exigir de pronto mucho más esfuerzo del habitual.

La investigación sobre la identidad de los expatriados también apunta a que vivir en el extranjero puede afectar a las dimensiones personal, relacional, social, profesional y cultural de cómo nos entendemos a nosotros mismos (Adams y van de Vijver, 2015; Peltokorpi y Zhang, 2020). Dicho de otro modo, cuando tu entorno cambia drásticamente, algunos de los puntos de referencia que antes reforzaban quién eras cambian con él.

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Cuando dejas de sentirte competente

Cuando mi familia se mudó de vuelta a Argentina, un país que técnicamente es mi tierra natal, esperaba un período de adaptación. Lo que no esperaba era que chocaran contra nuestro coche recién comprado apenas unas horas después de adquirirlo. No fue en una autopista ni en hora punta, sino a pocas manzanas de nuestra nueva casa, en una rotonda por la que ahora pasamos casi a diario. Lo más difícil no fue el accidente en sí. Lo más difícil fue darme cuenta de que, aunque conocía las normas de tráfico oficiales, todavía no entendía cómo conducía realmente la gente allí. Había reglas culturales no escritas que operaban por debajo de las formales, y que yo aún no había aprendido.

Después vino el proceso con el seguro, el papeleo, las llamadas telefónicas y todas esas pequeñas frustraciones de intentar resolver un problema dentro de un sistema que creía que me resultaría familiar, pero no fue así. Esa experiencia me recordó que la vida de expatriado rara vez nos desestabiliza a través de un único gran acontecimiento. Con más frecuencia, son cientos de pequeños momentos de no saber. No sabes a quién llamar. No sabes adónde ir. No entiendes esa regla no escrita que todo el mundo parece conocer. Antes de mudarte, tu competencia puede volverse casi invisible: simplemente sabes cómo llevar tu vida. Después de mudarte, vuelves a ser principiante.

Y si parte de tu identidad se ha construido en torno a ser una persona capaz, independiente, con recursos o exitosa, tener que pedir ayuda una y otra vez puede afectar a algo más que tu confianza. Puede afectar a la manera en que te ves a ti mismo.

A veces, a quien echas de menos es a ti mismo

Esta es una de las formas de pérdida más sorprendentes que puede acompañar a la expatriación. A veces, la persona que más echas de menos no está en tu país de origen. A veces, es una versión anterior de ti mismo.

La versión que se sentía competente. La versión que sabía dónde encajaba. La versión que tenía amigos que la entendían sin necesidad de explicaciones. La versión que sabía lo que estaba haciendo.

La investigación sobre la identidad de los expatriados ayuda a explicar por qué la adaptación puede calar más hondo que la simple nostalgia. Una mudanza internacional puede generar a la vez continuidad y cambio en cómo las personas viven su identidad personal, profesional y cultural, y estos procesos identitarios pueden influir en la adaptación a la vida en el extranjero (Peltokorpi y Zhang, 2020). Esto puede volverse especialmente relevante cuando la mudanza también transforma tu carrera, tu independencia, tu rol social, tus responsabilidades familiares o tu sentido de propósito.

Tus emociones difíciles no son necesariamente una señal de alarma

Como coach ontológica, trabajo con tres dimensiones interconectadas de la experiencia humana: el lenguaje, la emoción y el cuerpo.

El lenguaje incluye las interpretaciones y las historias con las que damos sentido a lo que vivimos. La emoción influye en cómo percibimos y respondemos a nuestras circunstancias. Y el cuerpo refleja y participa de esas experiencias a través de cosas como la tensión, la respiración, la postura y la energía.

En el coaching ontológico usamos la palabra "coherencia" para describir la sensación de que estas dimensiones trabajan juntas, es decir, que te sientes centrada y capaz de darle sentido a lo que estás viviendo.

Una mudanza importante puede sacudir temporalmente esa coherencia. Tu antigua historia (sé manejarme bien) puede dejar de sonarte cierta. Tu cuerpo puede estar respondiendo a una novedad y una incertidumbre constantes. Y tu mundo emocional puede incluir entusiasmo, gratitud, frustración, miedo, soledad y duelo, a veces todo en un mismo día. En lugar de tratar esas emociones difíciles como una prueba de que algo va mal, animo a mis clientes a sentir curiosidad por ellas. Una emoción no nos dice necesariamente la verdad objetiva sobre una situación, pero sí puede decirnos algo importante sobre cómo la estamos viviendo.

Tres formas de empezar a sentirte más centrado

No hace falta que esperes pasivamente a que tu nuevo país por fin "se sienta como en casa". Existen pequeñas formas de empezar a reconstruir los anclajes internos y externos que la mudanza alteró.

1. Identifica qué es lo que realmente echas de menos

En lugar de quedarte en "echo de menos mi país", intenta ser más específica.

¿Echas de menos a ciertas personas o el hecho de sentirte profundamente conocida?

¿Echas de menos tu trabajo o el sentido de propósito que te daba?

¿Echas de menos tus antiguas rutinas o la previsibilidad que te ofrecían?

¿Echas de menos la independencia? ¿La competencia? ¿La comunidad? ¿La familiaridad?

A veces, poner nombre a la pérdida de fondo nos ayuda a entender a qué están respondiendo nuestras emociones, y qué necesitamos empezar a reconstruir.

2. Separa lo que ocurrió de lo que te estás contando que significa

Imagina que te cuesta seguir una conversación en un idioma que estás aprendiendo.

El hecho podría ser este:

No pude comunicar todo lo que quería decir.

La interpretación podría convertirse en esto:

Se me da fatal esto. Nunca voy a encajar.

Intenta separar ambas cosas.

Una interpretación distinta podría ser esta:

Todavía estoy aprendiendo. No necesito hablar a la perfección para comunicarme. La práctica es lo que hará que mejore.

No se trata de obligarte a "pensar en positivo". Se trata de reconocer que tu primera interpretación no es necesariamente la única disponible.

Cambiar la interpretación puede abrir posibilidades que no existían cuando "nunca voy a encajar" te parecía un hecho incuestionable.

3. Construye pertenencia en pequeños gestos

Una de las pérdidas menos visibles de una mudanza internacional es la red de relaciones y lugares familiares que hacía que tu día a día se sintiera realmente tuyo.

La investigación respalda la importancia de reconstruir esas conexiones. En un estudio realizado con 194 mujeres que se mudaron a 17 países distintos a raíz del traslado internacional de sus parejas, una mejor adaptación se asoció con una menor percepción de pérdida en sus redes de amistad y con sentir que sus necesidades de apoyo social estaban suficientemente cubiertas. Contar con más apoyo local, en lugar de depender principalmente de relaciones a distancia, también se relacionó con una mejor adaptación (Copeland y Norell, 2002).

Así que no esperes a que toda una ciudad o todo un país se sienta como en casa.

Encuentra a una persona a la que puedas llamar en tu nueva ciudad.

Crea un ritual semanal.

Camina siempre por la misma ruta.

Vuelve siempre a la misma cafetería.

Únete a un grupo.

Invita a alguien a tomar un café.

Permítete convertirte en alguien habitual en algún sitio.

La pertenencia rara vez es algo que descubrimos de golpe. Con más frecuencia, la construimos a base de pequeñas experiencias repetidas de familiaridad y conexión.

Puede que no necesites recuperar a tu antiguo yo

Cuando decimos "no me siento yo mismo", nuestro primer instinto suele ser intentar volver a ser la persona que éramos antes. Pero quizá ese no sea siempre el objetivo.

Una mudanza internacional nos pide, casi por naturaleza, que renegociemos nuestras rutinas, relaciones, supuestos, identidades y sentido de pertenencia. Así que puede que la meta no sea evitar que la experiencia nos sacuda, ni siquiera volver exactamente a quienes éramos antes de vivirla. Quizá el verdadero trabajo consista en aprender a encontrar de nuevo nuestro centro mientras nos permitimos cambiar.

Escuchar lo que nuestras emociones nos están revelando.

Cuestionar las interpretaciones que nos mantienen estancadas.

Reconstruir de forma intencionada la conexión, la competencia y la pertenencia que hemos perdido.

Y seguir sintiendo curiosidad por la persona que va surgiendo a través de esta experiencia.

Mudarte al extranjero puede alterar temporalmente tu sentido de identidad. Aprender a encontrar de nuevo esa coherencia, y descubrir en quién te estás convirtiendo, puede ser uno de sus mayores regalos.

Referencias

Adams, B. G. y van de Vijver, F. J. R. (2015). The many faces of expatriate identity. International Journal of Intercultural Relations, 49, 322–331.

Black, J. S., Mendenhall, M. y Oddou, G. (1991). Toward a comprehensive model of international adjustment: An integration of multiple theoretical perspectives. Academy of Management Review, 16(2), 291–317.

Copeland, A. P. y Norell, S. K. (2002). Spousal adjustment on international assignments: The role of social support. International Journal of Intercultural Relations, 26(3), 255–272.

Peltokorpi, V. y Zhang, L. (2020). Exploring expatriate adjustment through identity perspective. International Business Review, 29(3), 101667.

Vida de cada día
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Daniela Blanchet
Sobre el autor

Daniela Blanchet es coach ontológica certificada, facilitadora y mamá expatriada, apasionada por el sentido de pertenencia, la identidad, la resiliencia emocional y el lado humano de las transiciones de vida. Nacida en Suiza, hija de diplomáticos argentinos, y criada entre distintos países y culturas, su trabajo explora lo que significa reconstruir un sentido de hogar, de identidad y de arraigo mientras se vive entre distintos mundos. Daniela acompaña a mujeres y familias con vidas internacionales a transitar grandes cambios de vida a través del coaching, talleres, escritura y espacios de conversación en comunidad centrados en la mentalidad de crecimiento, la conciencia emocional y el coaching ontológico.

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