Gestionar las comidas en el extranjero: ¿a qué retos se enfrentan los expatriados?
Cocinar en casa o comer fuera
Permíteme empezar con algo de experiencia personal.
Antes de mudarme a China, me encantaba cocinar. Como estudiante con un presupuesto muy ajustado, la mayoría de mis comidas salían de mi propia cocina. Al llegar a China, intenté mantener esa misma dinámica, pero pronto me di cuenta de que no iba a ser tan sencillo. De repente me encontraba en un mundo con productos completamente distintos: incluso hacer la compra en Walmart acababa con botes de jalea de hierbas amargas y pan de molde con sabor a té verde en mi bolsa, nada de lo que estaba acostumbrado en casa.
Y aunque cocinar platos conocidos se había vuelto complicado, salir a comer era otra historia. La comida callejera estaba en todas partes, los restaurantes eran baratos y todo estaba buenísimo. Era imposible reproducir esos sabores en casa, así que me rendí a comer fuera y, con el tiempo, perdí casi por completo el hábito de cocinar.
Claro que esto no le pasa a todo el mundo. Pero para muchos expatriados que viven en países donde los restaurantes son asequibles y la oferta gastronómica exterior es buena, la tentación está ahí. Como apunta un expatriado en nuestro foro de Bulgaria: "Como mi mujer trabaja y yo estoy jubilado y no cocino demasiado, solemos comer bastante fuera. Tenemos suerte de tener un restaurante de barra a dos minutos de casa, que cuesta la mitad que muchos otros sitios y sirve una gran variedad de platos recién hechos. Como fuera casi todos los días... normalmente una shopska (ensalada búlgara) de primero y algún plato de carne de segundo, regado con lo que haya de barril".
Los expatriados en Estados Unidos, en cambio, cuentan una historia muy diferente.
Varios expresan preocupación por la calidad de la comida en los restaurantes. La opinión generalizada es que se usan muchos ingredientes procesados, los platos tienden a ser muy grasos y las raciones son enormes.
Uno de ellos lo resume así en nuestro foro de EE. UU.: "En general, la comida de los restaurantes estadounidenses, dependiendo también de la zona donde vivas, es un veneno. Si te preocupa comer sano, independientemente del precio, deberías plantearte seriamente cocinar en casa, que es lo que hago yo en la mayoría de los casos".
Y aunque pueda sonar exagerado, los datos respaldan esta afirmación. Un análisis nacional de los menús de cadenas de restaurantes en EE. UU. reveló que más de la mitad de esos platos no cumplían los criterios de la Asociación Americana del Corazón (AHA) en cuanto a calorías, grasas totales, grasas saturadas, colesterol y sodio. Además, un informe reciente de los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) señala que los alimentos ultraprocesados representan más de la mitad de la ingesta calórica de los estadounidenses.
Y esto nos lleva al siguiente punto.
Alimentación saludable y seguridad alimentaria en el extranjero
Cocinar en casa suele considerarse una opción más saludable que comer en restaurantes, sobre todo cuando llevas poco tiempo en el país y todavía no conoces bien la cocina local. A veces se trata simplemente del miedo a lo desconocido, pero en muchos casos los expatriados tienen motivos reales para desconfiar de la comida de fuera.
Vietnam ha registrado recientemente un aumento de intoxicaciones alimentarias y casos de intoxicación por metanol relacionados con la comida callejera; Brasil vivió una serie de intoxicaciones graves en bares y restaurantes; y en septiembre del año pasado, cerca de 200 personas enfermaron tras consumir platos elaborados con harina de trigo sarraceno contaminada durante un festival en Delhi.
Ahora bien, los problemas de seguridad alimentaria no se limitan a un mal plato de curry en un puesto callejero dudoso. En algunos países, los expatriados descubren que esas preocupaciones llegan hasta el propio carro de la compra.
Un informe reciente sobre seguridad alimentaria en China reveló que más de 60 000 lotes de productos analizados en todo el país superaban los niveles permitidos de contaminación por pesticidas, contaminación microbiana y aditivos alimentarios.
Los expatriados en nuestro foro de Marruecos también expresan inquietudes sobre la seguridad de los alimentos: "Dependiendo de dónde estés, puede ser difícil comprar productos frescos con total garantía. Las normas sobre pesticidas no se respetan a menudo en África, así que hay que limpiar bien con bicarbonato alimentario. En cuanto a la carne, ya lo he comentado en otro post. El organismo de seguridad alimentaria aquí es prácticamente inexistente, solo un nombre y una oficina. Ha habido casos de contaminación, incluidas muertes en Marrakech relacionadas con un local que usaba mayonesa en mal estado. Más recientemente, algunos quesos muy conocidos en Francia resultaron contener sustancias nocivas. Esos productos se fabrican en Marruecos bajo las mismas marcas francesas".
En otros países, el problema suele ser la disponibilidad y el precio de los productos ecológicos. Los alimentos orgánicos cuestan bastante más que los convencionales, y los gastos de cocinar lo que uno conoce con ingredientes frescos pueden dispararse con facilidad.
"Cuando llegué a EE. UU., me sorprendió lo baratas que eran algunas cosas: el pan, el queso, el yogur, que en China son caros. Pero luego me di cuenta de que la calidad dejaba mucho que desear. El pan que compraba nunca se ponía malo... estaba lleno de aditivos. En cuanto empecé a comprar en Whole Foods, mis gastos diarios se dispararon", cuenta Lin, una expatriada china en San Diego.
Otra expatriada de Vietnam comparte su truco: "Estoy acostumbrada a comer todo fresco. No soporto la fruta y la verdura envasada. Por eso compro todo en un mercado vietnamita de mi barrio. Es mucho más barato, todo sabe mejor y encuentro todos los ingredientes que necesito para mis platos favoritos".
Hay países donde moverse en el terreno gastronómico resulta más fácil que en otros, y muchos de ellos están en Europa. El acceso a productos frescos, las estrictas normativas de seguridad alimentaria y unas cocinas generalmente muy apetecibles tienen mucho que ver. Seguir una dieta mediterránea en Italia o disfrutar del marisco fresco en España y Portugal sería probablemente una transición bienvenida para la mayoría de los expatriados. Dicho esto, puede que te encuentres con algún que otro obstáculo a la hora de buscar ingredientes concretos.
Como comparte un expatriado en nuestro foro de Portugal: "Al principio tuvimos algunos problemas para encontrar ciertos ingredientes o alimentos que no se venden en los supermercados normales porque, al parecer, los portugueses no los consumen. Por ejemplo, nos sorprendió descubrir que los portugueses no comen mazorca de maíz, ni cocida ni asada. Antes había vivido en Rumanía, China, Hong Kong y Canadá, y en todos esos sitios la gente come mazorca, así que daba por hecho que aquí también. Pues no".
Restricciones dietéticas y preferencias alimentarias
Para los expatriados con restricciones dietéticas (diabetes, intolerancia a la lactosa, alergias alimentarias, etc.) o preferencias concretas (vegetarianismo, dieta sin gluten, keto, etc.), la cosa se complica todavía más.
Lo primero con lo que puedes toparte es con un problema de disponibilidad. En algunas cocinas, encontrar platos veganos o incluso vegetarianos puede ser todo un reto. En otras, llevar una dieta sin gluten puede resultar bastante problemático. También puede surgir el tema del etiquetado: en ciertos países las etiquetas son poco claras o inconsistentes, y hacer preguntas detalladas en los restaurantes puede ser difícil por la barrera del idioma. En otros, las restricciones dietéticas sencillamente no están muy extendidas ni se toman demasiado en serio.
Anna, que sigue una dieta vegana, cuenta su experiencia viviendo en Japón:
"Soy vegana y, aunque la comida japonesa es increíble, tardé meses en darme cuenta de cuántos platos llevan caldo de pescado o de carne. Incluso los que parecen vegetarianos muchas veces no lo son. Al final acabé cocinando mucho más de lo que esperaba, aunque eso sí, me ahorré bastante dinero".
Comer lo de siempre puede salir caro
Y sí, mantener la dieta que quieres, usar los ingredientes que conoces y darte el capricho de esas comidas reconfortantes que tanto necesitas a veces en el extranjero puede costar bastante. Esto se nota especialmente entre los expatriados que viven fuera de Europa o Norteamérica, en países donde los productos occidentales son artículos de nicho o de lujo.
Mike, expatriado de larga trayectoria en Tailandia, lo explica así: "La comida local es increíblemente barata; los 7-Eleven son geniales para picar algo rápido. Pero en cuanto quieres queso, aceite de oliva o pan de verdad, los precios se disparan. Cocinar platos occidentales en casa puede salir fácilmente más caro que comer todos los días en un restaurante local. Mi consejo: aprende a querer la comida tailandesa, que no es difícil".




