Close

Nota de prensa del Consejo General de la Ciudadanía Española Exterior

Hola a todas y todos,

Nos queremos hacer eco de la nota de prensa de del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior.

****

En manera alguna soy el primero o el único en reclamar un cambio profundo en lo que es, hace, y el impacto que tiene el Consejo General. Muchos consejeros han elevado sus voces en años recientes. Unos, con posiciones radicales, lo han hecho pidiendo “la abolición del Consejo pues supuestamente no vale para nada”. Otros lo han hecho con un sentido de verdadero deseo de renovación, proponiendo supuestos cambios desde los más superficiales hasta los de mayor calado.
Pero sí espero que este sea el momento más propicio y que con esta propuesta pueda hacerme eco de lo que otros consideran que debemos emprender.
Si bien lo pensamos, este sería un momento ideal, quizá el mejor período para llevar a cabo un proyecto de profundo autoexamen y autoanálisis. Tenemos ante nosotros largos meses—y no sabemos cuánto se alargarán—en los que el Gobierno está en un limbo de funcionamiento parcial, y el Parlamento en un pretendido activismo legislativo de proyectos de ley que saben que, en su inmensa mayoría, no irán a ninguna parte. Aprovechemos esta oportunidad.
En estas circunstancias, no podríamos esperar muchos resultados de otros proyectos que quisiéramos desarrollar en el campo de nuevas o renovadas reivindicaciones.
En cambio, sí podríamos llevar adelante este proceso de renovación. Al final de este período de unos seis meses, y tras la celebración de nuestro último Pleno de este VI Mandato en septiembre, podríamos haber elaborado un gran acuerdo que transmitiéramos a los consejeros del VII Mandato como nuestro legado más valioso. A continuación, seguiríamos “en funciones” hasta el Primer Pleno del siguiente mandato, para poder pasar la batuta a nuestros sucesores.
Poco tiene que ver lo que propongo aquí con las modificaciones del Real Decreto del Consejo General que propusimos en la primavera de 2015. Aquéllas fueron relativamente puntuales, de alcance muy limitado. No hicieron frente a lo que aquí propongo como regeneración del Consejo General. Si ha de ser eficaz y tenido en cuenta como un órgano de representación que cumpla su misión a un nivel muy superior, hace falta una visión totalmente renovadora.
Precisamente, pensemos que el Gobierno no ha hecho nada con esas recomendaciones para modificar el Real Decreto el año pasado. Es algo de por sí muy elocuente. ¡Quién puede pretender que nuestras recomendaciones son tenidas seriamente en cuenta en nuestra situación presente!
Todos nos preguntamos en comisión tras comisión, permanente o delegada, en corrillos en los plenos del Consejo: ¿Qué visibilidad, qué impacto tiene el Consejo General? ¿Qué consecuencias tienen las docenas de propuestas que elaboran sus comisiones delegadas y los acuerdos que aprueba el Pleno? Y la doble respuesta es: Visibilidad, mínima; en cuanto a impacto, mucho menor del que debía tener. Y consecuencias, ya vemos: bastante exiguas y bastante menos de lo que reivindicamos.

El ejemplo más sintomático de nuestros problemas es la Comisión Permanente. Por una parte nadie debía dudar de que realiza una labor concienzuda, seria, dedicada, con mucho esfuerzo, tiempo y talento dedicado a nuestras labores.
Pero curiosamente, como Comisión Permanente, somos solamente lo que podemos ser y llegamos tan solo hasta donde se nos permite llegar. Sí, somos la comisión de seguimiento de todos los acuerdos y proyectos del Consejo General. Con todo, nuestro seguimiento hasta ahora se ha reducido a revisar los acuerdos y ver qué réplicas ha ofrecido el Gobierno a sus contenidos. Con frecuencia, si la Comisión  ha considerado que las respuestas recibidas eran inadecuadas, lo ha hecho notar así, refiriéndolas en su caso a la comisión delegada correspondiente. Más allá de eso no hemos ido muy lejos.
Cierto también que la Comisión ha tratado y elaborado propuestas, ideas, iniciativas para conseguir que la misma Comisión y el Consejo fueran más eficaces. Pero aquí estamos, dos mandatos después, y yo diría que se ha avanzado tan solo modestamente. No se han conseguido la mayoría de nuestras iniciativas más creativas. Nuestro trabajo tiene un impacto muy limitado, cuando las necesidades y derechos vulnerados de nuestro colectivo claman al cielo.
Si tratamos de evaluar más de cerca los logros de VI Mandato del Consejo, advertimos una seria ausencia de resultados tangibles, e incluso debemos reconocer claros retrocesos en las reivindicaciones mayores del Consejo General.
Diré más aún. No es mayormente culpa ni de la Comisión Permanente ni del Consejo. En buena parte, ambos hacen su trabajo y llegan hasta donde se les permite. Pero solo en buena parte. Pues hay muchas responsabilidades que repartir para explicar esta falta de eficacia.
Este panorama nos debería obligar a reconsiderar seriamente el tipo de seguimiento que la Comisión Permanente debería emprender. Está claro que no basta con revisar, comentar, proponer, pedir, insistir, reivindicar, o un largo etcétera. Hasta ahora y con demasiada frecuencia, para el Gobierno, todo esto ha sido un simple bla, bla, bla, si hemos de juzgar por los resultados. Cuando éstos son tan exiguos, debemos concluir que se impone ir bastante más lejos para conseguir las metas que el Pleno reivindica y que la Comisión Permanente trata de seguir infructuosamente.
Si interpreto debidamente la voluntad de nuestros representados, ninguno de nosotros duda que nuestro colectivo quiere y espera resultados tangibles. No le interesan mucho las buenas palabras o promesas.
Si hemos de SEGUIR responsablemente los acuerdos y declaraciones del Pleno, se impone que, cuando las palabras no bastan, busquemos métodos de acción democrática juiciosa, de presión mediática más enérgica. Debemos desarrollar resortes que hagan mucho más públicos la pasividad, la inacción, el vacío, e incluso el desprecio que con demasiada frecuencia son la respuesta de nuestro Gobierno y Parlamento a nuestras reivindicaciones.
La Comisión Permanente debería ser el motor del Consejo, la que le arrastrara, empujara y movilizara. Ya su composición está perfectamente estructurada para esta labor. Los miembros exoficio representan a todo el organigrama básico del Consejo—Presidente, Presidentes de las cuatro comisiones delegadas, y Secretario (Administración). Además asume también un importante integrante de democracia representativa directa: los tres miembros electos por el Pleno. A mi parecer, esta estructura es claramente adecuada. No muy grande, a fin de ser eficaz y versátil. No demasiado exigua como para no ser plenamente representativa.
Aun así, su seguimiento tiene poca garra y escasos resultados.
Y es que el problema que tiene la Comisión Permanente no es sino un síntoma y un reflejo del problema del Consejo General.
El fallo fundamental hasta ahora, con rarísimas excepciones, es que hemos tomado nuestra misión de órgano asesor y consultivo en su nivel más elemental: Emitir acuerdos, hacer declaraciones, presentar escritos, etc. Repetimos, todo esto queda lejos de ser eficaz. Para solucionarlo, se impone que demos un salto cualitativo.
En su doble responsabilidad de su misión consultiva y asesora, el Consejo General (y por lo tanto todas las comisiones delegadas y la Permanente) ya falla de modo espectacular en la parte primera.
Cuántas veces en años recientes hemos tenido que ser testigos de que ni el Gobierno ni, de una manera especial, el Parlamento han consultado al Consejo sobre normas y leyes en desarrollo. Esa consulta debiera haber sido incuestionable si se hubieran cumplido las normas establecidas en el Estatuto y el Real Decreto. Y si se nos ha consultado en ocasiones, de qué han servido nuestras recomendaciones.
A decir verdad, sí que ha habido excepciones destacables, como son la misma elaboración del Estatuto, el Real Decreto de los CRE ahora vigente, y las dos reformas más importantes de nacionalidad (2002, 2007). Estos son precisamente importantes ejemplos de lo que debiera ser el modo habitual de proceder. Pero nada habitual hay en ello. Son solo la excepción.
Por lo demás, el Consejo, muy al contrario de ser consultado, es con frecuencia ignorado e incluso claramente menospreciado por el Gobierno y Parlamento en ocasiones de importancia decisiva para nuestro colectivo de emigrantes.
El ejemplo más ignominioso fue ver cómo en todo el proceso de elaboración de la Ley Electoral en los años 2009 y 2010, el Consejo General fue el hazmerreír del Parlamento Español. No trataré de demostrarlo aquí de nuevo, pues lo he hecho ya repetidamente en numerosos escritos sobre este tema. Sí que en esto, tengo una convicción bien fundada de que el Consejo General está mayoritariamente, si no completamente, de acuerdo conmigo. 
Si nuestra función consultiva falla por incumplimiento de las responsabilidades que Gobierno y especialmente el Parlamento tienen con el colectivo de los españoles en el exterior, tan deficiente o más es nuestra capacidad de ser organismo asesor. Una vez más, en manera alguna ocurre esto porque el Consejo General falle en asesorar a nuestros gobernantes y legisladores. Muy al contrario, nuestras propuestas, peticiones, declaraciones, y demandas son claras, contundentes. Lo han sido así sistemáticamente durante más de veinticinco años. Pero con frecuencia machacona, casi todas ellas caen en saco roto, y se enfrentan a oídos sordos, de manera especial, en lo que se refiere a los acuerdos del Consejo General.
¿Qué podemos y debemos hacer? Lo veremos en la segunda parte de este trabajo.

* * *
Segunda Parte

La situación en que se encuentra el Consejo General, descrita en la primera parte de este trabajo, no se puede solucionar si no buscamos e impulsamos una verdadera regeneración de nuestra institución.
Seamos realistas. Si bien hemos conseguido logros parciales (algunos muy importantes), por otra parte, es seriamente preocupante el panorama que observamos de tantos casos de estancamiento en nuestras reivindicaciones, de claros retrocesos, y de serias derrotas en leyes elaboradas por el Parlamento. En años recientes, ha habido muchas pruebas contundentes de nuestro mínimo impacto.
El ejemplo más demoledor, como todos saben sobradamente, ha sido la Ley Electoral de 2011 que desplomó la participación electoral de nuestro colectivo del 35% aproximadamente a un 3%. Esta Ley, en vez de seguir y poner en práctica un clarísimo mandato constitucional de facilitar la participación electoral de los españoles en el exterior, creó obstáculos insuperables que hicieron esa participación casi imposible en la práctica. Por si esto fuera poco, lo hizo ignorando abiertamente la obligación que el Parlamento Español tiene de consultar con los representantes de la emigración en el desarrollo de leyes importantes que les afectan de manera singular. No fue porque el Consejo General no hiciera clara su voluntad de ser oído con repetidas peticiones de audiencia. Mirado con objetiva frialdad, este olímpico desprecio es la violación más humillante del derecho a ser consultado del Consejo General. Nada menos que uno de los dos conceptos que le definen.
En temas de nacionalidad, quién puede negar que el Gobierno y los legisladores nos han oído, nos han escuchado, y han incorporado elementos importantes de muchas de nuestras reivindicaciones en la legislación que conocemos. Quién puede negar que es aquí donde hemos cosechado los logros más destacados. Pero incluso en este tema, ambos Gobiernos que han emprendido estas reformas (el del PP en 2002 y el PSOE en 2007) fueron excesivamente timoratos, dejando aspectos que excluían a colectivos importantes dentro de la comunidad española en el exterior. Hoy siguen siendo excluidos todavía.
Las modificaciones que hemos reivindicado el año pasado, a propuesta de la Subcomisión de Nacionalidad, muestran las deficiencias de la legislación previa. Es en materia de nacionalidad donde todo intento de modificaciones solicitadas se ha paralizado durante este Mandato Legislativo del Parlamento. Bien es cierto que el Ministerio de Justicia ha cursado una invitación al Consejo General para que prepare una propuesta de posible Ley de Nacionalidad Española, proyecto ahora en marcha en manos de la Subcomisión de Nacionalidad. Algo muy positivo. Pero éste es proyecto a largo plazo. Y ojalá que llegue a buen término.
En otros ámbitos, mientras que hemos pedido y justificado mejoras presupuestarias para los CRE y el Consejo General desde tiempo inmemorial, lo que hemos observado ha sido exactamente lo contrario: Recortes de presupuestos en los CRE y el Consejo de hasta el 75%. ¿Se han recortado los presupuestos del Estado en porcentajes similares?
Hoy, casi al final de este VI Mandato, nos encontramos en una situación deplorable en lo que respecta a las clases de lengua y cultura para hijos de españoles, uno de los servicios más importantes ofrecidos por el Gobierno durante 25 años. Todos en nuestro colectivo (padres, presidentes de las AMPA, alumnos) han observado con asombro reducciones drásticas e injustificadas de prestaciones. Por el contrario, el Ministerio de Educación y Cultura, que por una parte, al menos, se ha mostrado abierto a escucharnos y a tratar de explicar lo inexplicable, por otra, se ha mantenido impertérrito en su decisión de imponer recortes de servicios que disminuyen y empobrecen el valor de la experiencia educativa de esas clases de español.
Quién podría dudar que nuestro impacto es modesto en muchos casos, mínimo en otros muchos, y totalmente nulo en otros.
En vivo contraste con este panorama, lo verdaderamente llamativo, casi diría lo chocante, es que otros grupos de creación reciente parecen tener un acceso mucho más eficaz a los medios, al Gobierno e incluso al Parlamento que los órganos de representación establecidos. Cierto, que quizá se deba a su íntima asociación con algún partido político.
¿No han observado atónitos cómo ciertas mareas variopintas que han surgido de la nada hace dos o tres años consiguen organizar manifestaciones en numerosos puntos del globo; cómo consiguen hacerse eco de su activismo en la prensa y medios nacionales con tanta frecuencia? Y si observan con más atención, verán que en las fotos que divulgan aparecen diez, veinte, quizá treinta manifestantes con media docena de pancartas. Ni siquiera tienen las masas ni las mareas que pretenden y que quizá justificarían esa cobertura. Pero saben dejarse ver y oír.
No representan formalmente a nadie, aunque sí parecen querer erigirse en la voz de la emigración. Se desligan deliberadamente de las acciones y representación oficial de los órganos que se establecieron hace 25 años. No parecen someterse al proceso democrático de tratar de formar parte de ellos. Por lo menos hasta ahora. Usan liberalmente y selectivamente el trabajo, los documentos, las resoluciones, las reivindicaciones del Consejo General—algo que en sí nos satisface considerablemente, casi diríamos que nos orgullece—pero raramente, si alguna vez, dan crédito por ello.
¡Ah! Cuidado. En manera alguna me opongo al pleno derecho que tienen de llevar adelante las acciones que realizan. La democracia es así. En algunos casos y proyectos, muestran dejar de lado partidismos e ideologías y emprenden actividades loables. Por ello decidí participar en una de ellas. Pero no veo que hayan propuesto o intentado aunar sus fuerzas, sus proyectos a los del Consejo General. Y siento una fuerte envidia, bañada en gran admiración, por su sorprendente habilidad en el uso de los medios, de modo que son oídos ampliamente y, posiblemente a veces, tenidos más en cuenta que el Consejo General.
Sin duda son un buen ejemplo de cómo debíamos saber vendernos mejor y hacer valer nuestros mensajes.
Pero no nos engañemos. Su eficacia en conseguir beneficios tangibles para los españoles en el exterior está todavía por verse. Ojalá se convencieran de que, trabajando estrechamente juntos con los órganos de representación oficiales de la emigración, y sin metas ideológicas condicionantes, los logros finales conjuntos serían mucho más destacables. Desde aquí, me permito lanzarles una llamada a ese posible trabajo conjunto.
Como contraste, no puedo menos de mencionar algunos ejemplos de éxito y de buen hacer. Admiro la estrecha colaboración que con entusiasmo ofrecen otros dos grandes portales para los españoles en el exterior: CEXT y Expat.com. Es admirable su apertura y disponibilidad a trabajar conjuntamente y con mutuo apoyo con el Consejo General y los CRE. Su labor, libre de ideologías y partidismos, es igualmente loable.
A la vez, volviendo nuestra mirada a nuestro Consejo, qué curioso. Como consejeros generales, tenemos la “oficialidad”, pero no la ejercemos con eficacia. Casi, podríamos decir, de poco nos vale. No se nos reconoce, ni siquiera se nos conoce.
La gran incógnita pues es: ¿Hemos llegado ya a un callejón sin salida?
Curiosamente, la respuesta sería SÍ y NO. ¡Qué paradoja!
Sí, llegamos a ese callejón sin salida, si el Consejo General y los CRE siguen una existencia pasiva, sin la unión y voluntad para llevar a cabo proyectos innovadores y de acción directa que verdaderamente redunden en beneficio de nuestro colectivo. Sí, si los miembros de ambos organismos no se dedican con más entusiasmo y ahínco. Sí, si no desarrollamos ideas y actitudes constructivas, para regenerar nuestros órganos oficiales de representación.
Pero igualmente, deberíamos responder NO. No tenemos por qué haber llegado a un callejón sin salida, si los miembros de estos organismos de representación toman al toro por los cuernos. ¿Cómo? Si se organizan mucho mejor. Si desarrollan las redes apropiadas y los medios necesarios de contacto instantáneo con su colectivo de dos millones de españoles. Si ponen en marcha mecanismos de reacción democrática popular (no populismos baratos y engañosos). Si movilizan a este gran colectivo para que todos unidos consigamos despertar a los medios de comunicación nacionales a la realidad de esta España Exterior.
No, no abocaremos en un callejón sin salida, si nuestros conciudadanos en territorio nacional llegan a ser conscientes de que esta España Exterior contribuye decisivamente al desarrollo y progreso de España. Si les convencemos de que eso no solo ocurrió en el pasado sino que sigue siendo una realidad hoy día.
No habrá tal callejón sin salida, si rompemos ese cordón umbilical de anonimidad e invisibilidad que nos rodea. Si acogemos y buscamos que se incorpore gente joven, ya con cierta experiencia, y conocedores de las nuevas tecnologías que estén dispuestos a ofrecer tiempo, talento, y esfuerzo para poner en marcha ideas innovadoras.
Tenemos una serie de medios de comunicación que sí se ocupan de nuestros intereses, que divulgan nuestro quehacer en el exterior, que informan de las nuevas normas, leyes, proyectos del Gobierno y el Legislativo que han de influir en nuestras vidas. ¿Por qué no los leemos más? ¿Por qué no los difundimos más, buscando que muchísimos más los conozcan y lean? ¿Por qué no los usamos más eficazmente?
La Comisión Permanente, las comisiones delegadas, el Consejo General, todos sintonizados, debemos buscar un liderazgo más fuerte, dispuesto a romper moldes y llevar adelante proyectos de acción que defiendan mucho mejor nuestros derechos. En breve iniciaremos un nuevo Mandato (probablemente en la primavera de 2017). Antes de que empiece, tenemos ante nosotros un amplio período para reflexionar a fondo. Debemos definirnos mejor. No podemos permitirnos muchas de las limitaciones que tenemos.
Esta sería una buena oportunidad para buscar un profundo cambio de rumbo.
Pero no olvidemos. Nuestro autoanálisis no puede llevarnos a más inacción o derrotismo. Así no valdría la pena. Se impone un autoanálisis constructivo, atrevido, valiente. Debemos buscar soluciones. Debemos barajar ideas, ver su futuro, debatir cómo debemos llevarlas a cabo.
El Consejo General debe tener derechos, maneras de actuar y trabajar mucho más eficaces. Sin cambios fundamentales poco se logrará.
Y es precisamente en el seno de la Comisión Permanente donde debemos iniciar, definir, proponer e impulsar este proyecto de autorreflexión y renovación. En él deben participar también todas las comisiones delegadas, y así todos los consejeros generales habrán sido parte de este proyecto.

Lo que aquí envío a la prensa para publicación se presenta también en formato de propuesta y con algunos contenidos diferentes (más programáticos) a las cuatro comisiones delegadas y a la Comisión Permanente para su tratamiento y desarrollo.
Junto con el texto arriba recogido, se presentan a esas cinco comisiones dos amplias secciones más.
La primera de ellas propone un amplio calendario de actividades tanto para la Comisión Permanente como para las comisiones delegadas a fin de ir estudiando y tratando esta temática. Dicho calendario empezaría de inmediato con la labor inicial de la Comisión Permanente. Se invita a sus miembros a ofrecer comentarios y sugerencias tanto al texto principal, como al calendario, y especialmente a la extensa temática que también se le ofrece.
Las comisiones delegadas harían cada una por separado su estudio de la temática propuesta en las reuniones presenciales que cada una tiene ya programadas para abril, mayo y junio. Cada comisión redactaría sus propias conclusiones y acuerdos que presentarían a la Comisión Permanente. Ésta, teniendo en cuenta todos ellos, la Permanente elaboraría un Acuerdo Marco de Renovación del Consejo General que seguiría siendo consensuado hasta su formato final. Dicho Acuerdo se presentaría al Pleno de septiembre.
Siguiendo este formato y calendario, todos los consejeros generales habrían participado plenamente y expresado formalmente sus opiniones y recomendaciones en sus comisiones respectivas. Igualmente la Comisión Permanente podría haber desarrollado con este proyecto uno de los documentos de mayor posible impacto para Consejo General.

La segunda de las secciones mencionadas arriba es un extenso listado de temas a considerar. En este momento son 26. Este listado podría ser ampliado y revisado por la Comisión Permanente en un plazo inicial, y las mismas comisiones delegadas podrían también introducir las ampliaciones y modificaciones que consideraran necesarias.
En un apartado inicial de la temática propuesta, se formulan los temas generales mayores para análisis. Dos de ellos buscan englobar el enmarque de todo este proyecto: ¿Qué Consejo General queremos y cómo lo debemos reinventar? ¿Cómo puede y debe ser la Comisión Permanente más eficaz en su misión de seguimiento?
Ya entrando en el terreno de lo más específico, uno de los temas propuestos a examen es: Qué deben hacer las comisiones para ser consultadas y tenidas en cuenta habitualmente por el Gobierno y Parlamento en todos los temas relacionados con los españoles en el exterior.
En el segundo apartado, se proponen 26 temas más específicos y concretos que tratan de apuntar a la compleja problemática que tenemos y a las causas fundamentales de la falta de eficacia de nuestro órgano de representación. Al mismo tiempo buscan impulsar a las comisiones y consejeros a encontrar soluciones viables.
Un ejemplo: Los grupos parlamentarios vienen para decirnos lo que quieren que oigamos, no para escuchar lo que queremos que sepan y respondan. ¿Qué debemos hacer para que esas sesiones sean más productivas?
Otro tema que nos ha ocupado ya desde hace años y aún sin solución sería este: El tema de la elección/designación del Presidente ha surgido con insistencia machacona. Qué podemos y debemos hacer para que este proceso responda mejor a las expectativas de una gran mayoría de los consejeros.
Y así se desarrolla el resto de la temática que propongo para estudio.

En toda esta sección programática se propone y busca un proceso altamente democrático y participativo. Si este proyecto va adelante, el resultado final sería un documento clave en el que se han integrado todo el talento, las mejores ideas, y las soluciones más deseables de todos los consejeros generales.

Ángel Capellán Gonzalo
Presidente, CRE-NY
Consejero por los EEUU del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior (CGCEE), 1998-2016
Consejero del Consejo de Residentes Españoles de NY (CRE), 1997-2016. Presidente, 1997-2006, 2014-16

Nuevo tema

Seguros de salud Colombia

Consejos útiles para elegir su seguro de salud en Colombia

Mudarse en Colombia

Consejos para preparar tu mudanza en Colombia