
Entendámonos bien. No se trata aquí de pretender que el simple hecho de expatriarse a tal o cual país le hará aumentar de peso. Tampoco se trata de vincular la tasa de obesidad de un país determinado con un eventual riesgo de desarrollar una enfermedad crónica de la nutrición. Se trata más bien de evaluar en qué medida la expatriación y los cambios que produce pueden influir en sus prácticas alimentarias y en su peso.
Nuevos hábitos alimentarios: en la piel de un expat
Comencemos con un recordatorio indispensable. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como «una enfermedad crónica compleja que se caracteriza por un exceso de depósitos grasos que puede perjudicar la salud».
Dicho esto, pongámonos en la piel del expatriado que acaba de llegar a su nuevo país. Quizás haya dejado sus maletas en Tokio, en Santa Fe o en Madrid. Sus papilas gustativas se lo agradecerán: son las 3 mejores ciudades para saborear un buen plato. No se dejan de alabar los méritos de Tokio, la cosmopolita culinaria. Allí se pueden degustar deliciosos sashimis, un reconfortante nikujaga (estofado japonés) o ramen para llevar, a menos que te atraiga el buen olor de los takoyakis (bolitas de pulpo a la plancha). Las cocinas del mundo también tienen su lugar destacado. Las cocinas de Santa Fe y de Madrid deleitan igualmente el paladar.
Sumerjámonos ahora en la nueva vida de nuestro expatriado. Estudia o trabaja, sale temprano y vuelve tarde. De camino a casa (o para la pausa del almuerzo), quizás pase por los mercados de Chiang Mai, en Tailandia, o de Quito, capital de Ecuador, dos ciudades muy conocidas por su comida callejera sabrosa y asequible. Por la noche, se permite un viaje dentro del viaje. En Ciudad del Cabo, las cocinas africanas, indias, alemanas, japonesas (¡y muchas más!) se mezclan en un festival de sabores. Nuestro expatriado tiene buen olfato: todas estas ciudades figuran también en el top 10 de las «ciudades culinarias». Un palmarés que da especial protagonismo a España (San Sebastián y Palma, además de Madrid), y que acoge a la soleada Lisboa y a Nueva York, la ciudad que nunca duerme.
Nuevos hábitos alimentarios en la expatriación: ¿riesgos para la salud?
No temas: si tus nuevos hábitos alimentarios se resumen en una alimentación equilibrada, no tienes ningún riesgo para tu salud. En cambio, si tu nuevo ritmo de vida te hace pasar cada noche por la «calle de las tentaciones» (es decir, cualquier calle inundada de productos alimenticios tan apetecibles como grasos y azucarados), puedes preocuparte… sobre todo si eres de los que prueban todas las novedades que se cruzan en tu camino. Y además, siempre estamos un poco más vulnerables al final del día, especialmente cuando el estómago pide comida. Por supuesto, no hay nada malo en darse un capricho de vez en cuando. Pero cuando «el pequeño extra» se convierte en «la comida de todos los días», hay (quizás) motivo para preocuparse.
Obesidad: una patología que ha afectado al mundo
El 29 de febrero de 2024, la revista médica The Lancet publica un estudio sobre la obesidad en el mundo, estudio retomado por el periódico The Economist. El estudio revela que en 2022, más de mil millones de personas en el mundo sufren obesidad. Las tasas más altas se registran en Oceanía y en el Pacífico Sur: Samoa Americana (75,5 %), islas Tonga (71,7 %), Nauru (69,9 %), Tokelau (69,8 %) y las islas Cook (68,9 %). Las tasas de obesidad superan el 40 % en Egipto (45,9 %), en Kuwait y en Catar (44 %), en Estados Unidos y en Arabia Saudita (42 %). En Sudáfrica y en Australia, la tasa supera por poco el 31 %. Una parte de los países de Europa se sitúa por debajo del 20 % (Eslovenia, Noruega, Luxemburgo, España, Suecia…). Vietnam (2,04 %), Timor-Leste (2,4 %) y Etiopía (2,9 %) registran las tasas de obesidad más bajas.
Precisión importante: estas tasas se obtuvieron mediante cálculos basados en el IMC de adultos de 18 años y más (IMC superior a 30, indicador de obesidad). Ahora bien, si la OMS recomienda el uso del IMC, que permite calcular rápidamente la corpulencia global. Pero el índice no tiene en cuenta la cantidad de músculo, grasa y agua. Algunos pueden tener un IMC superior a 30 «debido a» una gran cantidad de músculo. A la inversa, se puede tener un IMC «normal», pero tener un exceso de grasa.
Expatriarse a un país rico no te hace obeso
Vayamos al grano. Desmontemos algunas ideas preconcebidas. Retomemos el ejemplo de nuestro expatriado, ya familiarizado con las delicias culinarias de Tokio, de Nueva York o de Madrid. Las cifras muestran claramente que la obesidad afecta tanto a los Estados con altos ingresos como a los Estados con ingresos medios o bajos. Japón, Estados Unidos y España se consideran países con altos ingresos. Pero las tasas de obesidad revelan variaciones importantes: apenas un 5,5 % en Japón, frente al 16,1 % en España y el 42 % en Estados Unidos. La tasa observada en Japón es comparable a la de Bangladesh (5,4 %), país con ingresos medios, y de Burundi (5,2 %), país con bajos ingresos.
En realidad, no existe ninguna relación entre el nivel de ingresos del país al que te expatrías y el riesgo de contraer una enfermedad crónica relacionada con la nutrición. El estudio muestra incluso que esta enfermedad afecta a regiones particularmente expuestas a la pobreza. Así se pueden observar, en un mismo país, casos de desnutrición y de obesidad. Por un lado, el desempleo y la precariedad impiden acceder a buenos alimentos. Se lucha por comer a diario. No se tiene tiempo de verificar el índice glucémico de cada alimento. Por otro lado, se ha observado una modificación de la alimentación en un gran número de países. Los Estados han abandonado progresivamente su cocina tradicional por una comida barata, más rápida de consumir, pero perjudicial para la salud. Caso práctico con México «Coca-colizado». En los años 2010, México se convierte en el primer país consumidor de Coca-Cola. Un trofeo y consecuencias funestas: en 2013, la obesidad se convirtió en la primera causa de mortalidad en México. Hoy en día, el problema persiste.
Cocinas del mundo, equilibrio alimentario y presupuesto (ajustado)
¿Y si existiera una relación entre la globalización del mercado económico y la modificación de los hábitos alimentarios? ¿En qué podría verse afectado nuestro expatriado por estos fenómenos que le sobrepasan?
Para un cierto número de economistas, no hay duda. La liberalización del mercado económico contribuye a modificar los hábitos alimentarios… raramente para mejor. Retomando el ejemplo de México, observan que las tasas de sobrepeso y obesidad han aumentado cuando el país se integró al comercio internacional. Estados Unidos exportó masivamente sus productos alimenticios, productos a menudo ultraprocesados. En México, la Coca-Cola se impuso rápidamente como la bebida menos cara… Incluso era más barata que el agua.
Por supuesto, no se trata aquí de fustigar el comercio internacional. Los intercambios continuarán, al igual que las expatriaciones. ¿Cómo comer de forma equilibrada en el extranjero cuando no se tiene necesariamente el presupuesto para comprar regularmente productos frescos? Los estudiantes extranjeros y expatriados en situación de precariedad te lo dirán: aunque lo deseen, es difícil comer siempre de forma equilibrada cuando se lucha por llegar a fin de mes. Pero el aumento del poder adquisitivo no conduce necesariamente a mejorar el contenido del plato.
El mundo en tu plato
Pero ¿cómo llevar «el mundo a tu plato» conservando buenas prácticas alimentarias? Si la obesidad es una enfermedad compleja, es porque es multifactorial. El expatriado mira lo que hay en su plato, pero no solo eso. Los ritmos de las comidas en el país de acogida, actividad física regular y adaptada o sedentarismo, posibles picoteos, etc. Es el ritmo de vida el que debe analizarse con cuidado, para evitar los riesgos.
No obstante, recordamos que no se trata de privarse. El «cerebro de tu vientre» (tu estómago) podría hacértelo pagar tarde o temprano. Del mismo modo que se habla de una «luna de miel» del expatriado recién llegado a su país de acogida, se podría hablar de una «luna de miel» culinaria del expatriado que descubre los manjares locales. Esta «luna de miel» se reproducirá cada vez que el expatriado se tope con una novedad culinaria. No hay problema si la novedad es interesante desde el punto de vista nutricional.
Pero en realidad, tampoco hay problema si se trata de alimentos grasos y azucarados… siempre que se integren bien en tu rutina alimentaria. Es precisamente lo más difícil de hacer, sobre todo cuando nuestro día a día de expat ya está bastante cargado. Para motivarnos, podemos decirnos que buscar «el mundo en tu plato» es una aventura cotidiana. Si se tiene la costumbre de comer de forma equilibrada, se conservarán las mismas prácticas adaptándose a los productos locales. En caso contrario, la expatriación es el buen momento para adoptar buenos hábitos alimentarios. No olvidemos que comer también es un placer. Placer de descubrir una nueva cultura culinaria. Placer de compartir buenas comidas con otros expatriados, con locales. Placer de mezclar las culturas para construir tu «hogar» en el país de acogida.
Fuentes:
- The Economist - The obesity capitals of the world
- Condé Nast Traveller - The best cities for food in the world: Readers' Choice Awards 2025
- OMS - Obésité et surpoids
- Global Obesity Observatory - Ranking (% obesity by country)
- Dialogues Économiques - Les États-Unis ont-ils exporté leur taux d’obésité au Mexique ?
- Le Monde - La Coca-colisation nuit gravement à la santé



















