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Aprender el idioma local en el extranjero: ¿qué funciona realmente?

Aprender el idioma local en el extranjero© valeriygoncharukphoto / Envato Elements

A menudo se da por hecho que los expatriados se conforman con desenvolverse en inglés. Sin embargo, las investigaciones del proyecto LangPats, financiado por el Consejo Neerlandés de Investigación y desarrollado por la Universidad Erasmus de Róterdam y la Universidad de Leiden, apuntan en otra dirección: la mayoría quiere aprender el idioma del país de acogida y muchos se esfuerzan por conseguirlo. Los resultados también sugieren una estrecha relación entre el dominio de la lengua local y la satisfacción con la vida en el extranjero. Pero aprender un idioma va mucho más allá de estudiar gramática y vocabulario. En ese proceso influyen las políticas migratorias, las relaciones de pareja y amistad, el entorno laboral e incluso la reacción de los habitantes locales cuando un extranjero intenta hablar su idioma.

Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, el proyecto LangPats encuestó a expatriados occidentales en 44 países de Asia y Oriente Medio. Se les preguntó por su nivel de idioma según su propia valoración, sus ambiciones lingüísticas, el esfuerzo dedicado al aprendizaje, su perfil demográfico y su grado de satisfacción con la vida en el extranjero. Recibimos 3 212 respuestas, de las cuales 1 776 estaban completamente cumplimentadas, gracias en parte a la difusión que realizó Expat.com entre sus lectores. La mayoría residía en Japón, Taiwán, Corea del Sur, Tailandia, Indonesia, China y Vietnam. La mitad llevaba al menos cuatro años viviendo allí, y más de la mitad tenía intención de quedarse de forma indefinida. Posteriormente realizamos entrevistas en profundidad en Japón, Corea del Sur y Taiwán.

1. Aprender el idioma no garantiza la "integración"

En Occidente, hay una idea muy extendida sobre la migración: aprende el idioma y podrás integrarte. Está escrito en los exámenes de ciudadanía, en los cursos de integración cívica y en los debates públicos. Muchos expatriados occidentales llevan consigo esa idea cuando se instalan en otro país.

Sin embargo, no todas las sociedades entienden la migración y el asentamiento de esta manera. En Asia, por ejemplo, ser "local" es una cuestión de etnia más que de idioma, por lo que es posible que un extranjero nunca llegue a ser considerado plenamente integrado, independientemente del nivel de lengua que alcance. Algunos lo vivieron con una profunda frustración: habían invertido años en aprender el idioma y sentían que ese esfuerzo no era reconocido. El problema es que habían importado una concepción occidental de la migración y la integración, y la habían aplicado en un lugar y una sociedad donde esa idea resulta ajena. Los expatriados más satisfechos eran quienes habían aceptado que la integración, en su sentido occidental, no era posible allí. 

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2. Se aprende un idioma cuando importa de verdad

El patrón más claro que arrojan nuestros datos es que la percepción de la importancia del idioma impulsa el aprendizaje. Los expatriados que consideraban el idioma local muy importante y relevante para otros aspectos de su vida en el extranjero alcanzaron un nivel de competencia casi completo por encima en la escala del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER), por ejemplo, de A2 a B1, en comparación con quienes no lo valoraban así. Casi la mitad de ellos (47%) afirmó dedicar mucho esfuerzo al aprendizaje.

Naturalmente, lo que hace que un idioma sea importante varía enormemente de una persona a otra. Las pruebas de idioma exigidas en las políticas de residencia, las necesidades del día a día y el amor por la cultura local influyen en ello. El idioma puede ser la llave para acceder a estudios universitarios, al empleo, a más amistades o para comprender mejor la sociedad de acogida. Los expatriados con una enfermedad crónica o una discapacidad progresaron más que los demás, porque necesitaban el idioma para gestionar su atención sanitaria.

En Taiwán, el idioma era importante para los expatriados incluso cuando parecía no importarle a nadie más. Las normas de inmigración no exigen ningún nivel de mandarín, por lo que el apoyo gubernamental al aprendizaje es escaso. Algunos expatriados nos contaron que sus empleadores se negaban a pagar las clases, a menudo para preservar su imagen de personal "internacional". Lejos de rendirse, muchos se convirtieron en autodidactas y encontraron formas creativas, gratuitas y a menudo muy poco estructuradas de aprender en su tiempo libre. Deseaban haber recibido apoyo, o incluso que se les hubiera animado, a aprender.

Dado que aprender al menos algunas nociones del idioma local puede facilitar la adaptación de los expatriados y que son más productivos en el trabajo, a los empleadores les conviene fomentar el aprendizaje de idiomas. Esto debe plantearse como un incentivo, nunca como una imposición: las exigencias punitivas que aumentan la carga de trabajo solo alejan a los expatriados y hacen que un país o una empresa resulte menos atractivo para el talento internacional.

3. Los expatriados más satisfechos hablan mejor el idioma

Los expatriados más satisfechos con su vida en el extranjero suelen ser también quienes más han avanzado en el aprendizaje del idioma local: los más satisfechos avanzaron casi 2 niveles en la escala del MCER, frente a entre 1 y 1,5 niveles entre los menos satisfechos. 

El 60% de los encuestados estaba satisfecho o muy satisfecho con su vida en el extranjero, pero solo el 32% se sentía conectado con su comunidad de acogida. Al analizar los datos de la encuesta, pudimos puntuar los niveles de satisfacción sobre 15 y el sentido de conexión con la comunidad local sobre 18: 

  • Los expatriados más satisfechos eran hombres que vivían en China, Indonesia y Tailandia (12-12,5/15), así como expatriados estadounidenses, canadienses, franceses y neerlandeses (11,6-11,8/15). 
  • Los menos satisfechos eran los expatriados en Corea del Sur (10,7/15) y quienes se habían mudado al extranjero por su pareja (10,9/15). Estos grupos también eran los que menos conexión sentían (12,7/18 y 12,0/18).
  • Los australianos, estadounidenses y alemanes, así como los expatriados en Indonesia, Tailandia y Japón, eran quienes más conectados se sentían (13,5-13,9/15).

¿Los expatriados aprenden el idioma local porque se sienten más felices e integrados, o se sienten más felices e integrados porque han aprendido el idioma? Lo más probable es que funcione en ambos sentidos. Para los empleadores, la dirección importa menos que el resultado: una baja anticipada de un expatriado que no logra encontrar su lugar resulta muy costosa. 

4. A veces, los expatriados solo necesitan un compañero

La vida como expatriado es intensa y puede ser dura. El encuestado típico tenía 41 años, la mayoría trabajaba a jornada completa y más de una cuarta parte tenía hijos pequeños en casa. Rara vez se incorporan a grupos de amigos ya formados. No todo el mundo es extrovertido, y en algunas sociedades la jerarquía, la distancia social y las fronteras étnicas hacen que las amistades con locales tarden en consolidarse.

Con quién se convive marca la diferencia. Los expatriados en pareja con una persona local fueron quienes más aprendieron. Pero tener pareja local no es ninguna garantía: en Corea del Sur y Taiwán, muchas parejas simplemente usan el inglés en casa, aunque el expatriado quiera aprender el idioma.

Los entrevistados describieron la dificultad de encontrar personas con quienes practicar de verdad, incluso estando rodeados de hablantes nativos. Lo que muchos expatriados necesitan es un compañero de idioma: alguien con tiempo e interés para hablar con ellos a su ritmo, que tenga paciencia con los errores lingüísticos y que sirva de puente hacia la vida local más allá de la burbuja expatriada. Alguien capaz de resistir la tentación de pasarse al inglés por comodidad. Un programa estructurado de compañeros de idioma puede cubrir perfectamente esa necesidad. 

5. Muchos cursos de idiomas no se adaptan a los expatriados

La mayoría de los expatriados aprende por su cuenta. El 57% utilizó el autoaprendizaje, la mitad asistió a clases, un tercio recurrió a herramientas de inteligencia artificial y el 24% contrató a un tutor particular. El aprendizaje es, por tanto, en gran medida no estructurado, lo que quizás explique un resultado llamativo: el esfuerzo que dedica un expatriado al aprendizaje del idioma es solo un predictor débil de cuánto mejora realmente.

Cuando los expatriados buscaban clases, muchos se desanimaban. Los cursos solían ser en horario laboral, estaban llenos de estudiantes jóvenes y se centraban en superar exámenes oficiales. Los programas públicos de idiomas, allí donde existen, están a menudo diseñados para las necesidades de otros colectivos de migrantes. 

Lo que muchos buscan está claro: una enseñanza de calidad centrada en la comunicación real, en horarios compatibles con el trabajo y la familia, y junto a personas en situaciones similares a la suya. 

6. El mito del expatriado que no quiere aprender el idioma local

La imagen del británico, estadounidense o australiano monolingüe en el extranjero es muy persistente. Hay algo de verdad en ella: los hablantes nativos de inglés eran más propensos a afirmar que es fácil vivir en su país de acogida sin aprender el idioma local, y mostraban más ansiedad a la hora de hablarlo.

Pero también declararon dedicar más esfuerzo al aprendizaje, y aprendieron más. Los expatriados anglófonos mejoraron casi 2 niveles de competencia tras su llegada, frente a aproximadamente 1,5 niveles entre el resto de expatriados occidentales. Los empleadores no deberían dar por sentado que su personal angloparlante no tiene interés en el idioma local. Muchos están muy motivados, y los resultados lo demuestran.

7. Dar espacio a quienes todavía están aprendiendo el idioma

Aprender un idioma implica hablarlo con limitaciones durante mucho tiempo. Muchos locales no están acostumbrados a eso, y el 38% de los encuestados afirmó sentir ansiedad cuando habla el idioma local. 

En Taiwán, los entrevistados señalaron que los locales esperan que los extranjeros hablen mandarín a la perfección o que no lo hablen en absoluto. Cualquier punto intermedio generaba confusión: un tono equivocado o un error gramatical bastaba para que el interlocutor cambiara al inglés de inmediato. 

En Corea del Sur, algunos expatriados dejaron deliberadamente de aprender coreano más allá de un nivel intermedio, o evitaban que los demás supieran que habían alcanzado un nivel avanzado. Hablar con fluidez, explicaban, ya no te exime de las complejas normas de jerarquía social coreana expresadas a través de los honoríficos. Equivocarse en esos registros siendo un hablante fluido puede perjudicar seriamente tu vida social y profesional, lo que supone un freno importante en el proceso de aprendizaje del idioma para los expatriados en Corea.  

8. Expatriados LGBTQ+: bien preparados, pero con más ansiedad

Los participantes LGBTQ+ tenían más probabilidades de haber empezado a aprender el idioma antes de llegar (59%, frente al 48% de las personas no LGBTQ+). Sin embargo, también mostraban más ansiedad al hablar el idioma local (46%, frente al 36%), era menos probable que encontraran a los locales acogedores (61%, frente al 68%) y era más probable que afirmaran que un mejor dominio del idioma mejoraría su vida social (77%, frente al 67%).

Sentirse aceptado marcaba una diferencia clara. Los expatriados LGBTQ+ que se sentían conectados con la comunidad local progresaron más de un 50% más en el idioma que quienes se sentían menos conectados. En Corea del Sur, los encuestados LGBTQ+ reportaron mayor ansiedad al hablar y menos esfuerzo dedicado al aprendizaje, lo que puede reflejar el ritmo más lento de aceptación social y legal de las personas LGBTQ+ en ese país.

Para los empleadores, esto significa que la inclusión y el apoyo lingüístico van de la mano. El personal LGBTQ+ puede valorar especialmente los espacios para practicar el idioma sin tener que gestionar al mismo tiempo cómo será recibido.

9. ¿Dónde aprenden más idioma los expatriados?

Japón e Indonesia lideran el ranking, mientras que Vietnam y los países del Golfo se quedan a la cola. Japón registró la mayor mejora en expresión e comprensión oral, mientras que Corea del Sur mostró los mayores avances en lectura y escritura, favorecidos por el alfabeto hangul, relativamente fácil de aprender. Los progresos más modestos se dieron en Vietnam y en los países árabes del Golfo, donde los expatriados se trasladan principalmente por motivos laborales.

La siguiente tabla muestra el nivel medio de competencia lingüística alcanzado por los expatriados que llevaban al menos cuatro años viviendo en el país (autoevaluación basada en el MCER):

País de residencia

Expresión e comprensión oral

Lectura y escritura

Indonesia

B2

B1-B2

Japón

B2

B1

Taiwán

B1

A2

   

China

B1

A2

Corea del Sur

B1

B1

Tailandia

B1

A2

Malasia

A2

A2

Países de mayoría árabe (p. ej., Arabia Saudí, Egipto)

A2

A1

Vietnam

A2

A2

Países de minoría árabe (p. ej., Catar, Baréin)

A1

A1

También se pidió a los expatriados que puntuaran la dificultad de aprendizaje del idioma local en una escala del 1 (muy fácil) al 5 (muy difícil). El cantonés (4,39) y el jemer (4,27) fueron considerados los más difíciles de aprender, mientras que el malayo (2,55) y el indonesio (2,6) se llevaron la calificación de los más accesibles.

10. Algunos consejos prácticos

No existe una explicación única para entender por qué algunos expatriados aprenden el idioma local y otros no. Un trabajador del conocimiento en Tailandia sin requisito lingüístico en su visado, que trabaja en una empresa internacional y cuya pareja también es expatriada, tendrá un recorrido muy distinto al de alguien que se mudó a Japón por amor a su cultura, se casó con una persona local y necesita superar un examen de idioma para poder quedarse. Aun así, hay algunas lecciones que se repiten en toda la región.

Para los empleadores

  • Ofrece incentivos para aprender el idioma, como por ejemplo:
  1. permitir asistir a clases de idiomas en horario de oficina,
  2. cubrir los gastos de los cursos de idiomas,
  3. ofrecer bonificaciones por alcanzar un determinado nivel o abrir vías de desarrollo profesional vinculadas a las nuevas competencias lingüísticas.
  • Integra el aprendizaje del idioma en el proceso de reubicación y asentamiento, comenzando antes de la partida, e inclúyelo en los acuerdos laborales. Extiende el apoyo lingüístico a las parejas que acompañan al expatriado, incluido el personal LGBTQ+, ya que suelen ser quienes más aislados se sienten.
  • Evita la frustración de los expatriados por no sentirse "integrados" estableciendo expectativas realistas antes de la llegada sobre cómo entiende el país de acogida el asentamiento y el sentido de pertenencia.
  • Crea un programa de compañeros de idioma para poner en contacto a los expatriados con un local con quien quedar y tomar un café en el idioma del país.
  • Sensibiliza al personal local y ofrécele pautas concretas sobre cómo relacionarse con un expatriado que quiere aprender y usar el idioma, como por ejemplo:
  1. reservar ciertos momentos (por ejemplo, el almuerzo de los viernes) y espacios (por ejemplo, junto a la máquina de café) para usar exclusivamente el idioma local, y elegir temas que estén al alcance del nivel del expatriado. Un principiante puede hablar de lo que hizo el fin de semana, pero probablemente no del plan de pensiones de la empresa,

  2. tener paciencia y dejar espacio para los silencios mientras el expatriado busca cómo responder en el idioma, 

  3. entender que un uso incorrecto de los honoríficos no es una falta de respeto, 

  4. tener en cuenta el contexto general de la conversación para interpretar lo que el expatriado quiere decir cuando comete errores,

  5. adoptar como norma no reírse de los errores del expatriado, 

  6. en lugar de traducir una palabra directamente, ayudar al expatriado a encontrar el vocabulario a través del propio idioma que está aprendiendo, 

  7. evitar el uso de dialectos o argot con el expatriado,

  8. no hablar demasiado rápido,

  9. procurar que hable una sola persona a la vez, ya que el ruido excesivo dificulta el aprendizaje.

Para los expatriados

  • Empieza a aprender el idioma antes de llegar, aunque sea un poco: esto tiene un impacto real en el progreso posterior.
  • Define qué quieres conseguir con el idioma. Si la idea occidental de "integración" no encaja con tu realidad, suéltala. Puede que eso te haga más feliz. 
  • Busca compañeros de práctica, no solo un curso de idiomas.
  • Elige clases que se ajusten a tus objetivos, no las diseñadas para estudiantes que se preparan para exámenes.
  • No dependas solo de las aplicaciones. Pueden ser un apoyo útil, pero el contacto con la vida real es siempre lo que marca la diferencia.

Para escuelas de idiomas, ayuntamientos y ONG

  • Ofrece cursos prácticos y comunicativos que respondan a las necesidades lingüísticas específicas de los expatriados, que a menudo no pasan por presentarse a exámenes oficiales.
  • Programa las clases en horarios compatibles con la vida laboral de los adultos.
  • Asegúrate de que el ambiente en el aula sea inclusivo y refleje la diversidad del colectivo expatriado: hay quienes han sido enviados por su empresa, quienes son LGBTQ+, quienes viven solos y quienes tienen hijos.
  • Al igual que pueden hacer los empleadores, crea un programa de compañeros de idioma para poner en contacto a los expatriados con un local con quien quedar y tomar un café en el idioma del país.
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Nathan Albury-Garcés
Sobre el autor

El Dr. Nathan Albury-Garcés es investigador en multilingüismo en la sociedad y doctor por el Centro de Multilingüismo en la Sociedad a lo Largo de la Vida (MultiLing) de la Universidad de Oslo.

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