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Redes sociales en el extranjero: entre apoyo y dependencia

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Redes sociales en el extranjero© Wavebreakmedia / Envato Elements

Hoy en día, es difícil prescindir de las redes sociales. La vida de expatriado, lejos de los seres queridos, hace que su uso sea casi indispensable. Informarse, realizar trámites en el extranjero, encontrar empleo, hacer amigos… Todo es más sencillo con las redes sociales. Pero, ¿qué ocurre cuando el tiempo frente a las pantallas le resta espacio a la «vida real»? ¿La «vida conectada» y las nuevas prácticas que genera (en particular, el scroll) son una ventaja o un peligro para los expatriados?

¿Cómo usan los expatriados las redes sociales?

Empecemos por dejar algo claro: no se trata de posicionarse a favor o en contra de las redes sociales. Sus ventajas ya están más que demostradas, sobre todo cuando se vive en el extranjero. Se utilizan para encontrar trabajo, hacer amigos, buscar vivienda, pedir cita con el médico, mantenerse al tanto de la actualidad... Pero nada es automático, y cada expatriado construye (o no) su propia rutina con una u otra red social.

Redes sociales en la expatriación: testimonios de expatriados

Se podría pensar, por ejemplo, que el tiempo frente a las pantallas aumenta de forma natural cuando se vive fuera del país de origen. Al fin y al cabo, las redes sociales se convierten en la mejor forma de mantener el contacto con los seres queridos y de socializar en el extranjero... Sin embargo, hay expatriados que usan menos las redes sociales una vez instalados fuera. Es el caso de Moon Dog. Expatriado en Filipinas, cuenta: «Uso muchísimo menos las redes sociales aquí que en Estados Unidos. Reviso el correo, a veces publico algo en Facebook antes de acostarme, antes de que salga el sol...».

Fred, que vive en Indonesia, apenas usa un par de redes: YouTube y WhatsApp. «Aquí, WhatsApp funciona como un teléfono. La gente te pide tu usuario de WhatsApp en lugar de tu número. Las demás aplicaciones de llamadas casi no se usan, aunque algunos utilizan WeChat». Fred, que ya de por sí no era muy activo en redes, reconoce que cada vez las usa menos. Y para él, la culpa la tiene la inteligencia artificial (IA), que empobrece los contenidos. «Ahora veo menos vídeos de YouTube por la cantidad de contenido generado con IA de mala calidad». El auge imparable de TikTok no hace más que reafirmarlo en su decisión: «Veo a demasiada gente haciendo vídeos absurdos».

¿Hace la influencia creciente de la IA que desconfiemos más de las redes sociales? Sí, según confirma Cynic, expatriado en Inglaterra. «[...] Ya no me creo nada de lo que leo en internet, pero aun así lo veo para entretenerme». Cynic entra a YouTube, mata el tiempo viendo Reels en TikTok, pero tiene muy claro cuál es el papel real de las redes sociales: contenidos que deben quedarse en eso, en contenidos.

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El scroll infinito: ¿remedio contra el «bajón del expatriado» o trampa digital?

Es una situación que muchos expatriados conocen bien: una noche cualquiera, solo en casa, en un país extranjero, sin nadie «de verdad» con quien hablar. Poco a poco, con o sin motivo, aparece una sensación de soledad. Incluso cuando la vida en el extranjero va bien, puede haber momentos difíciles. Y la solución parece evidente: sumergirse en el mundo digital y consumir contenido para pasar el rato. Ahí está precisamente el problema. ¿Cuánto tiempo dedicarle a esta ocupación nocturna (o diurna)? Cuando el scroll empieza a ocupar cada vez más espacio en la vida del expatriado, ¿podemos seguir llamándolo un remedio «antibajón»?

Porque el scroll infinito no se diseñó como un remedio ni como un nuevo amigo, sino como una forma de captar la atención... y de paso volvernos pasivos. Los contenidos que se suceden sin fin generan una sensación de satisfacción inmediata. Ya no hace falta esforzarse: la información llega sola. Pero cuando ya no logramos salir del bucle, rara vez terminamos una «sesión» de scroll sintiéndonos satisfechos.

Scroll y dependencia de las redes sociales: ¿vivir en el extranjero nos hace más vulnerables?

No. Este fenómeno afecta tanto a los expatriados como a la población local. Se puede vivir en el extranjero y hacer un uso perfectamente razonable de las redes sociales, tal como muestran los testimonios anteriores. También se puede pasar el doble de tiempo en redes tras expatriarse, pero por buenos motivos: llamar a los seres queridos, saber cómo están... Este tipo de uso no afecta negativamente a la calidad de vida, más bien al contrario. Refuerza vínculos, permite contar cómo es la vida de expatriado y tomar cierta distancia. Y una vez terminada la conversación, no cuesta nada soltar el móvil, la tablet o el ordenador.

Con los contenidos digitales ocurre algo parecido, ya sea que se usen para informarse o para entretenerse: no son la única fuente de información o de entretenimiento del expatriado, sino una herramienta más entre muchas otras.

Ahora bien, cuando estos contenidos ocupan el lugar de las interacciones humanas, cuando se convierten en la única fuente de información o de entretenimiento, dejan de cumplir su función original. Está bien permitirse alguna que otra «escapada puntual» al bucle del scroll infinito, pero no un scroll diario e interminable que termine aislando al expatriado e impidiéndole socializar.

Cómo hacer un buen uso de las redes sociales en la expatriación

Ahí radica toda la paradoja de las «redes sociales». Su propio diseño a veces parece bastante alejado de la idea de socialización y se acerca más a la idea de «condicionamiento»: acostumbrar al cerebro a absorber cada vez más contenido, sin darle la capacidad de salir del bucle. Las consecuencias en la vida real pueden ser graves: dificultad para concentrarse, cansancio, irritabilidad, pérdida de autoestima, pérdida de interés (incluso por aficiones que antes se disfrutaban), sobrecarga cognitiva...

Para evitar esta sobrecarga, es fundamental devolver a las redes sociales el lugar que les corresponde: herramientas prácticas que facilitan el día a día, pero que nunca sustituyen las relaciones humanas. Precisamente, la integración es uno de los grandes retos de la expatriación. Muchos extranjeros encuentran un apoyo reconfortante al frecuentar comunidades de expatriados en redes sociales. Pero lejos de encerrarlos en un mundo virtual, estas comunidades (donde se comparte mucha información práctica) abren la puerta a interacciones reales. Hay expatriados que acaban conociéndose «en persona», que se unen a asociaciones, que organizan encuentros con locales, que hacen crecer estas comunidades...

E incluso cuando parece que el expatriado cuenta toda su vida en redes sociales, nada sustituye a una conversación de verdad, ya sea presencial o no. A veces da la sensación de que basta con contar las cosas en línea para mantener informados a los seres queridos. Y ellos mismos pueden llegar a pensar que ya no necesitan llamar al expatriado, porque tienen acceso a todo su contenido en línea. Pero en realidad, estos intercambios son imprescindibles, porque son los que de verdad refuerzan el vínculo. Una foto no habla. Un texto tampoco. La herramienta no sustituye la interacción humana. Al contrario: la favorece y permite disfrutar plenamente de la vida como expatriado.

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Asaël Häzaq
Sobre el autor

Asaël Häzaq, editor web especializado en noticias políticas y socioeconómicas, observa y descifra las tendencias de la economía internacional. Con su experiencia como expatriada en Japón, ofrece consejos y análisis sobre la vida del expatriado: elección de visa, estudios, búsqueda de empleo, vida laboral, aprendizaje del idioma, descubrimiento del país. Titular de un Máster II en Derecho - Ciencia Política, también ha experimentado la vida como nómada digital.

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