¿Qué dicen los rankings?
Si echamos un vistazo al ranking de US News, los diez primeros países de la lista son, en su mayoría, los que cabría esperar. Los países nórdicos ocupan los cinco primeros puestos, seguidos de Israel y algunos otros países de Europa Occidental.
Sin embargo, otras posiciones en el ranking generan más de una pregunta. Por ejemplo, Rusia (que actualmente es una zona de guerra activa con una situación económica muy complicada y políticas sociales sumamente restrictivas) ocupa el puesto 29, justo antes que Corea del Sur (31). Ucrania (otro país en guerra) aparece justo después de Singapur (en los puestos 49 y 47, respectivamente). Brasil (con una de las tasas de criminalidad más altas de América Latina) está mejor posicionado que Chile (uno de los países más seguros de la región). Y las preguntas no terminan ahí.
Volvamos a los diez primeros: Finlandia, Suecia, Islandia, Noruega, Dinamarca, Israel, Suiza, Alemania, Estonia y Bélgica. El Reino Unido los sigue de cerca. De hecho, según otro ranking, esta vez elaborado por Compare Market AU, Londres es oficialmente la segunda mejor ciudad del mundo para criar a los hijos (solo por detrás de Brisbane).
Las diez mejores ciudades: Brisbane, Londres, Auckland, Helsinki, Sídney, Perth, Melbourne, Estocolmo, Berlín y Seúl.
A primera vista, llama la atención que haya muy poca coincidencia entre los mejores países y las mejores ciudades en estos rankings. Pero todo cobra algo más de sentido cuando analizamos los criterios que cada uno tuvo en cuenta. El ranking de US News consideró los siguientes factores: calidad del aire, coste de la educación, bienestar, mortalidad infantil, protección social, zonas verdes urbanas y años de escolarización.
El ranking de Compare Market AU, por su parte, analiza el índice de seguridad, el índice mundial de felicidad, la variedad de actividades para hacer con niños, el coste de vida mensual, las prestaciones familiares nacionales, la baja por maternidad y paternidad, las tasas de vacunación infantil, el gasto público en educación y, algo que ambos rankings tienen en común, las zonas verdes per cápita.
En definitiva, la pregunta de fondo no parece ser qué país es el mejor para criar a los hijos, sino qué es lo que más importa a la hora de hacerlo.
Qué dicen los expatriados
Tras revisar a fondo numerosos foros de padres y madres e hilos de debate (tanto para documentarme para este artículo como por interés personal), he llegado a una conclusión: el país que eliges para criar a tus hijos importa, pero solo hasta cierto punto.
Lo curioso es que, al igual que ocurre con los rankings, cada familia prioriza un conjunto de factores diferente a la hora de decidir qué país es "el mejor". Para algunos, lo fundamental es la afinidad cultural; otros dan más importancia al acceso a buenos colegios. Hay padres que se fijan más en el entorno del niño: la cercanía a la naturaleza, el espacio, las posibilidades de hacer senderismo y actividades al aire libre. Y también los hay que valoran más el acceso a la oferta cultural y el ambiente estimulante de una gran ciudad. En general, no parece haber consenso sobre qué factor o factores deben tener prioridad.
Pero hay algo que aparece una y otra vez, y en lo que muchos padres basan su decisión de mudarse: las redes de apoyo familiar. De hecho, para muchos, este factor por sí solo es razón suficiente para plantearse una reubicación.
El apoyo familiar, por encima de todo
Muchas familias expatriadas empiezan a plantearse la reubicación precisamente después de tener hijos. Aunque en general disfruten de su vida en el nuevo país, la llegada de un bebé saca a la luz preguntas que antes no hacía falta hacerse. ¿En qué idioma hablarán? ¿A qué colegio irán? ¿Es seguro criar a los hijos aquí? ¿Es asequible?
"Estábamos en Seúl cuando nació mi hijo. Creo que Corea del Sur es un lugar estupendo para criar a los hijos. Los colegios son excepcionales, aunque el nivel de exigencia es muy alto; sin duda recibirían una educación de calidad. Seúl es una ciudad muy verde, organizada y segura. Sinceramente, no le encuentro desventajas. Bueno, salvo que es cara. Pero al final nos volvimos a casa. Está muy bien tener buenos colegios y seguridad, pero a la hora de la verdad, eso no te hace de canguro. El servicio doméstico en Corea del Sur es caro, aunque ese no era el problema principal. Como madre primeriza, no estaba preparada para dejar a mi bebé en manos de otra persona. Y vivir en Corea del Sur con un solo sueldo no nos resultaba cómodo. Así que sí, nos volvimos por el apoyo de la familia y para llevar una vida más tranquila", cuenta Ana, una expatriada polaca en Corea del Sur.
Aunque para algunos expatriados, volver a casa no sale como esperaban, tal y como relata un usuario en Reddit: "Lo hicimos. Éramos expatriados en Singapur por primera vez y, con un bebé de seis meses, sentí que necesitaba más apoyo. Mi salud mental se fue al traste, así que mi marido dejó su trabajo y nos mudamos de vuelta a nuestro país para estar más cerca de mis padres, sobre todo. En ese momento, diría que mis padres y yo éramos cercanos... o eso creía yo. Volvimos. Y me llevé un chasco enorme. Mis padres estaban tan volcados en mi hermana y su bebé recién nacido que apenas venían a vernos o a ver a mi hijo. Mi salud mental empeoró aún más por esa sensación de rechazo. Fue un error muy grande."
Los colegios, en segundo lugar
Muchos debates entre expatriados sobre el mejor país para criar a los hijos acaban derivando de los países o las ciudades hacia los colegios e incluso las guarderías. Los padres hablan principalmente del plan de estudios, la calidad del profesorado, la cultura del centro, los grupos de compañeros, las políticas contra el acoso escolar, la disciplina, el apoyo lingüístico y las actividades extraescolares. El coste de la educación también es un factor determinante.
Puede que no resulte evidente, pero la calidad educativa también es subjetiva. Por ejemplo, los estudiantes de Corea del Sur obtienen de forma sistemática algunos de los mejores resultados en evaluaciones internacionales, especialmente en ciencias exactas. Sin embargo, los padres expresan su preocupación por unas prácticas de estudio extremadamente exigentes y un modelo educativo basado en el castigo. Los alumnos suelen soportar una presión enorme y disponen de muy poco tiempo libre para aficiones o actividades fuera del colegio.
Pero si nos ceñimos a los rankings, hay varios países reconocidos por ofrecer la educación escolar de mayor calidad.
Finlandia es elogiada de manera constante por su sistema educativo equitativo, que pone el acento en el bienestar del alumnado y el aprendizaje a través del juego. La educación básica con ánimo de lucro está prohibida, y hasta los colegios privados reciben financiación pública en su mayoría y funcionan bajo una regulación estricta. El objetivo es garantizar que una educación de calidad sea accesible para todos, independientemente de su nivel de ingresos.
Singapur destaca por su fuerte apuesta por el enfoque STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). El plan de estudios se basa en el pensamiento crítico y la resolución de problemas, lo que lo convierte en uno de los modelos educativos más valorados del mundo.
Corea del Sur mantiene unos estándares académicos muy exigentes, cuenta con altas tasas de educación superior y una sólida cultura de ambición académica.
En Japón, se presta mucha atención a la disciplina y al desarrollo integral del alumno, y muchos estudiantes obtienen resultados sobresalientes en lectura y matemáticas.
Suiza goza de gran prestigio en Europa por su sólido entorno académico, sus opciones de estudio en varios idiomas y una buena oferta de programas de formación profesional.
También se puede recurrir directamente a los resultados PISA. PISA son las siglas del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, un estudio mundial impulsado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que evalúa los sistemas educativos de distintos países midiendo los conocimientos de los estudiantes de 15 años en matemáticas, ciencias y comprensión lectora.
Según PISA 2026, los países con mayor calidad educativa son Singapur, China, Japón, Taiwán, Corea del Sur y Hong Kong. A juzgar por estos datos, parece que el Sudeste Asiático lleva una clara ventaja en materia de educación, especialmente en ciencias. Ahora bien, para las familias que se trasladan allí desde el extranjero, esto implica escolarizar a los hijos en el sistema educativo local, con un idioma y un enfoque pedagógico distintos.
Luego están los colegios internacionales. Muchos expatriados se sienten más cómodos con esta opción, ya que facilita la transición en caso de una nueva mudanza y amplía las posibilidades de acceso a la educación superior más adelante. Contar con colegios internacionales da a los padres algo más de flexibilidad a la hora de elegir destino, aunque también plantea otras preocupaciones. Muchos de estos centros son bastante caros y, salvo que la empresa se haga cargo del coste, asumir ese gasto puede convertirse en un verdadero quebradero de cabeza.
William, un expatriado estadounidense en China, nos lo cuenta: "Viví quince años en China con mi mujer y mis dos hijos. Me encantaba todo. Pero cuando los niños llegaron a la edad escolar, las cosas se complicaron. No queríamos que fueran a un colegio público chino; no tengo nada en contra, y sé que la calidad educativa es muy alta, pero el modelo de aprendizaje, con una carga enorme de deberes y la preparación para el gaokao (*el gaokao es el examen que se realiza al terminar el bachillerato en China y que determina si el alumno puede acceder a la universidad), no era lo que quería para mis hijos. Yo soy profesor y trabajaba en un colegio internacional, donde mis hijos podían estudiar con descuento. Pero cuando empecé a plantearme un cambio de trabajo, nos enfrentamos al coste real de los colegios internacionales. No queríamos el sistema público y no podíamos permitirnos el internacional. Volver a Estados Unidos era la única opción razonable."
Otra cosa que la mayoría de los padres acaba descubriendo es que el acceso a colegios internacionales no es igual en todo el mundo. Como acabamos de ver, matricular a los hijos en un colegio internacional en China tiene un coste muy elevado. En algunos países, la oferta de centros internacionales es muy limitada. Y luego están países como Tailandia, que se han convertido en auténticos polos de educación internacional, con más de 100 colegios internacionales solo en Bangkok.
La seguridad: el punto en el que todos coinciden
Si hay un tema en el que la mayoría de los padres está de acuerdo, es la seguridad. Todo el mundo quiere criar a sus hijos en un entorno seguro. Pero tampoco es tan sencillo como mirar las tasas de criminalidad. Los padres hablan de la posibilidad de que el niño vaya solo al colegio, use el transporte público, juegue en el parque del barrio o visite a sus amigos. A eso hay que sumarle la seguridad alimentaria, la calidad del aire, el acceso a sustancias o armas, y muchas cosas más.
"Me encanta vivir en China y no tengo intención de volver al Reino Unido. Quiero que mi hija crezca en un lugar donde pueda salir de noche, quedar con sus amigos, ser ella misma y vestir como quiera. En Londres eso simplemente no sería posible; estaría con el alma en vilo cada vez que saliera de casa. Londres me encanta por muchas cosas: los museos, los colegios... Pero ahora que se está convirtiendo en adolescente, lo que quiero es que esté segura. Esa es mi prioridad", cuenta Ayra, una expatriada británica en China.
Otro expatriado comparte en Reddit: "El mayor choque cultural que he vivido fue ver a niños solos en Sapporo. Ahora vivo en San Diego, California, y no dejo a mis hijos ir solos ni al parque que se ve desde mi ventana. Japón es increíblemente seguro, y Sapporo es la ciudad más bonita en la que he estado en mi vida."
La idea de que varios países de Europa Occidental se han vuelto menos seguros y menos amigables para los niños aparece con mucha frecuencia en los foros de expatriados y en las redes sociales. Entre las preocupaciones más habituales que expresan muchos padres, especialmente en Estados Unidos, están la seguridad en los colegios, la seguridad en la calle y una sociedad cada vez más polarizada. Por ejemplo, en su canal de YouTube Raising Wildflowers, los padres mencionan explícitamente todos estos motivos para mudarse con sus hijos a Tailandia, además del coste de vida.
El coste de vida y el tiempo en familia
Este es otro factor que aparece con frecuencia como determinante en las decisiones de reubicación. Con el coste de vida y la inflación al alza en gran parte del mundo, algunos padres sienten que su propio país se les ha vuelto inaccesible económicamente, o que el estrés financiero no les deja disfrutar de su familia. Mudarse a un país con un coste de vida más bajo alivia parte de esa presión y les permite pasar más tiempo con sus hijos y su pareja.
"Nos mudamos a Da Nang (Vietnam) y no podríamos estar más contentos. En Estados Unidos, los gastos mensuales nos ahogaban y, con un segundo hijo en camino, tuvimos que tomar una decisión rápida. Habíamos vivido antes en Hoi An, así que todo nos resultaba familiar y teníamos muy buenos recuerdos de esa época. Ahora pagamos 500 dólares al mes por un apartamento decente; nuestros gastos se han reducido a más de la mitad en comparación con lo que gastábamos en Estados Unidos. Puedo permitirme trabajar menos, así que llevo a mi hijo al parque, a la playa y a quedadas con otros niños. Es una vida mucho más tranquila y sin tanto estrés. Eso es lo que me parece importante", cuenta Mary, una expatriada estadounidense en Vietnam.
La actitud hacia los niños y un entorno pensado para ellos
Algo que muchos padres mencionan también es lo acogedora que resulta una ciudad para las familias y la actitud general hacia los niños. Al parecer, hay países donde los padres, especialmente los de niños pequeños, se sienten mucho más bienvenidos y comprendidos. Esto se nota en los espacios públicos como restaurantes, en los vuelos domésticos y en el sentido general de comunidad.
Pamela, una expatriada estadounidense en Brasil, lo cuenta así: "Personalmente, me sorprendieron mucho las instalaciones para niños que hay en Brasil. Vivimos en Florianópolis, pero viajamos mucho por el país. Y en muchos espacios públicos hay salas familiares que nunca he visto en Estados Unidos. Son espacios enormes con todo lo que puedas necesitar: cambiadores, microondas para calentar el biberón, cabinas privadas para dar el pecho, cochecitos de alquiler gratuito, incluso bañeritas... Y la gente también es muy atenta cuando vas con un bebé. No busco ningún trato especial, pero da gusto que la gente te sonría cuando te sientas a su lado en un restaurante en lugar de poner los ojos en blanco."
Y aquí entran en juego factores muy distintos. No se trata solo de las instalaciones. En el hilo de Reddit sobre "¿Cuál es el país más amigable para los niños en el que has vivido?", un expatriado escribe: "Por la actitud de la gente hacia los niños pequeños, Irlanda. Allí la gente se derrite literalmente con los bebés y las embarazadas. Las instalaciones y las opciones de guardería no son gran cosa, pero es un lugar realmente acogedor para las familias jóvenes."
Otro expatriado elogia los Países Bajos: "Los Países Bajos han sido geniales. Muy seguros. Puedes ir a todas partes a pie o en bici. Nunca estás a más de un paseo corto de un parque o una zona de juegos. Los cafés parecen pensados para los niños, con rincones especiales para ellos. Y hay incluso parques infantiles con pequeñas cafeterías, para que puedas quedar con amigos mientras los niños juegan juntos. Los colegios tienen un formato muy abierto y basado en el juego, así que no les ponen deberes hasta una edad bastante avanzada."
Otro expatriado coincide con su experiencia en Shanghái y Hong Kong: "Viví ocho años en Shanghái y llevo tres en Hong Kong. Los dos son muy amigables para los niños. El servicio doméstico en casa es asequible. Hay muchísimas actividades para niños, desde deportes hasta música y artes escénicas, siempre que tengas el presupuesto, porque en Hong Kong son más caras que en otros sitios. En Shanghái los precios son más bajos. En los dos lugares la gente adora a los niños, aunque en Shanghái aún más. Hong Kong tiene mucho senderismo gratuito y playas, y muchas zonas verdes."
Y no es raro encontrar opiniones muy distintas sobre un mismo país: "Tailandia, no. La gente es muy amable y le encantan los niños, pero la infraestructura deja mucho que desear. Apenas hay aceras, así que tienes que ir en coche a todas partes; los cochecitos son prácticamente inútiles salvo en los centros comerciales. En Bangkok hay algunos parques públicos, pero en otras provincias no hay nada. Además, hace demasiado calor para salir la mayor parte del día. Todavía no he tenido experiencia con el sistema escolar, pero he escuchado muchas quejas. Entre los puntos positivos: la sanidad es muy buena si puedes permitirte los hospitales privados. El servicio doméstico es barato en comparación con Occidente. Y siempre hay frutas tropicales y comida para picar al alcance de la mano."
Otro expatriado le responde de inmediato: "Tengo muchos amigos criando a sus hijos aquí. Algunos se mudaron precisamente por eso. Creo que tu comentario habla más de las diferencias que implica criar a los hijos aquí que de que no sea un lugar amigable para los niños. Los hijos de mis amigos siempre tienen cosas que hacer, desde los tres años hasta el instituto."
Los niños se adaptan rápido, a veces demasiado
Una preocupación habitual entre los padres que crían a sus hijos en el extranjero es la identidad cultural. Pero en muchos casos el problema no es que los niños no sean capaces de adaptarse, sino que lo hacen demasiado rápido.
Varios padres describieron la extraña experiencia de darse cuenta de que sus hijos se sentían más en casa en el nuevo destino que ellos mismos. A primera vista, parece algo muy positivo. Pero para algunas familias puede convertirse en un problema.
"Nos mudamos a Estados Unidos principalmente por la educación de nuestros hijos. Queríamos abrirles las puertas a las universidades de aquí y que, con el tiempo, construyeran su vida en este país. Mi marido es tailandés-americano y yo soy de Ucrania; antes vivíamos en Tailandia. Ninguno de los dos estaba seguro de si a los niños les gustaría esto después de haber vivido en un ambiente bastante relajado, pero la verdad es que están prosperando. La que tiene problemas para adaptarse soy yo... Y los dos tenemos miedo de acabar teniendo cada vez menos cosas en común con nuestros hijos."
Este fenómeno tiene nombre: se llama "brecha de aculturación" y es bastante común. Se utiliza en psicología del desarrollo para describir exactamente esta situación: cuando los hijos se adaptan al nuevo país más rápido que sus padres. Para algunas familias, especialmente las que desean transmitir valores culturales o religiosos concretos a sus hijos, esto puede sentirse como "perderlos" ante una cultura nueva que no comprenden del todo.
Lo que parece importar cuando se crían hijos en el extranjero es una combinación de factores muy distintos, que puede variar considerablemente de una familia a otra. Y lo que hemos visto en este artículo está lejos de ser una lista exhaustiva de todo lo que los padres tienen en cuenta.
Cuando se trata de elegir un país concreto, siempre parece haber concesiones que los padres deben aceptar. Algunos lugares ofrecen una mejor oferta educativa, pero eso puede implicar criar a los hijos en una cultura de la que no formas parte. Otros permiten disfrutar de un coste de vida más bajo, pero a costa de alejar a los niños de su familia extensa. Incluso los países que encabezan sistemáticamente los rankings de "mejores lugares para vivir" pueden no encajar con tu situación particular.
Una buena estrategia para tomar esta decisión puede ser sentarse en familia y definir qué es lo que más importa, tanto ahora como a largo plazo. Dicho esto, también conviene recordar que tener la posibilidad de elegir dónde criar a los hijos es algo que mucha gente no tiene. Puede ser complicado, pero también es una oportunidad muy poco común de "diseñar" el entorno de tus hijos según lo que crees que más les beneficia. Puede que requiera una investigación exhaustiva, sopesar con honestidad los pros y los contras y más de un debate en familia. Pero al otro lado de todo eso, quizás encuentres algo verdaderamente tuyo.