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Albeiro en Camboya: "me sigue sorprendiendo la gente, la calma del camboyano"

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Nuestro entrevistado de esta semana es un verdadero trotamundos. Ha visitado un sin fin de países donde ha trabajado para mejorar el bienestar de la población local, todo un ejemplo.

Albeiro en Camboya: "me sigue sorprendiendo la gente, la calma del camboyano"

Preséntate. ¿De dónde eres? ¿Cuánto hace que vives en tu nuevo país? ¿Cómo te ganas la vida?

Mi nombre es Albeiro, nací en un pequeño pueblo andino, Amalfi, en Colombia en 1970. Estudié periodismo en Medellín, pero cuando me gradué me uní a los salesianos de Don Bosco, pero siempre con la intención de ser misionero, en países lejanos, especialmente en Asia, porque desde niño siempre me fascinó la China, seguro porque tengo un tatarabuelo chino.

En 1999 los salesianos me cumplieron el sueño. Primero fui a Italia en donde estudié la lengua de ese país y recorrí los lugares de Don Bosco. Después en Tailandia en donde están las oficinas centrales de la misión. Llegué el 12 de octubre de 1999 a Nom Penh, en un tiempo en el cual Camboya era aún un país sumido en la miseria, el estancamiento económico y la dependencia internacional.

Me dediqué con mucha atención al estudio del idioma jemer y he escrito varios documentos del mismo para hablantes hispanos. Mi primer trabajo fue en las escuelas técnicas de Don Bosco en Nom Penh. En 2001 los salesianos me enviaron a estudiar teología en Jerusalén en donde estuve 4 años. En 2005 me ordené sacerdote en Medellín y regresé a Camboya.

En 2007 fundé la primera escuela de comunicación social y periodismo y actualmente soy rector de las escuelas técnicas de Kep y de la Fundación Infantil.

¿Por qué decidiste cambiar de país?

Como lo mencioné antes, desde niño siempre soñé con ir a otros países, conocer otras culturas, lenguas. Entonces desde la cuna tenía esa obsesión por el mundo asiático, por la China. Mi héroe favorito era Bruce Lee y este murió cuando yo tenía 3 años, así que se puede ver cuán era interesado ya desde la cuna por este personaje y todo lo que representaba.

De adolescente me leía varias obras del mundo asiático como textos de Jiddu Krishnamurti y una historia que me impactó mucho fue Siddharta de Herman Hess, ese viajero incansable en búsqueda de la verdad de las cosas. Creo que ese libro, así como mi héroe infantil Bruce Lee, han sido mis inspiraciones como viajero. En mi familia tenemos un ancestro chino, quizá de esos que trabajaron en los ferrocarriles en la Colombia del siglo XIX y también eso tiene que ver algo, por algún lado, es un misterio.

¿Qué trámites y formalidades has tenido que hacer para instalarte?

Cuando llegué a Camboya lo hice como salesiano, entonces ha sido fácil porque llegas con una organización. Pero en general he tenido siempre una visa de residente, aunque estoy viendo la manera de pedir la nacionalización en Camboya.

¿Cómo fue tu instalación?

Como lo mencioné, llegué ya como parte de una organización y fue designado a trabajar en las escuelas técnicas de Nom Penh, como asistente de los estudiantes y yo mismo como estudiante del idioma jemer.

¿Has tenido dificultades para adaptarte: la gastronomía, las costumbres, el clima...?

La alegría de cumplir mi sueño, de estar en terrenos de Asia, de vivir en medio de una cultura milenaria, con un idioma antiguo que vive, creo que me facilitó mucho las cosas. Me dediqué los primeros años con todo mi corazón y mis ganas a dominar el idioma jemer, así como el inglés, que es el puente lingüístico en todos los países asiáticos. También estudié mucho la historia, cultura y como estudié mucho arqueología bíblica en Tierra Santa, eso me acercó al mundo arqueológico camboyano.

La comida en principio me resultó difícil, especialmente porque los colombianos somos bastante conservadores en la comida, muy particularmente los que venimos de la montaña, en donde comemos un menú muy limitado al maíz, arroz, frijoles, carne, poco pescado… entonces en Asia es muy diferente, el paladar asiático es más amplio, comen de todo, les gusta más picante todo y eso me causó serios problemas. Ahora, después de 16 años en Camboya, creo que ya no es un lío.

El clima también fue difícil para mí, porque crecí a 1,560 metros sobre el nivel del mar, es decir, clima frío de montaña y Camboya es muy caliente, aunque no esté entre los más calientes de la tierra. La temperatura promedio es de 30º grados centígrados. Me gusta mucho ir a provincias en donde hay montañas como Ratanakiri, porque me recuerdan mucho mi cuna, sobre una montaña, como todos mis ancestros.

¿Lo que más te sorprendió?

Me sigue sorprendiendo la gente. La calma del camboyano. No se dejan afectar por las cosas del mundo. Podemos estar muy de afán, pero el camboyano se toma siempre su tiempo. Sonríe aún en medio de las dificultades. Eso es un choque cultura por ejemplo para nuestra sangre latina, afanada siempre, que habla duro, que dice las cosas de frente. Los camboyanos son una roca.

¿Cómo has conseguido trabajo?

Bien, como misionero, trabajando por la educación de tantos niños y jóvenes, para que aprendan un oficio, es el trabajo el que me ha conseguido a mí.

¿Es fácil hacer nuevos amigos? ¿Algún consejo?

Yo creo que es importante no dejarse deslumbrar. Muchos extranjeros, especialmente occidentales, llegan y se dejan emocionar por la amabilidad del camboyano, su sonrisa y entonces creen que ya rompieron todos los obstáculos. En realidad es necesario profundizar en las relaciones. La sonrisa en sí no significa que exista amistad. La sonrisa camboyana es un saludo y se da a todo el mundo, no es como en occidente que uno le sonríe al que le cae bien. Aquí no es así. Otra cosa es que Camboya sigue siendo un país muy pobre y la gente necesita dinero, oportunidades.

El paternalismo internacional le ha dado mucho a Camboya y le sigue dando, siempre con el remordimiento de que la comunidad internacional tiene mucha culpa de lo que le pasó a Camboya entre 1970 y 1987. Es como querer enmendar los errores del pasado proveyendo al país de cosas y cosas, pero que no cambian la realidad, porque lo que se requiere es un sistema político eficiente y transparente que garantice un desarrollo sostenible. Entonces todo ese paternalismo ¿qué ha causado en la gente? Pues que los camboyanos ven a todo extranjero occidental como una fuente de dinero. Eso lleva a que muchos camboyanos quieran tener “un amigo de nariz larga” para ver qué dinero le sacan. Esto afecta el tipo de amistad, pero también las relaciones de amor: usted ve centenares de pensionados de Europa, Australia y Norteamérica, hombres mayores de 50, con camboyanas muy jóvenes y ellos creen que encontraron el amor de sus vidas y ellas la oportunidad de salir de la pobreza.Entonces yo creo que es importante profundizar las relaciones y no dejarse por la sonrisa amplia que tanto enamora.

Venga mójate: lo mejor y lo peor.

Comienzo por lo peor: la corrupción administrativa que permea toda la sociedad camboyana. Hay quienes hablan muy mal del gobierno, pero es que no se trata sólo del gobierno, se trata de una corrupción metidas en la cultura misma. No es sino ir al mercado para verla. El tráfico automovilístico es un desastre, no hay ningún asomo de disciplina, la gente tira basura en las calles sin ninguna vergüenza, eso es algo malo, porque a veces uno piensa que pierde el tiempo en educar y educar y enseguida parece que las cosas no cambian.

Lo mejor para mí es ver a mis estudiantes triunfar. Llega un jovencito pobre, campesino, sin nada, en búsqueda de algo, estudia y en unos pocos años se convierte en todo un caballero, con todo un proyecto de vida. Mis mejores momentos serán siempre cuando ellos llegan y me dan las gracias. Esa es mi paga.

Un prejuicio que resultó totalmente equivocado.

Creo que pensar que los asiáticos eran más espirituales que nosotros en Occidente. Es una idea, porque es de Asia que salen las principales religiones del mundo, entonces uno cree que todos los asiáticos son Cristos, Budas, Confucio… pero no: se da uno cuenta que son simplemente como todo el resto de la humanidad, que hay de todo, que la sabiduría se encuentra en cualquier rincón de la tierra.


¿Qué es lo que echas más de menos de tu país?

La gente. Quiero mucho a los camboyanos, pero los colombianos son mis hermanos y tenemos nuestras maneras de ver la vida, de divertirnos, nuestras comidas, fiestas, sentido del humor y esperanzas. El camboyano puede ser fatalista y desistir si ve que el problema es muy serio. El colombiano en cambio cree que las cosas se pueden solucionar, incluso en el peor momento de su vida.

¿Cómo es tu vida cotidiana?

Mi vida gira entorno a la escuela, clases de la mañana a la tarde, escribo muchas cartas a todo el mundo, pidiendo ayudas, proyectos, voluntarios. En las tardes trato de dedicarme al deporte. Vivo en Kep, una región al lado del mar que amo mucho. Escribo en las noches. Los fines de semana visito aldeas.

¿Qué haces en tu tiempo libre? ¿Cuáles son las actividades más populares allí?

Siempre la paso visitando aldeas, lugares naturales, templos… sigo enamorado de la cultura, la gente, el idioma. En vacaciones voy a otros países vecinos como Tailandia, Vietnam y otros. También regresar a mi propio país es para mí todo un evento.

Sobre tu blog ¿qué te ha llevado a empezarlo? y ¿qué representa para ti escribirlo?

Como escritor todo. Tengo varios blogs, en español e inglés. El español se llama Camboya.wordpress.com y lo llamo Camboya en Español. Fue el primer sitio en español hecho en Camboya desde 2005 y ha sido para mí un espacio maravilloso, porque me ha permitido conocer mucha gente del mundo hispánico, vivir de primera mano esa idea de que la lengua es la Patria o de que “en España no cae el sol”. También ayudar a muchas personas con sus inquietudes de viajes. Eso para mí ha sido todo un espacio de servicio, lo quiero mucho.

¿Qué consejo le darías a aquellos que quieren instalarse allí?

Primero que todo que sean personas abiertas a la cultura y que aprendan jemer. Nunca es tarde, aún si tienes edad mayor. Porque el idioma es la antesala del país. Vivir en un país sin hablar el idioma es como no saber leer ni escribir en tu propio país. Siempre estarás dependiendo de que otros te traduzcan lo que sucede en tus propias narices. Hay muchas personas aquí que saben todo lo que pasa en sus países de origen, pero no tienen idea de las noticias del día en Camboya y se enteran de eventos cuando estos ya pasaron hace mucho. No tener miedo al idioma, porque aunque sea difícil, aunque sea el alfabeto más largo de la tierra, se puede aprender. Creo que tomar lecciones de jemer es algo que debe verse como divertido, como un acto de amor por la gente de este país.
Conocer bien la cultura, las costumbres y no estar comparando las cosas con las de nuestro propio país. A la tierra que fueres, haz lo que vieres.

No es la primera vez que vives en el extranjero, explícanos un poco tu trayectoria.

Como dije antes estuve 5 años entre Israel y Palestina. Desde allí iba cada verano a estudiar inglés a Irlanda, también estuve una vez en Malta, aprendí italiano en Perugia, he estado en España, Alemania, Holanda y en Egipto. Después aquí cerca de Camboya he estado en Vietnam, Tailandia, Singapur, Hong Kong, Corea del Sur y en los Estados Unidos. Creo que cuando salí de Colombia en 1999 no pensé que iba a ver todos esos lugares bellos, conocer gente de todos los continentes. Nunca pensé que este niño de los Andes iba a ver el mundo.

¿Con qué frecuencia te ves o comunicas con tu familia? ¿Qué medios de comunicación utilizas?

Yo pienso que el Internet es una bendición para la humanidad. Pienso en los viajeros de hace tan sólo 100 años atrás y creo que si hubiese venido a Camboya en 1899, tal vez nunca hubiera podido ver a mis padres. Ahora solo requiero una conexión de Internet y puedo hablar con mis padres, mi familia, mis amigos, colegas. Es lo mejor que nos haya podido pasar a las gentes de este siglo.

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