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Burnout en jóvenes: ¿irse al extranjero para sentirse mejor?

joven hombre estresado
YuriArcursPeopleimages / Envato Elements
Escrito porAsaël Häzaqel 31 Marzo 2026

¿Dejarlo todo para empezar de cero en el extranjero? La OMS no deja de alertar al mundo: en 2025, los trastornos de salud mental afectaban a más de mil millones de personas. Los jóvenes activos son especialmente vulnerables y están sometidos a una presión cada vez mayor. Se les exige trabajar más, superarse constantemente. Ellos reclaman una "pausa" indispensable para vivir mejor. ¿Y si la expatriación fuera la solución contra el burnout?

¿Hay que expatriarse para evitar el burnout? ¿Hay que cambiarlo todo: dejar la empresa, cambiar de sector y reconvertirse profesionalmente, mudarse a otro país?

Los jóvenes expats frente al burnout

La Generación Z y sus predecesores inmediatos, los millennials, están más estresados que las generaciones anteriores. El mundo atraviesa un momento difícil y el futuro se vuelve cada vez más incierto. Expatriarse empieza a verse como una solución casi milagrosa: dejarlo todo para empezar de cero en otro lugar, en un entorno mejor. Muchos se imaginan la vida en el extranjero tal como aparece en las fotos idílicas que inundan las redes sociales. Algunos jóvenes trabajadores lo cuentan en primera persona: «Lo dejé todo para vivir mi mejor vida en el extranjero». «Las cosas ya no me iban bien en el trabajo. Me dije: ¿para qué quedarme? Y ya que iba a cambiar de empresa, me fui directamente a otro país.»

¿Pueden estos testimonios convertirse en una realidad generalizable? Porque al mismo tiempo, abundan otros relatos, más numerosos, de jóvenes expatriados que se han topado de bruces con el burnout. El agotamiento profesional de los trabajadores en el extranjero sigue siendo un fenómeno poco estudiado. La expatriación, a veces, se sobrestima. Cambiar de entorno puede ayudar a sentirse mejor, siempre que uno tenga los medios para hacerlo, pero al mismo tiempo son muchos los expatriados que, en plena depresión o burnout, se sienten profundamente solos. De ahí la importancia de consultar a un médico, ante todo.

Cuando el viaje se convierte en terapia

El concepto de travel therapy ha ganado cada vez más adeptos. La idea es sencilla: viajar en un entorno de bienestar y calma. La expatriación podría seguir la misma lógica, siempre que el estado psicológico y físico de la persona lo permita. Un viaje emprendido en plena depresión mayor, por ejemplo, resultaría contraproducente.

No existe, por tanto, ninguna solución milagrosa, y sus beneficios varían mucho de un expat a otro. Dicho esto, sigue siendo cierto que un cambio de entorno puede ayudar a poner las cosas en perspectiva y a tomar un nuevo rumbo. Dado que el burnout es una forma de depresión ligada al trabajo, agotamiento profesional, un cambio radical de contexto y de estilo de vida podría aliviar los síntomas, siempre que el expatriado esté en condiciones de viajar. Si el tema es tan delicado, es porque los trastornos psicosociales representan un verdadero problema de salud pública a escala mundial.

Una mini-jubilación en el extranjero para recargar pilas

¿Y si la solución fuera hacer una pausa en el extranjero para retomar el camino con más energía? Entre la Generación Z y los millennials, el concepto de «mini-jubilación» está dando cada vez más que hablar. Buen ejemplo de ello es el éxito que tuvo la propuesta de la «mini-jubilación» ideal en Malasia: una casa que acogería a jóvenes trabajadores de todo el mundo y les ofrecería un mes completo de descanso por unos pocos cientos de dólares. El anuncio, que tenía más de ficción que de realidad, tiene al menos el mérito de poner el foco en los problemas psicosociales de los jóvenes trabajadores. Sin embargo, la solución que propone, de existir realmente, solo resolvería la mitad del problema. En el mejor de los casos, sería un concepto de vacaciones más, aprovechando la creciente búsqueda de bienestar.

La mini-jubilación en el extranjero tiene su interés, no obstante, sobre todo cuando va acompañada de una reflexión sobre el proyecto de expatriación, la profesión elegida, la organización del trabajo, etc. Bien planificada, puede favorecer una vuelta serena al entorno profesional, ya sea el de antes o uno nuevo hacia el que se esté orientando uno. Pero, una vez más, todo depende del expat y de su estado mental y físico.

Generación Z y burnout: ¿cómo está evolucionando la situación?

El 21 de marzo de 2024, LinkedIn publicó un estudio de la aseguradora de salud internacional Cigna sobre el burnout entre los trabajadores de la Generación Z (nacidos entre finales de los años noventa y principios de la década de 2010). Según dicho estudio, el 98 % de los trabajadores de la Gen Z afirma experimentar síntomas de agotamiento profesional. Una tendencia que ya era preocupante antes de 2020, pero que se ha agravado desde la crisis sanitaria. Otro estudio realizado por UKG, empresa de recursos humanos, llega a cifras similares. Según el informe, el 83 % de los jóvenes trabajadores de la Generación Z sufre agotamiento profesional, y más de uno de cada tres reconoce que podría dejar su empleo a causa del burnout. La generación anterior, la de los millennials, también se ve afectada por este aumento del agotamiento laboral.

Un informe del grupo belga Les Mutualités Libres, publicado el 9 de diciembre de 2025, llega a la misma conclusión: los jóvenes de entre 18 y 34 años están más expuestos al burnout y a otros trastornos psicosociales. Para los autores del estudio, se trata de una tendencia generacional que no solo se observa en Bélgica, sino también en el resto del mundo.

Las conclusiones de estos estudios apuntan en la misma dirección: los trabajadores de la Generación Z y los millennials están más estresados y tienen más riesgo de sufrir burnout que las generaciones anteriores. Esta presión no se atenúa con el paso del tiempo, sino que, al contrario, tiende a intensificarse. Lo más inquietante es que el riesgo de burnout aparece desde el mismo momento en que los jóvenes se incorporan al mercado laboral. ¿Significa esto que los jóvenes trabajadores de hoy son psicológicamente más vulnerables que sus predecesores?

Generación Z y burnout: ¿cuáles son las causas?

Cuando hablamos de «fragilidad psicológica», no hay que confundirla con «debilidad de carácter» ni con una actitud victimista. Al contrario de lo que ciertos tópicos sugieren, los jóvenes trabajadores de hoy quieren trabajar, hacer carrera y desarrollarse tanto profesional como socialmente. Pero la coyuntura actual les cierra muchas puertas: ahí es donde reside esa fragilidad psicológica. Muchos jóvenes en el mundo se incorporan al mercado laboral cargando ya con un bagaje pesado: precariedad, problemas de vivienda, varios empleos a la vez para llegar a fin de mes, préstamos universitarios que devolver… No es fácil entrar con tranquilidad en el mundo laboral en esas condiciones.

Esta fragilidad psicológica puede explicarse, por tanto, por un contexto mundial cada vez más asfixiante. La competencia en el mercado laboral internacional es cada vez más feroz. Las restricciones migratorias, más estrictas en los principales destinos de expatriación, condicionan los proyectos de vida en el extranjero. Lejos de ser un episodio pasajero, la «crisis» económica se ha convertido en el pan de cada día de numerosos países, incluso de aquellos que se consideran en pleno empleo. La inseguridad se ha vuelto cotidiana para muchos veinteañeros y treintañeros: inseguridad ante la vivienda, el empleo, el futuro.

Este pesimismo «global» se cuela también dentro de las propias empresas y puede, a pesar de las diferencias culturales, deteriorar las relaciones profesionales. Los estudios de Cigna y UKG señalan un entorno laboral cada vez menos saludable. Según el informe de UKG, el 74 % de los jóvenes trabajadores considera que las interacciones laborales han perjudicado su salud mental.

¿Hay que reconvertirse en el extranjero para estar mejor? Algunos sostienen que los jóvenes de entre 18 y 34 años son menos atrevidos que las generaciones anteriores. Las causas serían las mismas que afectan a su salud mental: una coyuntura desfavorable que empuja a priorizar la seguridad. El pragmatismo por encima de todo. Se eligen estudios que permitan conseguir un «buen trabajo» en lugar de seguir las propias pasiones. Sin embargo, en sentido contrario, otra tendencia emerge entre estos mismos jóvenes, sobre todo desde la pandemia: hacer realidad sus sueños de expatriación, aunque conlleven riesgos. Para ellos, ejercer una profesión que les apasione es precisamente una de las mejores armas contra el burnout.

Entre estas dos posturas surge una pregunta: ¿hay que reconvertirse profesionalmente en cuanto las cosas van mal en el trabajo? ¿Cómo saber si uno ha tomado el camino correcto al expatriarse? Cambiar de país y de empresa es una decisión radical que merece reflexionarse con calma. Siempre es posible reconvertirse en el extranjero: se puede dar un giro radical de sector o mantenerse en un ámbito cercano al anterior. Eso sí, conviene verificar que existen salidas profesionales reales en el país de destino elegido. ¿Habrá que obtener nuevas titulaciones? ¿Formarse de nuevo? ¿Montar un negocio propio porque el mercado todavía no existe?

Si bien al principio la expatriación puede percibirse como una forma efectiva de cambiar de aires, no debería considerarse una solución en sí misma. Irse al extranjero puede verse más bien como un trampolín hacia una vida mejor. Una vez allí, inmerso en un mundo que uno descubre poco a poco, también se descubre a sí mismo. Y cuando el dinero frena los proyectos de expatriación, siempre es posible recrear «ese otro lugar» sin alejarse demasiado de casa. Los expatriados y los locales que se enfrentan al burnout comparten sus ideas al respecto: realizar actividades manuales juntos, aunque no se domine al cien por cien el mismo idioma, puede ayudar a sentirse mejor. Al centrarse en un proyecto común, uno recupera la autoestima, aprende a compartir y redescubre la solidaridad: elementos esenciales para volver a encontrar el equilibrio.

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Asaël Häzaq, editor web especializado en noticias políticas y socioeconómicas, observa y descifra las tendencias de la economía internacional. Con su experiencia como expatriada en Japón, ofrece consejos y análisis sobre la vida del expatriado: elección de visa, estudios, búsqueda de empleo, vida laboral, aprendizaje del idioma, descubrimiento del país. Titular de un Máster II en Derecho - Ciencia Política, también ha experimentado la vida como nómada digital.

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