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Choque cultural en la mesa: cómo ayudar a tus hijos a adaptarse a la nueva comida

chica comiendo un bocadillo
bongkarnThanyakij / Envato Elements
Escrito porNatallia Slimaniel 06 Mayo 2026

Imagina que el colegio de tu hijo prohíbe la comida basura en la cafetería. Suena bien, ¿verdad? Pero ¿qué pasa si además empiezan a controlar lo que le metes en la fiambrera? Nada de bebidas azucaradas, snacks procesados, fritos ni dulces. Esos pequeños caprichos que le ponías para animarle, o ese snack de casa que tanto le gusta, ya no están permitidos. No es una situación imaginaria, sino la realidad que viven los padres en Abu Dabi.

El emirato acaba de dar un giro radical a la vida escolar: la comida basura está prohibida. La medida afecta tanto a los colegios públicos como a los privados, incluidos los internacionales. Y plantea una pregunta que vale la pena hacerse: ¿qué están comiendo realmente nuestros hijos? Sobre todo cuando nadie los está mirando.

De la fiambrera al choque cultural

La comida suele ser uno de los primeros choques culturales para los expatriados que se instalan en otro país. Pero como adultos, tendemos a quejarnos un poco y a adaptarnos bastante. Con nuestros hijos, en cambio, somos mucho menos flexibles. Muchos padres tienen hoy opiniones muy firmes sobre lo que deben comer sus hijos: algunas son puramente culturales, otras responden a lo que entendemos por alimentación saludable. Pero seamos sinceros: el concepto de lo que es sano ha cambiado muchísimo, y sigue cambiando. En enero de 2026, la pirámide alimentaria se dio la vuelta para dar prioridad a las proteínas y las grasas por encima de los carbohidratos.

Y si crees que la idea de lo que deben comer los niños es más o menos la misma en todo el mundo, tampoco es algo en lo que puedas confiar.

En Japón, por ejemplo, los almuerzos escolares, conocidos como kyūshoku, son equilibrados y están muy bien organizados. Un menú habitual incluye arroz o fideos, pescado o carne a la plancha, verduras, sopa y leche. Los alumnos suelen comer juntos en el aula y se les anima a dejar el plato limpio.

En Suecia, el almuerzo escolar es gratuito para todos y sigue unas pautas nutricionales muy estrictas: granos integrales, azúcar mínima y mucha proteína. La bebida por defecto es... el agua.

Estados Unidos es conocido por un enfoque muy distinto. Las cafeterías escolares ofrecen una libertad total: pizza, hamburguesas, pasta... junto a opciones más saludables como ensalada de col o filete. Las fiambreras también son muy populares: hay todo un nicho en TikTok dedicado a padres que preparan tuppers elaboradísimos o de lo más simples para sus hijos, con secciones de comentarios a la altura. Y aunque existen directrices nutricionales aprobadas, muchos colegios y familias prefieren mantener cierta flexibilidad.

En Francia, el almuerzo escolar es una comida sentada de varios platos, que suele incluir entrante, plato principal, queso y postre.

Dicho esto, yo me encuentro ahora mismo en Argelia, y aquí los niños pueden comer prácticamente lo que quieran. Los snacks escolares suelen incluir un paquete de galletas, leche chocolateada, zumos de tetrabrik y yogures azucarados.

Niños expatriados y una nueva dieta

Para los hijos de expatriados, el tema de la comida y el almuerzo escolar suele ser bastante complicado. Seas mayor o pequeño, la comida es muchas veces sinónimo de consuelo. En momentos de estrés, en particular, recurrimos a lo que llamamos "comida reconfortante": algo fácil y familiar.

Para los niños que ya están pasando por un proceso de adaptación intenso tras una mudanza, la comida puede ser ese ancla tan necesaria a lo conocido. Pero entonces van al colegio y se encuentran con otro cambio más: alimentos que no reconocen, combinaciones de sabores que les resultan extrañas, compañeros que compran meriendas completamente distintas... Todo eso puede llegar a ser demasiado.

La manera en que los niños suelen hacer frente a estos grandes cambios sigue dos patrones muy definidos: o bien se lanzan de cabeza a los alimentos locales "divertidos" siguiendo el ejemplo de sus compañeros, o bien se atrincheran en lo que conocen y prefieren, la comida de casa y el tupper. Cualquiera de estos dos extremos puede ser bastante difícil de gestionar para los padres.

Entonces, ¿qué hacer?

Cómo gestionar la alimentación de los niños en el extranjero

Para muchos expatriados, este proceso es puro ensayo y error. No existe una respuesta ni una solución única. Los niños son distintos entre sí, y los países también. Mientras que algunos se adaptan a los nuevos alimentos casi de inmediato, otros nunca llegan a aceptar del todo el nuevo estilo de vida. Mucho dependerá también de la edad de tus hijos.

"Cuando nos mudamos de Brasil a China, nuestra hija tenía tres años. En Brasil nos gustan los dulces y la bollería para desayunar. El pão de queijo (*pan de queso) es imprescindible, junto con mucha fruta y yogures. Nuestra hija empezó en un jardín de infancia en China, y allí el desayuno es, sin ánimo de ofender, bastante soso, al menos para los más pequeños. Algo de gachas de arroz con agua y bollos al vapor. Pensé que iba a ser un problema, pero a nuestra hija los bollos al vapor le recordaban al pão de queijo de casa, así que le encantaron. Al parecer, lo que importaba era el aspecto", cuenta Paula, una expatriada brasileña en China.

Para otros, la adaptación no es tan sencilla. Como lo expresa Winston, un exexpatriado estadounidense en China: "Volvimos a Phoenix durante la pandemia. Mis hijos tenían 10 y 13 años y habían vivido toda su vida en China, con solo alguna visita corta a Estados Unidos. En cuanto a la comida, fue un cambio importante también para mi mujer (*la mujer de Winston es china). En China se le da mucha importancia a que todo sea fresco. Antes de volver, mis hijos no habían visto nunca una bandeja de comida precocinada. Claro que, cuando empezaron el colegio, comenzaron a comer de otra manera. Al principio la comida no les sentaba bien; incluso tuvieron algún pequeño problema de estómago. Mi mujer insistió en cocinar comida china en casa todos los días, y tardamos unos meses en encontrar una rutina: se les permite algún snack de comida rápida en el colegio, pero en casa comen como siempre".

En muchos de nuestros artículos sobre adaptación alimentaria, Estados Unidos aparece con frecuencia. Parece que, aunque los alimentos ultraprocesados y la comida rápida resultan atractivos en películas y anuncios, muchos expatriados de otras partes del mundo tienen dificultades con la calidad y los precios de los alimentos. Y cuando se trata de la dieta de los niños, los padres suelen ser especialmente exigentes.

¿Qué pueden hacer los padres?

Lo primero que destacan muchos padres es que, con el tiempo, las cosas acaban encajando. El problema es que probablemente no ocurrirá en el plazo que tienes en mente. Tu hijo puede pasar por todas las etapas de la vida expatriada en lo que respecta a la comida: desde la luna de miel hasta el choque cultural y la adaptación, hasta llegar a la aceptación. Pero lo hará a su propio ritmo.

Lo que funciona aquí es la paciencia. Deja que pasen al menos unos meses de cierta inconsistencia y no reacciones de manera exagerada si las cosas no salen según lo previsto. Puedes aprovechar ese tiempo para identificar patrones en los hábitos alimentarios de tu hijo y explorar el nuevo entorno gastronómico.

Investiga un poco y negocia. Por ejemplo, puedes pedir al colegio el menú con antelación y repasarlo con tu hijo. Puedes explicarle los platos que son nuevos para él, y si hay algo que no le guste, valorad juntos la posibilidad de añadir algo en el tupper como alternativa.

Considera crear un menú puente. En lugar de centrarte únicamente en probar lo nuevo o en aferrarte a lo de siempre, puedes tender un puente entre ambos mundos. Puede ser una actividad divertida para toda la familia: idear recetas de fusión con ingredientes nuevos y con los que ya conocéis.

Un poco de comida basura no es tan grave. Es paradójico, pero cuanto más restrictiva es una dieta, más tentación puede haber de saltársela. Intentar eliminar la comida basura por completo puede volverse en tu contra, y tu hijo simplemente aprenderá a conseguirla por sus propios medios.

Plantéate un enfoque más flexible: permite algunos alimentos "divertidos" a lo largo de la semana y define cuáles son y dónde los tomará tu hijo.

Pero volvamos a Abu Dabi. Aunque comprensibles, las nuevas directrices sobre el almuerzo escolar pueden incomodar a algunos padres. Complican un poco las cosas y puede que haya que echarle algo más de imaginación. Puedes intentar adaptarte a las normas, pero a tu manera, con los alimentos que te resultan familiares. O puedes seguir las directrices el 90% del tiempo, pero añadir ese ancla reconfortante, un alimento que a tu hijo le encante, para que se sienta a gusto.

¿Y tú qué opinas? ¿Las iniciativas de los colegios de Abu Dabi te parecen útiles o, por el contrario, te complican la vida?

Niños
Sobre

Natallia tiene una licenciatura (con honores) en Lengua Inglesa e Interpretación Simultánea y trabajó como escritora y editora para varias publicaciones y canales de medios en China durante diez años.

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