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Por qué la doble nacionalidad atrae a cada vez más expatriados

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Por qué cada vez más expatriados optan por la doble nacionalidad© nblxer / Envato Elements

Para muchos expatriados, solicitar la nacionalidad del país de residencia es un paso que llega tras varios años de vida en el lugar. Una vez que la instalación se vuelve duradera, la pregunta acaba imponiéndose: ¿vale la pena dar el salto? Durante mucho tiempo considerada una decisión de gran peso, la doble nacionalidad vive hoy un auge en numerosos países. Los investigadores que han estudiado el tema muestran que las motivaciones son múltiples, y van desde aspectos puramente prácticos hasta la necesidad de asegurar un futuro que a veces se percibe como incierto.

La doble nacionalidad o la ciudadanía múltiple: un cambio profundo de percepción

Durante mucho tiempo, la doble nacionalidad fue vista con desconfianza, explica Peter John Spiro, profesor y jurista estadounidense, en su obra Multiple Citizenship.

En el siglo XIX y hasta bien entrado el XX, pertenecer a dos países se consideraba a menudo una fuente potencial de "conflictos de lealtad" o de fricciones diplomáticas, señala Peter J. Spiro. Por eso, muchos gobiernos animaban a los nuevos ciudadanos a renunciar a su nacionalidad de origen.

Esta visión ha cambiado radicalmente en las últimas décadas. Con la intensificación de los flujos migratorios internacionales, la globalización y el crecimiento de las diásporas, la mayoría de los Estados ha optado progresivamente por tolerar e incluso fomentar la doble nacionalidad, al ver en ella una oportunidad para mantener y estrechar vínculos económicos, culturales y políticos con otros países.

Esta evolución supone un verdadero cambio de paradigma, precisa el jurista: la doble nacionalidad ya no se percibe como una anomalía, sino cada vez más como el reflejo de un mundo interconectado.

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Las naturalizaciones en aumento: las cifras clave

Los datos disponibles muestran que adquirir una nueva nacionalidad se ha convertido en un trámite cada vez más habitual en numerosos países.

En el seno de la Unión Europea, más de 1,1 millones de personas obtuvieron la nacionalidad de un Estado miembro en 2023, lo que supone un incremento del 6,1 % respecto al año anterior, según Eurostat. La tendencia continuó en 2024, con cerca de 1,2 millones de naturalizaciones, una cifra sin precedentes que confirma el auge del fenómeno.

El Reino Unido registra una evolución similar. Según el censo de 2021, el 2,1 % de los habitantes de Inglaterra y Gales posee más de una nacionalidad, frente al 1,1 % de una década antes. En tan solo diez años, la proporción de personas que han optado por conservar su nacionalidad de origen al mismo tiempo que adquirían la británica prácticamente se ha duplicado.

En Estados Unidos, la doble nacionalidad también está lejos de ser algo marginal. Según una encuesta de YouGov publicada en 2024, el 6 % de los estadounidenses declara tener al menos dos nacionalidades.

Cabe señalar que no resulta sencillo conocer con precisión cuántas personas poseen doble nacionalidad en el mundo, ya que la mayoría de los Estados no exige a sus ciudadanos que declaren si tienen otra. Al gestionar cada país sus propios registros sin coordinación internacional, no existe ninguna base de datos mundial que permita contabilizar a los dobles nacionales. Las estimaciones disponibles se basan, por tanto, fundamentalmente en censos nacionales, encuestas e investigaciones académicas.

¿Por qué tantos expatriados buscan obtener la doble nacionalidad?

El valor del pasaporte de origen influye en las motivaciones

Las razones para adquirir una segunda nacionalidad son variadas, como puede comprobarse. Sin embargo, una de las conclusiones más interesantes de los trabajos del sociólogo Yossi Harpaz en Citizenship 2.0: Dual Nationality as a Global Asset es que las motivaciones varían considerablemente según el valor del pasaporte que se posee de origen.

Las personas procedentes de países cuya ciudadanía ofrece una libertad de circulación limitada buscan con frecuencia una "ciudadanía compensatoria" (compensatory citizenship). Esta les permite acceder con mayor facilidad a otros países, ampliar sus perspectivas profesionales y brindar más oportunidades a sus hijos.

A la inversa, cuando las ventajas prácticas ya están en gran medida garantizadas gracias a un pasaporte considerado "poderoso", las motivaciones se vuelven más matizadas. Las investigaciones de Harpaz muestran que, en estos casos, la segunda nacionalidad puede responder más bien a una necesidad de seguridad a largo plazo, constituir un legado transmitido a las generaciones siguientes o adquirir una dimensión simbólica e identitaria.

Un segundo pasaporte: un "activo global"

Este es un punto de inflexión importante: según Yossi Harpaz, la segunda nacionalidad se ha convertido hoy en un verdadero "activo global". Funciona como una especie de seguro frente a los imprevistos de la vida: crisis política, dificultades económicas, conflictos, cambios en la legislación migratoria o inestabilidad institucional.

Según sus investigaciones, muchas personas solicitan una segunda nacionalidad porque, ante todo, quieren disponer de libertad de elección. Tener un segundo pasaporte significa contar con una salida alternativa si las circunstancias llegaran a cambiar.

Esta idea de "ciudadanía de seguro" (insurance citizenship) aparece en numerosos testimonios. Emily, una estadounidense entrevistada por CNN, cuenta que su marido, con derecho a la nacionalidad alemana a través de su madre, nunca había iniciado los trámites necesarios. Tras los recientes cambios políticos en Estados Unidos, la pareja decidió finalmente consultar a un abogado especializado y poner en marcha el proceso. Su objetivo es ofrecer a su familia una auténtica "puerta de salida" si la situación llegara a deteriorarse.

Dar reconocimiento a una identidad que se ha vuelto múltiple

El jurista Peter J. Spiro subraya, por su parte, que la doble nacionalidad responde también, en muchos casos, a una necesidad de reconocimiento identitario. Para muchos expatriados asentados desde hace tiempo en su país de acogida, obtener la nacionalidad local representa la culminación natural de un recorrido vital. Tras haber construido allí su carrera, formado una familia o visto crecer a sus hijos, desean que su situación jurídica refleje por fin su realidad cotidiana.

Según Spiro, la doble nacionalidad ya no se percibe como un "conflicto de lealtad", sino como el reflejo de un mundo en el que las trayectorias personales se construyen entre varios países.

El resto de razones de orden práctico siguen siendo, por supuesto, plenamente válidas: la naturalización permite, entre otras cosas, consolidar de forma duradera una situación al garantizar un derecho de residencia permanente, sin depender de la renovación de un visado o de un permiso de residencia.

Conviene tener en cuenta que la doble nacionalidad conlleva también obligaciones. Según los países implicados, un binacional puede estar sujeto a deberes en cada uno de sus Estados de nacionalidad, especialmente en materia fiscal, de servicio militar (cuando este aún existe) y de trámites administrativos.

En lo que respecta a los impuestos, el caso de Estados Unidos es bien conocido y fuente de quebraderos de cabeza para algunos. Si tienes la nacionalidad estadounidense, estás obligado a presentar una declaración fiscal ante la administración del país, aunque ya no residas en él.

¿Qué países rechazan la doble nacionalidad o exigen a sus ciudadanos que elijan?

Hoy en día, aproximadamente el 75 % de los Estados del mundo acepta o tolera la doble nacionalidad, cuando hace apenas unas décadas solo lo hacía una minoría. Francia, Canadá, Estados Unidos, el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Italia, Irlanda o Bélgica se encuentran entre los países que la permiten. Las modalidades de adquisición varían, no obstante, de un Estado a otro y dependen a menudo de la vía de acceso a la nacionalidad, ya sea por nacimiento, filiación, matrimonio o naturalización.

Sin embargo, un reciente artículo de CNN advierte que, en el actual panorama político, la tendencia podría volverse en contra de la doble nacionalidad. En 2025, varios países europeos han endurecido las condiciones para obtener la nacionalidad por filiación, así como las normas que rigen los programas conocidos como "pasaportes dorados", que conceden la ciudadanía a inversores adinerados.

Algunos países limitan de forma muy clara, o directamente rechazan, la doble nacionalidad. He aquí algunos ejemplos:

China no reconoce la doble ciudadanía y considera que un nacional que adquiere voluntariamente una nacionalidad extranjera pierde automáticamente la china.

India tampoco permite a sus ciudadanos tener una segunda nacionalidad, aunque ofrece el estatus de Overseas Citizen of India (OCI), que otorga ciertos derechos sin conferir la ciudadanía.

Singapur aplica igualmente una política restrictiva e impone, en la mayoría de los casos, renunciar a la nacionalidad de origen en el momento de la naturalización.

Japón permite ciertas situaciones de doble nacionalidad en el momento del nacimiento, pero la legislación prevé en principio que las personas afectadas elijan una sola nacionalidad al llegar a la edad adulta.

Por último, Austria se encuentra entre los países europeos más restrictivos: la doble nacionalidad solo está admitida en un número limitado de situaciones previstas por la ley, en particular para ciertas adquisiciones por nacimiento o cuando se ha concedido una autorización para conservar la nacionalidad antes de adquirir otra ciudadanía.

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Helena Delbecq
Sobre el autor

Licenciada por el Ministerio de Educación francés y Máster II en Política lingüística, he tenido la oportunidad de vivir en Japón y China, y actualmente resido en Alemania. Mis actividades giran en torno a la redacción, la docencia y la gestión de programas.

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